El perdón

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Es la actitud de Jesús respecto del pecador y en la que se puede dar un juicio y, según este espíritu que nos anima, y, entonces, ver, notar una acción más en profundidad en el futuro, es decir, agrietar al mismo tiempo al que se examina.

En tono de desprecio, Heine afirmó: "La obligación de Dios es perdonar". No olvidemos que él era ateo y para él obligación equivale a una profesión: la profesión de Jesús... es perdonar.

Para la Iglesia que posee el Espíritu de Jesús, tiene otro significado: el mismo dado por Jesús para definir su posición.

A saber: crear una criatura nueva. Esto se pone de reliebe, por ejemplo, en el encuentro personal con Pedro tras la resurrección.

Había llegado el momento de reparar ese espinoso asunto de la negación. Ya habían tenido un encuentro en el patio del sumo sacerdote tras el arresto; pero entonces Jesús no había podido detenerse. Sólo una mirada, y hubiera bastado para abrir un fenómeno que se detendrá al final de la vida del apóstol: el llanto.

Tras la resurrección Jesús quiere aclarar el tema, y he aquí el silencio del apóstol. Pedro debía ser "roca", el fundamento de la nueva comunidad creada por Jesús, y sin embargo colapsado penosamente frente a una mujer, niega al Maestro.

¿Porqué Jesús se presenta al apóstlo? ¿Tal vez para retirarle la promesa?. Nada de eso.

No he venido para juzgarte. Ya no me acuerdo de tu cobardía. Soy Yo El que vuelve a tí el primero, después de lo que has hecho. Y vuelvo a tí sólo para preguntarte si me amas aun, si tu gran remordimiento, no ha destruido en tí la amistad que nos unía. Si el sentimiento de culpabilidad que experimentas no habrá secado la fuente del amor.

No digo ni siquiera que te perdono, como a los que me clavaron en la cruz, los que no me amaban o no habían entendido que les amaba. Pero a tí que me amabas, que compartías mi existencia diaria, te pregunto sólo si me amas aun, si estas dramáticas jornadas de mi pasión no han matado tu amor por mí. Te pregunto exclusivamente esto: porque esto es lo sesncial. Es lo único necesario para tu felicidad y tu gloria.

En todo esto, vemos a Jesús a Jesús mucho más allá de un simple perdón y del mero reproche.

El perdón destruye si el amonestación no lo hace presente. El primero aleja del pecado y la segunda lo reclama. Con el reproche se acuse una culpa que pertenece al pasado. Con el perdón, Jesús no nos acusa, o sea, se pone frente al futuro; nuestras posibilidades y no nuestras carencias.

El reproche acaba por apartar al individuo del propio pecado. Con el perdón, Jesús nos hace salir del pecado, la amonestación continua es estéril. El perdón que es ofrecido por amor es siempre creativo.

Con el reproche se demuestra conocer a una persona y sus culpas. Jesús, sin embargo, con el perdón no nos conoce, no quiere conocer cómo somos, sino como debemos ser. distintos. La amonestación nos fuerza a mirar hacia adelante. Para Él, el pasado está cerrado. Allí se acaba definitivamente. No es que lo tenga escondido, tal vez para reconvenirlo en el momento justo. Jesús nos invita al futuro. Tal propuesta explica el motivo de los propósitos, el salto hacia adelante para aferrar un bien mejor que el presente.

En aquel instante Jesús nos dice: "ahí va...te confío en el futuro". El perdón, más que saldar una cuenta con el pasado, abre una puerta para el futuro.
La caída produce desaliento, especialmente cuando se repite.
Para Jesús, el hombre, a pesar de las mil caídas, tiene siempre la capacidad de levantarse y de volver a empezar.
El hombre se asemeja a Dios creador en crear cosas siempre nuevas.

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