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Impuesto del templo dentro de la boca de un pez

Ve al mar, tira el anzuelo y atrapa el primer pez que salga, abre su boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y entregala a ellos por ti y por mí.

Evangelio - Mateo [17, 24-27]

Cuando llegaron a Cafarnaum, los recaudadores de impuestos del templo se acercaron a Pedro y le dijeron: "¿Tu maestro no paga el impuesto del templo?" Él respondió: "Sí".

Al entrar en la casa, Jesús se le adelantó diciéndole: "¿Qué piensas, Simón? ¿Los reyes de esta tierra de quienes cobran impuestos y derechos? ¿De sus propios hijos o de otros?" Él respondió: "De extraños".

Y Jesús: "Por eso los hijos están exentos. Pero para que no se escandalicen, ve al mar, tira el anzuelo y el primer pez que venga, tómalo, abre su boca y encontrarás una moneda de plata y entregala. Por mí y por ti".

Exégesis - Mateo [17, 24-27]

Pagar impuestos, sobre todo si se destinaban al Templo, era un deber ineludible y obligatorio, que no podía cumplirse mediante una oferta gratuita, sino con una cantidad fija correspondiente a medio ciclo, es decir, traducida a la moneda griega, a dos dracmas, es decir, un didracma.

Esta cuota debía ser pagada por todos los hombres israelitas mayores de 20 años y la recaudación, ejercida por agentes especiales llamados "recaudadores de impuestos", comenzaba el día quince del mes de Adar en el calendario judío (febrero-marzo).

"¿Tu Maestro no paga los impuestos del templo?" Los recolectores, temerosos de dirigir esta pregunta directamente a Jesús, la dirigen a Pedro sabiendo que él es la cabeza de los discípulos. Esta pregunta para ellos es ciertamente una duda, pero también una curiosidad: escucharon que Jesús expulsó a los comerciantes del Templo desde el comienzo de su predicación y que siempre estuvo en desacuerdo con la gestión actual del Templo, basada en el comercio y en la política, organización de la casta sacerdotal.

Nada más entrar Pedro en la casa donde se encuentra Jesús en ese momento, éste se acerca a él mostrándole que sabe del enfrentamiento que acaba de tener con los recaudadores de impuestos y le dice: "Los reyes de esta tierra de quién cobran impuestos y tributos? De sus propios hijos o de otros". El tributo era el impuesto indirecto que se recaudaba sobre las mercancías, mientras que la tasa era el impuesto directo que se aplicaba a las personas, los campos, etc.

"De los extraños", responde rápidamente Pedro, es decir, de los que no pertenecen a la familia del rey; por tanto, como reitera Jesús, los hijos están exentos: Él, Hijo del Padre, no debería haber tenido que pagar tributo alguno al Templo que es la Casa del Padre.

Pedro había respondido bien, porque sabía y creía que Jesús era el Hijo de Dios, pero los cobradores y los que los habían enviado a comprobar no lo creen; por tanto, para no escandalizarlos, Jesús resuelve pagar lo adeudado al Padre en todo caso, por el culto profesado en el Templo; lo hace, sin embargo, de una manera inesperada: le dice a Pedro que vaya al mar, lance el anzuelo, atrape el primer pez que muerda, le abra la boca y extraiga de allí la moneda de plata suficiente para saldar la deuda; no se especifica la especie de pescado capturado, pero se supone que fue la Tilapia, posteriormente llamada, en referencia a este episodio, "Pez de San Pedro".

Lo cierto, sin embargo, es la presencia de la moneda en el primer pez que muerde el anzuelo: es la prueba de que Jesús manda y ordena todo, demostrando que nada le es imposible, ni siquiera para satisfacer nuestras necesidades ... si ¡Ten fe y confía en él! Jesús no trabaja y no tiene recursos económicos personales, pero a través de este gesto ofrece una enseñanza importante al hombre: tú que necesitas dinero para administrar tu vida, tú que en la economía buscas seguridad y consistencia para tu futuro, recuerda que el dinero no puede convertirse en tu principal preocupación, de lo contrario el dinero te sacara de sentido, te hará abandonar la verdad, te quitará la dignidad; si haces todo de acuerdo con el dios-dinero, esto te alejará de Jesús y te llevará a la muerte espiritual.

Busca ante todo el Reino de Dios, trata de ser honesto, pon en práctica sus enseñanzas y no te preocupes por el dinero: Dios, en su bondad, nunca dejará que te falte lo útil y lo que necesitas, porque el dinero necesario puede encontrarse "en la boca de un pez".

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