Sierva de Dios

Sierva

Alphonse-Antoine Baudin

Nació en Louvigny en 1868. A los veinte años ingresó en la Cartuja de Bosserville junto a Nancy, tomando el nombre de Luís maría. En 1901 se vio obligado a dejar Francia y pasó algunos meses en Suiza. En el mismo año fue enviado a la Cartuja de Montealegre cerca de Barcelona donde permanece hasta 1919.
Luego fue nombrado superior de la Cartuja Cervara en Santa Margherita Ligure, que dejó en 1923 para asumir el priorato de la Cartuja de San Marcos en Vedana (Belluno). Finalmente regresó a la Cartuja de Cervara en 1924, donde permaneció hasta su muerte en 1926.

Esclavitud de amor

María es hermosa con una belleza que es más celestial que terrenal. Ella es santa con una santidad que la colma de gracia. María es buena con una bondad que un día le hará sacrificar, por amor, a su hijito. maría es pura con una pureza que vence al candor de la nieve. María es fuerte, con una fuerza que acepta todo martirio.

María es madre de Dios

La devoción a la Santa Madrede Dios es tan antigua como la Iglesia y tan antigua como la humanidad, porque desde los orígenes del mundo los hombres han dirigido su mirada hacia la Virgen prometida que debía engendrar al Salvador. Tal culto,ha tomado distintas formas a lo largo de los siglos, más o menos gloriosas para María y más o menos santificantes para las almas.

Pero el punto más álgido de estas formas, la luz total, debía hacerse por obra del Espíritu Santo. Ella se ha hecho, poco a poco, y ha sido reservada a un apóstol del siglo XVll para revelar plenamente los deseos del cielo: San Luís maría Grignion de Monfort. Él escribió un día: "Alma predestinada: he aquí el secreto que el Altísimo me ha enseñado y que no he podido encontrar en ningún libro, ni antiguo ni nuevo: yo te la confío en el Espíritu Santo".

El secreto de María

Este secreto consiste en hacerse esclavo de amor de Jesús en María, en fiarse completamente, con todo lo que se es y se tiene, de María, Virgen Santísima, Reina de los corazones para pertenecer mejor a nuestro Señor, Rey soberano.

¿Qué hacer para responder a esta llamada?. Esforcémonos en vivir con una habitual dependencia de nuestra Reina, ofreciéndole todos nuestros actos interiores y exteriores. Esta realeza de María, que Monfort saca a la luz y que quiere ver honrada y servida por los esclavos de amor, es el medio por excelencia para glorificar la realeza de Cristo. En el momento que, por fuerza de nuestra santa esclavitud, cada cosa en nosotros se convierte en verdadera propiedad de María; todo lo que Ella presentará luego a Jesús, aunque proveniente de nosotros, pertenece totalmente a María: y así Jesús, directamente glorificado por Ella, obtiene su gloria completa.

Siempre sí

Entre todas las mujeres sólo Ella merece, con toda justicia, el título de "sierva del Señor". Es su verdadero nombre, pues María en su vida mortal lo ha vivido en toda su plenitud. La verdadera sierva es la que sirve en todo, siempre, y cuya obra esencial consiste en servir. Así ha sido maría a los ojos del Altísimo. Como su Hijo, Ella ha venido al mundo para servir a Dios: "He aquí que yo vengo a hacer tu voluntad". Y esta primera inclinación de su Corazón no ha hecho mas que dilatarse en toda su vida terrenal, sin estrecharse jamás.

María ha vivido para la obediencia a Dios, cono su Divino Hijo: "Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me ha enviado". Ella ha estado atenta a toda palabra de Dios, a todo posible requerimiento. maría siempre dijo "sí" a las invitaciones del Altísimo, en cualquier forma que se presentaran. Y todo lo que Ella ha hecho hasta el día en que contempló al Verbo nacido de Ella, se podría decir, la obediencia encarnada, María lo prolonga para seguir su ejemplo hasta Su Asunción.

Un alma de niña

María ama a las almas sencillas porque ellas reflejan, a sus ojos penetrantes y transparentes, la infinita sencillez de Dios y la indecible bondad de Jesús, el cual, queriendo hacer a las lamas semejantes a sí, las preserva y libera de todo lo que pudiera apesadumbrarlas u ofuscarlas y Ella, ¿quizás no escruta en ellas la virtud en la que se podría resumir su misma santidad'. María no tiene comparación en su sencillez, en sus pensamientos, en sus sentimientos y en sus acciones. para Ella Jesús lo era todo. Verlo, amarlo, servirlo y seguirlo era toda su vida, sin ningún regreso hacia sí misma. Cualesquiera podrían ser las prubas, interiores y exteriores, que la Sabiduría encarnada le ofreciera, Ella decía que sí, siempre que sí y se abandonaba completamente a la voluntad divina.

El alma de María era, en la plenitud del sentido evangélico de esta expresión, un alma de niña: por eso Ella es la Reina de los Santos: "Quién no acoge el reino de Dios como un niño, no entrará en él". Y el príncipe de los apóstoles nos exhorta a imitar esta sencillez tan perfecta de nuestra Madre divina "Como niños recien nacidos".

Los niños sienten la necesidad de relacionarse con la propia madre y de seguir sus pasos. Recorramos este sencillo camino y encontraremos al lado de María la santidad y la abundancia de los favores celestiales: "Yo camino por las sendas de la justicia...para colmar de bienes a cuantos me aman y llenar sus cofres". Nosotros somos muy pobres. Cuantos recursos tenemos gracias a esta sencillez: merecer ser enriquecidos por María. Mereceremos los dones íntimos de la Virgen, simplificándonos cada vez más, sobre todo en nuestras relaciones con Ella, viviendo verdaderamente con María como niños, completamente abandonados a su guía.

Abierta al Infinito

El primer movimiento del Corazón de María se dirige hacia Dios, porque aspira al Infinito, su centro y su fin. El Corazón de la Virgen no ha conocido excitaciones, luchas ni retornos: desde el primer instante de su existencia Ella supo que Dios lo era todo y lo eligió como su único bien. "Ha puesto las raíces...en la porción del Señor". Su Corazón ha tenido sed de este Bien por enciima de cualquier otro y ha aspirado a poseerlo con toda la fuerza de sus deseos; ha querido, desde aquí abajo, la más íntima unión con Él: "Me besa con los besos de su boca". El beso divino que ha respondido a tal invitación es la encarnación.

Abriéndose al Infinito, que era el unico que la podía colmar, Ella lo atrae incluso como salvación del mundo, como fin último de la humanidad. Su Corazón era todo de llamas para los intereses de los que engendraría espiritualmente en el Calvario: era un fuego donde los pobres hijos de Adán se encontraban extraviados, a la espera del calor del Corazón encendido de Jesús.

Al final llega la bendita hora en la que el Verbo Eterno, obedeciendo la palabra de la que debía ejercer sobre Él la autoridad de Madre, descendió a su vientre para que gustéis los deliciosos frutos de su caridad y descansar en medio de los lírios, antes de correr y seguir a sus criaturas turbadas. "Venid a mi amado-suspiraba la Virgen humilde- en su jardín y comed los exquisitos frutos"; y el Amado respondía por medio de su Arcángel: "Ábreme, hermana mía, amiga má, paloma mía, perfección mía". Pero María no se ha encerrado en sí misma. Como Jesús, Ella es un don de Dios a la tierra: su acción es universal.
Meditations cartusiennes, Retraite

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