Fuente de esperanza

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Hoy se hace un gran esfuerzo por encontrar razones para la esperanza. Los que ponen la confianza en Dios, tienen la responsabilidad de "dar respuesta a quién les pida razón de su esperanza" (1Pe 3,15). Está en ellos recoger la relación entre esperanza y fe, en lo específico, y poderla vivir.

Si la esperanza mira al futuro, ella tiene, para la Biblia, las raices en el hoy de Dios, puesto que la fuente de la esperanza está en Dios, que es amor. Un amor que, incansablemente, nos busca y nos ama.

Dios, a través de la Sagrada Escritura, se da a conocer a los hombres y los llama a establecer una relación con Él a través de una alianza. La Biblia establece las caracteristicas de esta alianza: "El Señor, el Señor de piedad y misericordia, lento a la ira es rico en gracia y verdad". Prosigue: "Todos sus sentimientos son misericordia y fidelidad" (Sal 25,10). Entonces: "Tu misericordia y tu verdad de continuo me custodian" (Sal 40,12) y termina: "Misericordia y verdad se abrazan, justicia y paz se besan" (Sal 85,11). Estas palabras evidencian que Dios es infinitamente bueno, clemente, premuroso, diligente... y jamás llama a los que llama a sí.

La esperanza, según los Textos Sagrados, deben apoyarse en un Dios bueno, inmutable y premuroso para quién crea en Él. A través de la fe es posible esperar un mundo que evoluciona, según la voluntad de Dios, según el amor.

Con frecuencia en la Biblia, la esperanza está relacionada con la promesa. Esta promesa tiene inicio con la historia de Abraham: "Te bendeciré, dijo Dios a Abraham. Y en tí serán bendecidas todas las familias de la tierra" (Gén 12,2-3). La promesa radica también a través de Dios que me habla, y me invita a hacer elecciones concretas en mi vida. Dice San Pablo: "Todas las promesas de Dios, son ya realidad" (2 Cor 1,20). No es una palabra para una Palestina de hace 2.000 años, sino que es válida para hoy, puesto que Jesús ha resucitado: "Estoy con vosotros todos los dias hasta el final de los tiempos" (Mt 28,20). San Pablo es aun más claro en este texto: "La esperanza, pues, no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido vertido en nuestros corazones por medio del Espíritu santo que nos ha sido dado" (Rm 5,5). Lejos de ser un simple deseo por venir, la esperanza cristiana es la presencia del amor divino en persona.

La esperanza cristiana no está pryectada en una vida hecha de sueños, o en el deseo de un mundo mejor para las esperanzas humanas, pero el ver en este mundo las semillas de Dios a través de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Es una esperanza fuente de energia y vigor que empuja a vivir sus valores de amor, no como competición o posesión en nuestras sociedades.

La Biblia no pide asistir positivamente a la realización de la promesa divina. Dice Dios a Abraham: "Sal de tu país y de la casa de tus padres hacia la tierra que yo te indicaré" (Gén 12,1. Abraham es llamado a hacer de su vida una peregrinación, a vivir un nuevo inicio para entrar en la promesa de Dios.

San Pablo evoca los sufrimientos de la creación que está a la espera y los compara a los dolores del parto. Y prosigue: "También nosotros que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente" (Rm 8,18-23). La fe no hace al creyente un privilegiado situado fuera del mundo, sino que gemimos con el mundo, condividiendo su dolor. Vivimos esta situación con esperanza, sabiendo que en Cristo: "las tinieblas están apagándose y la verdadera luz ya resplandece" (1Jn 2,8).

Esperar es descubrir en la profundidad del hoy, una vida que va más allá. Aquí y ahora están las semillas de un mundo mejor, que en el momento oportuno crecerán y darán fruto. En el futuro serán superados las divisiones para vivir entre hermanos y hermanas, sin egoismos ni acosos, en una única y gran familia en Dios.Esta es la gran esperanza que puede encender el fuego sobre la tierra.

Es necesario seguir las enseñanzas de nuestro Señor, para vivir en el amor y confiar en Él. "Madito el hombre que confia en el hombre" (Jer. 17,5).

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