El Amor

Amor verdadero

Amor

Escucha

Amor, ¿dónde estás? Todos los buscan pero para encontrarte deben escuchar tu llamada. Todo hombre te quiere, pero, ¿cuántos te descubren?

So sólo pudiese encontrarte...es el grito del corazón. Antes, sin embargo, debemos entender tu lenguaje tan misterioso e inefable.

Escuchemos tus palabras secretas y comprenderemos su sentido escondido.

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El lenguaje del amor

Este es el tiempo que no acepta reglas y esta mentalidad se traduce en la cultura de lo efímero. Está en el aire que respirqamos cada día, de lo que no queda nada y se disulve en el no valor sin dejar rastro del sentido de la vida.No podemos salir de esta realidad que envuelve nuestra vida, pero podemos superar lo efímero si traemos lo eterno a nuestro presente para valorar el tiempo como transparencia de lo eterno.

El futuro está ante nosostros y sobresale como un enigma. Seducidos por la cultura superficial y vacía que nos cautiva, podemos errar y arrastrarnos de una experiencia a otra. Es necesario detener nuestra atención sobre el mundo de los valores, que pueden ser tergiversados, distorsionados y manipulados: este el el aspecto trágico que caracteriza a la historia y a la vida del hombre.

¿Dónde encontrar el lugar de los valores dónde se revelan en su verdad esencial? Jesucristo es el valor supremo, es el primado del amor. esta elección de Cristo nos la reveló él mismo: "Yo he venido al mundo para encender el fuego del amor". Este es el horizonte del devenir. Recuperemos el lenguaje y las palabras del amor para testimoniar en la vida el significado que dasentido, salvación y verdadero progreso, en el difícil itinerario del crecimiento humano para el hombre.

La última interrogante sobre el sentido de nuestra vida, ¿nos pregunta, quizás, sobre el amor?.La realidad del amor es tan radical que derriba cualqquier barrera, límite o imposición de la racionalidad. ¿Quién puede comprender la racionalidad, profunda e insondable, como un abismo?. Cuando creemos haber alcanzado la profundidad, nos acordamos de que el amor mantiene aun silenciado su secreto.

Lo que importa es desvelar y recuperar el sentido y la verdad del amor, sin embargo hoy experimentamos el frío de la noche en un mundo sin corazón. Tenemos necesidad de un lenguaje que no pueda ser confuso ni desmentido; es necesario dirigir toda la atención a las palabras del Evangelio porque es absolutamente seguro de que aquí arde el amor verdadero.

Quien se fia del Evangelio ha encontrado el mandamiento nuevo y fundamental: "Debemos amar", es un imperativo radical que abre el horizonte del sentido de la vida. El amor aquí no es una proposición sino una exigencia que se cumple, no es un sentimiento cultivado y potenciado, sino un imperativo.

Con frecuencia nos preguntamos por la pérdida del sentido de nuestra vida. Es un dilema desconocido que nos supera infundiéndonos temor y luego este mandamiento:"debemos amar". No hay alternativa, porque el amor debe ser nuestra realidad, como el sol que calienta e ilumina, nos hace arder y se convierte en nuestra inestimable riqueza.

Dios es ascua de amor; la oración nos acerca a Él y acercándonos nos calienta. El fuego ardiente comunica su forma y el alma se elva bajo la acción de este fuego, porque la libera de todo lo que la encadenaba a la tierra.

Cada sustancia penetrada por la llama del fuego, o por el calor, libera un movimiento que la hace salir de sí misma, comunicándola comunicándola a lo que la rodea. El movimiento del alma que reza tiene algo de particular, que lo extiende por sí misma y el alma desea correr hacia Dios.

Nos preguntamos: "¿Dónde está Dios". El está en el fondo de nuestro ser. Y desde allí nos hace ser. Dios está en el principio de toda tu actividad, y en nuestra voluntad de seguir desempeñandola, somos incapaces cuando Él no está en nosotros. Reflexionemos para comprenderesto; pero la reflexión, que es el acto humano por excelencia, ha dado paso a la actividad exterior.

El alma que reza se pone ante este Ser y entra en comunión con Él. "Comunicar" es tener algo en común y unirse por medio de este algo que es común a los dos. Ambos se tocan, se hablan, se infunden el uno al otro. Sin este algo se permanece a distancia: no hay comunicación.

Dios es amor. Se entra en comunión con Él en la medida en la que se ama. El alma que ama y que el amor ha introducido en la morada en la que reside el Amor mismo, puede hablarle; la oración es este coloquio. Dios no resiste al amor que pregunta: "Él hace la voluntad de los que hacen su voluntad"-dice el salmista. Se deben al amor estas comunicaciones divinas que tienen alegres a sus felices beneficiarios con tan estupefacientes exclamaciones: "Señor, te suplico, detén el flujo de tu amor...no puedo más". El alma sumergida y absorta caía bajo el peso de las grandes aguas y demandaba poder respirar un instante para cogerlo mejor enseguida.

No podemos concebir el amor sin renunciar a lo efímero. ¿Cómo podemos amar a Dios si no renunciamos al pecado que lo ofende y no actuamos contra las tendencias que llevan al mal?. ¿Cómo podemos amarlo intensamente sin separarnos de los placeres que obstaculizan el vuelo?. Si la ley de la renuncia nos parece terrible, se asusta de nuestra debilidad, esperemos en la bondad y en el amor misericordioso del Señor: recibiremos la gracia y la fortaleza de amar.

Nuestro amor se convertirá en la flecha que vuel irresistiblemente hacia Dios. La flecha, se podría decir, no hablaría del arco donde se apoya en un instante ni de la materia con que está hecha: hablaría sólo de la meta hacia la que se dirige. Así nuestra alma se olvidará de sí misma, sin pensar en si amará. No será aolamente un alma que canta la gloria de Dios, sino que será un inefable canto de amor.

El amor de Dios, construido por la pura inteligencia, embriaga la mente que, separada de las cosas exteriores, sube con sus propias fuerzas, une y conecta estrechamente a Dios. Cuanto más ardiente es el amor y clara la inteligencia, más fuerte secuestra la mente hasta que, olvidando plenamente todo lo que es inferior a Dios, no se fija libremente sólo en el rayo de la luz divina de contemplación, aunque sea brevemente, como una chispa celestial brillante.

Una invitación especial

Si usted quiere lograr esta alegría y adquirir las virtudes, escuchar la invitación de Jesús: "Todo lo que pidáis en la oración, recibiréis" (Mt 18:20). De hecho, sin oración, ningún camino espiritual es posible, ni se puede seguir las huellas de Jesús, nuestro Salvador.

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