Mamá Celestial

María de Nazareth

Reine du Ciel

Mira mi alma, mi corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos me infringen en forma continua a través de blasfemias e ingratitudes.

Consuélame aunque sea Tu!

Eres toda bella Virgen María!
Ninguna mancha opaca tu esplendor.

Bendita seas, María.
Acompáñanos en nuestro camino
Al reino de los cielos.

Dulce y suave

Mamá es una palabra dulce y suave, música armoniosa del corazón, sentimiento que abraza la esencia de cada criatura humana. Nadie permanece insensible a su dulce sonido, ya que se identifica con la palabra amor.

Su dulce nombre evoca los momentos más bonitos de nuestra infancia, cuando ella nos mecía entre sus brazos y, con sus tiernas miradas y caricias, nos colmaba de cariño. Ella nos ha regalado intensos momentos de felicidad.

En cada instante, la mamá es nuestra certeza, cercana en los momentos felices, pendiente de nuestras alegrías. En las dificultades no cesa de animarnos. Sus caricias penetran como bálsamo en el corazón para infundirnos ardor y coraje. En ningún momento nos traiciona, nos entrega su vida. Por esto, nunca nadie podrá sustituirla. Ella permanece siempre en nuestro corazón.

Allá arriba, en el Cielo y en la Gloria celeste, tenemos otra Mamá, que no desea reemplazar a la mamá terrena pero que nos ama como a verdaderos hijos suyos. Es María, la mamá de Jesús que, aliada al hijo, desea la redención de toda criatura humana. Así, como la madre terrena, está siempre lista para ayudarnos en las dificultades de la vida. Ella desea tomarnos la mano para drnos a conocer el ardiente amor de Dios. De María Santísima podemos fiarnos.

Ha ofrecido a su Niño por todos nosotros, ¿quièn podría entregarse más? En la entrega de su amor ha competido con el amor del Hijo. Nunca, ninguna criatura humana podrá alcanzar sus perfecciones, fruto de su inmenso amor. Amor que ha trascendido más allá de su naturaleza humana, al darnos su protección en la Tierra, superior a la esfera de los ángeles.

Como toda mamá da su vida por ver a sus hijos felices, la Mamá del cielo también desea, con todo su amor, conducirnos por el camino del bien. Ella sólo espera que nosotros le confiemos todo. ¿Quién más que Ella, puede interceder cerca de su Hijo? Esta querida Mamá anhela ser tu aliada y estar a tu lado en cada instante para consolarte y guiarte.

Su voz te susurra... "Estoy contenta cuando en la oración haces subir al Cielo tu afecto por mí. Te animo a abandonar todo lo que te vincula y te une al ser humano. Sólo las cosas del cielo hacen feliz a toda criatura ¿Por qué dudas todavía?

Ten coraje, y quita esa barrera de tu corazón para refugiarte en mí. Dirige los ojos al Cielo y yo te conduciré por el camino del amor, en la batalla de tu diario caminar.

No tengas miedo de combatir, las banderas del cielo ondean delante de tus pasos. Procede con el ardor de un valiente, que tendrás asegurada la ayuda necesaria para ganar. Cuando estés en mis brazos, sentirás mi ardiente amor".

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