Maria es dolorosa en el templo
Ella sabe que su tierno hijo, todo bondad y belleza, es una pobre víctima. Con manos temblorosas lo presenta al Padre, pero su corazón no vacila. También, es una misión suya, la más terrible encargada a una madre. Las madres no saben el porvenir de los hijos, pero Ella lo sabe claramente y, si no lo sabía, el profeta de Dios le desgarra el porvenir: "Una espada te traspasará el corazón". La palabra de Simeón es la Palabra de Dios. Y la Madre va, más unida que nunca a su tesoro, llevando consigo la condena, y los hombres no se han dado cuenta de lo que pasa con la Madre de Jesús crucificado, con la Virgen Dolorosa. También hoy, los hombres pasan junto a Ella y no saben ni quieren saber.
Maria es dolorosa sobre el Calvario
Parece un sueño... un triste sueño. ¡Es tu propio hijo, oh Mujer! quien muere con la muerte de los esclavos, abandonado de Dios y de los hombres, abrevado de hiel, ahogado de odio. él la reconoce a duras penas, Ella lo fija en sus ojos, que se le quedan en blanco porque no tienen más lágrimas.
Su voz le dice: "¡Oh Mujer!, son tus hijos los que me matan. ¡Yo quiero para ellos todo el bien, quisiera abrazarlos a todos. Hazlo por mí, amada Madre!".
Y la Mamá perdona, y la Mamá ama. Su Hijo baja muerto de la cruz y lo recuestan en su seno. Sus hijos adoptivos la miran, pero no saben confortar a la Madre dolorosa.
Súplica
Oh madre mía, te he crucificado con Jesús y he traspasado con una lanza cruel su corazón y el tuyo, y todavía no sé reconocer Vuestro amor. María, traspásame el corazón con el arrepentimiento más desgarrador, hazme morir, que yo no atente más contra la vida de tu dulce Hijo.
Ven conmigo, ¡Oh Dolorosa!, quiero tener para ti la ternura de Juan, el discípulo que Jesús amaba.
Donación del corazón a María
¡Oh Madre mía dulcísima!, vuelve sobre mi, tu hijo, una mirada de misericordia. ¡Cuán buena eres y de cuántas ternuras has colmado a estas almas pecadoras! Ahora conozco el precio infinito del alma mía, conozco tu dolor, ¡oh Madre!, conozco la pasión y la muerte de Tu Hijo Jesús. Pero soy tan pobre con este mísero corazón. ¿Qué te puedo dar en señal de mi agradecimiento? Te lo ofrezco todo bajo la mirada de Dios, en presencia de los ángeles y de los Santos. Acéptalo ¡oh María! y enciende mi corazón en tu mismo amor, olvida las ignorancias y negligencias de mis culpas. Estoy arrepentido y siento vivo en mi alma el afecto por Ti y por Jesús.
Presenta a tu Santo Hijo mi corazón, que quiere vivir de ahora en adelante una vida de amor y de reparación. Ayúdame, ¡oh María! y sálvame. Soy tu hijo en la vida y en la muerte y quiero serlo por toda la eternidad. Así sea.
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