Meditaciones

Fede

Tibieza

Quien es frío puede ser que con el tiempo reconozca su pecado y se arrepienta, pero el que no es ni frío ni caliente, quien duerme espiritualmente, no puede ser soportado por Cristo que lo vomita de su boca.

TIBIEZA O APATÍA

Si crees que quieres al Señor sólo porque no cometes pecados graves o porque haces alguna acción buena o porque los otros en relación contigo son peores y te consuelas pensando: "No soy malo como los otros, deshonesto, avaro, escandaloso, a veces ayuno, me acerco esporádicamente a los Sacramentos...", ¡estás en un error!

Podrías hacer más y, aún así, ¿estarías seguro que tus intenciones son las correctas? Afirmas no estar en pecado mortal, pero los veniales, ¿cuantos son?

En todos estos años ¿has avanzado en la virtud, has recorrido el camino de Jerusalén? Al Evangelio, que te tendría que haber encendido de amor, sólo respondes con indiferencia, ingratitud y no piensas concretamente en tu alma.

Tu tibieza puede llegar a ser un tremendo mal, te puede segar la vista espiritual y llevarte a consideraciones equivocadas que te induzcan a considerarte "correcto" con tu conciencia y con Dios. En la realidad la tibieza da asco al Señor. "Conozco tus obras, tú no eres ni frío ni caliente. Puesto que eres tibio, no eres pues ni frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca".
(Ap 3, 15-16).

Si has notado en ti tibieza en el caminar hacia Jesús, si el fervor de un tiempo se ha desvanecido y ahora te sientes descontento o incómodo y tienes remordimientos, ha llegado el momento de poner el remedio sin ningún titubeo.

El único remedio es la oración, el arrepentimiento de los pecados, la súplica apenada para obtener de Jesús piedad. Este es un camino seguro para abrir la puerta de tu alma a Dios. Recuerda que la oración es un medio eficaz para la conversión y salvación.

Es necesario que te despabiles, ¿cómo terminarás? ¿Quieres que la muerte te sorprenda después de una vida en la tibieza? El árbol que no produce frutos es inútil y tú tendrás que rendir cuenta de tus hechos delante al tribunal de Dios, del bien que estaba en tus posibilidades hacer y no hiciste, y del mal que volcaste sobre tus hermanos.

Después de estas consideraciones y vista tu apatía ¿por qué no recurres a la infinita Misericordia de Dios para obtener ayuda e iluminación? Sin esta ayuda estarás sumergido en tentaciones y, ¿qué será de ti?

En la parábola evangélica donde el siervo que había recibido sólo un talento hizo un hoyo en el terreno y escondió el dinero encargado sin hacerlo fructífero, al regreso del Patrón, este siervo perezoso fué arrojado afuera a las tinieblas entre llantos y chirridos de dientes. Mira que no te pase lo mismo.

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