La Esperanza

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El hombre debe esperar porque la esperanza es el motor de su actuar. Si falta la esperanza, el horizonte humano se cierra al presente, donde no faltan, tribulaciones y dificultades. La esperanza humana puede también apoyarse en cosas buenas y otras un poco menos buenas, pero casi todos esperan en un futuro coronado por el éxito en el trabajo, en la familia y en los hijos? A pesar de ello, realizados todos o parte de los sueños, no se siente uno apagado, así es como comienza de nuevo la carrera de los deseos y de las esperanzas en un anhelo sin fin. Propio en esta persecución de las esperanzas terrenas, solo parcialmente realizadas, se respira el engaño por la falta de satisfacción.

En el sufrimiento debido a una enfermedad, en el hambre, en la guerra, en las injusticias de varios tipos, la esperanza humana se disuelve, derrotada por la impotencia y por la desesperanza. Hasta en el destino destruido por el dolor donde la mente se rinde vencida por el no sentir y por la frustración, se disuelve la esperanza y el alma se hunde en un abismo de desilusión.

El hombre pero como ser humano aspira a ideales y proyectos que tienen un aire de eternidad y del infinito, un anhelo y un fervor que permitan alcanzar aquella plenitud humana donde la justicia, la igualdad y la hermandad sean la base del vivir. De alcanzar, en síntesis, la plenitud del amor, no solo una quimera sino una realidad palpitante, donde al animo se abra a las metas mas sublimes y horizontes celestiales que son el único arribo que desea vivir plenamente.

Hoy, tal vez, hemos perdido de vista lo esencial. Hemos trascurado la dimensión profunda del sentido de pertenencia y encontramos en nuestras manos un destino que no nos pertenece. Es necesario descubrir, entonces, la dimensión de aquella verdad que sobre pasa aquella material, es decir, aquella que es posible observar no con el ojo humano, ni analizar con los medios mas complejos de observación, sino que puede surgir simplemente con el corazón. Y aun así, es simple, la verdad nace en lo mas intimo del corazón cuando Dios esta presente. Esta es una realidad que no puede desilusionar porque pertenece a otra dimensión. Como los dos ciegos de Jericó también nosotros podemos gritar: "Señor haz que nuestros ojos se abran".

La esperanza puede nacer espontáneamente del corazón solo cuando no haya desesperación. Si, si sabremos abrir el corazón al amor de Dios, es decir, nos dejaremos amar por El, la planta de la esperanza podrá crecer orgullosa y vigorosa. En consecuencia, cambiara totalmente el sistema del vivir, no mas como modo de sobrevivencia casi vegetal, sino relacionado al gozo e impulsado por la esperanza del futuro. Así estamos siempre listos a acoger en cada momento aquello que todavia no es y a dispensarnos de las vicisitudes de la vida. Serán libres de surgir energías dadas hace un tiempo que nos harán encontrar el coraje de soñar.

Tu no puedes imaginar cuales y cuantas fuerzas secretas, en apariencia sofocadas o destruidas, puedes reavivar en la insaciable necesidad de esperar en la bondad de Dios, que todo puede y quiere conceder. "Bendito el hombre que confía en el Señor y que el Señor es su esperanza. El sera como el árbol plantado junto al agua, hacia el arroyo dirige sus raíces: no se da cuenta cuando llega el calor y permanece siempre verde en su follaje; hasta en el año de la sequedad no se preocupa por producir su fruto". (Jr 17, 7-8).

La esperanza sea entonces el primer grito de nuestra alma, un anhelo que no deberá nunca apagarse por toda la duración de nuestra vida, cuales fueran las vicisitudes y las pruebas. "Aquellos que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, abren sus alas como águilas, corren sin fatigarse, caminan sin cansarse". (Is 40, 31).

Esperar en la ayuda de Dios es superar los propios limites para descubrir la providencia divina y el amor de Dios. Solo así podremos abandonarnos a El sin miedo de nuestras miserias y descubrir que Dios nos ama hasta en nuestra indigencia. Después si llega la noche, podremos recuperar el coraje de gritar: Señor ten piedad de mi".

"Cuando atravesaras las aguas, yo estaré contigo y los ríos no te sumergirán. Cuando caminaras en medio al fuego, no quemaras, la llama no te consumira. Porque yo soy el Señor, tu Dios: eres precioso a mis ojos, tienes valor y yo te amo". (Is 43, 2-4).

Cuando la esperanza finalmente se apoyara en el amor de Dios, podremos gustar el encanto de la creación y vivir confiados en la grandeza de Su Amor. Su Bondad iluminara nuestros horizontes y nos dará respuestas en lo profundo de nuestra alma.

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