Haced esto en memoria mia

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«Haced esto en memoria mia» (Lc 22, 19)
«A la hora determinada se puso a la mesa con sus discipulos. Y les dijo: "He deseado vivamente comer esta pascua con vosotros antes de que yo padezca. Porque os digo que ya no comeré hasta que se cumpla en el reino de Dios". Y tomando una copa dio gracias y dijo: "Tomad y distribuid esto entre vosotros, pues os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios".
Luego tomó el pan dió gracias, lo partió y se lo dio diciendo; "Este es mi cuerpo, que por vosotros es entregado; haced esto en recuerdo mio". Y de la misma manera el cáliz, después de la cena diciendo: "Este es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre, la que es derramada por vosotros." (Lc 22,14-20).
Estamos en Jerusalén, la ciudad sagrada por excelencia; la oscuridad de la noche cubre el horizonte de un dia que será recordado en todas las partes del mundo por todas las generaciones cristianas. Aquel dia, con toda probabilidad, el 6 de Abril del año 30 de la era cristiana, será llamado con el tiempo JUEVES SANTO..
Los doce apóstoles del Nazareno se encuentran reunidos juntos "en el piso superior" de "una gran sala alfombrada, ya preparada" (Mc 14,15) para el banquete pascual que se dispuso para celebrar. Están hospedados en la casa de una de las familias más acomodads de Jerusalén. Jesús ya lo tenía todo proyectado con el dueño de la casa, al que envió a dos de sus discípulos para los preparativos inmediatos.(Mc 14,12-16). Siguiendo una tradición muy antigua, la mayor parte de los estudiosos piensan en la habitación de la familia o de algún pariente del evangelista Marcos, porque esta casa, después de la muerte de Cristo, fue transformada en sitio habitual para los cristianos de Jerusalén. (Hech 1,13 2,1-2).
En el cenáculo se respira un aire de solemnidad y a la vez de tristeza. Celebran una fiesta donde debería reinar la alegría, pero las palabras de Jesús crean desconcierto, turbación; los discípulos están asustados, el corazón les late en la garganta; El Maestro les dice que uno les está traicionando:"En verdad os digo, uno de vosotros, que come conmigo, me traicionará" (Mc 14,18).
El sabor es aquel de la despedida. Con el ánimo ya triste oyen declarar a Jesús que esta es su última cena pascual, la hora de la pasión le espera, no comerá más con ellos hasta que lo hagan juntos en el reino de Dios (Lc 22,15-16).
Jesús cumple todos los ritos prescritos para el banquete pascual en recuerdo de los grandes prodigios hechos por Dios para liberar a Israel de la esclavitud de Egipto; pronuncia las bendiciones, entona los salmos de las distintas acciones de gracias; todos comen el cordero asado, el pan sin levadura untado con la salsa rojiza, las hierbas amargas, bebían de la copa llena de vino.
Y; a cierto punto, "después de haber cenado" (Lc 22,20), he aquí la desconcertante novedad narrada por los evangelistas con particular cuidado. Jesús coge a los suyos por sorpresa. Nadie seesperaba que, justo en aquella hora, se realizase la gran promesahecha mucho tiempo antes en la sinagoga de Cafarnaun; "No fue Moises quien os dio pan del cielo, sino mi Padre que da el verdadero pan del cielo: el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo" (Jn 6,32-33) ¿Metáfora, simbolismo, juego de palabras? Para no causar malentendidos, Jesús llega al máximo de los realismos: "El pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6,51)
Sobre el final de aquella última cena Jesús, contrariamente a lo previsto en el rito pascual, coge de la mesa uno de los panes, uno cualquiera, lo bendice, lodivide en trozos, lo da a los cercanos e invita a todos a comerlo. Lo hace pronunciando palabras sencillas, pero llenas de misterio, palabras que saben a inmensidad: "Este es mi cuerpo que os doy para vosotros"(Lc 22,19)
Coge después la copa de vino, de la cual se sirvió durante la cena, la levanta dando gracias a Dios, la pasa a los cercanos, repitiendo palabras similares a aquellas pronunciadas en la distribución del pan: "Bebed todos, porque esta es mi sangre de la alianza, derramada para muchos." (Mt 26,27-28).

No existe amor más grande que éste, sonación más radical. Jesucristo se abandona completamente al hombre, se deja poseer totalmente, da su cuerpo por comida y su sangre por bebida "por la vida del mundo"(Jn 6,51). Su carne, en efecto, es verdadero alimento y su sangre verdadera bebida (Jn 6,55) "En esta cena no hay nada que recuerde a la magia, no son conjuros ni invocaciones a los espiritus. No son, ni siquiera, largas ceremonias. Todo dura 2 ó 3 minutos. No se pronunció ninguna palabra altisonante. Se habló de pan, de vino, de carne, de sangre, de donación, y de pecado. Son palabras que saben a vida y a muerte, pero pronunciadas sin ningún énfasis.
Los apóstoles saben que ha ocurrido algo decisivo. Lo "saben", no lo comprenden. Aquellas frases no comprenden el porqué han resonado como palabras creadoras, similares a aquellas, muchas veces leidas, con las cuales Yavé hizo la luz, el mar y las estrellas. Pero no tardarán en comprender que especie de "creación" es aquella que han presenciado" (José Luis Martîn Descalzo)
¡Estupendo evento la Eucaristia! ¡Inicio, cumplimiento, vértice de la creación¡ Invención de un amor sin confines. (Jn 13,1)
Pan del cielo, nutrición divina, alimento nuevo para el hombre redimido poe la sangre delCordero. Cristo no da algo de sí, sino toda la plenitud de su ser humano-divino en le Eucaristia. "Las palabras explican los gestos. Ofreciendo el pan les dice: "Coged, comed: esto es mi cuerpo" La palabra "cuerpo", en la mentalidad bíblica, no indica una parte de la persona, sino la totalidad de ella, en su capacidad de donarse, de relacionarse, de comunicar con los otros. La palabra cuerpo es sinónimo del pronombre "yo". Las palabras de Jesús quieren decir: Este soy yo que quiero darme a vosotros, entrar en comunicación con vosotros, hacer de vosotros mi comunidad" (M. Galizzi).
La Eucaristia es obra de la eterna Sabiduria; "La Sabiduria...ha preparado el vino y ha preparado la mesa.... Al privado de ciencia dice ella; Venid, comed mi pan, bebed el vino que os he preparado"(Prov 9, 1.2. 4-5).
La Eucaristia es prodigio de la infinita Omnipotencia que domina lo creado y al que "nada es imposible" (Lc 1,37).
"La Palabra de Cristo,que puede crear de la nada lo que no existía ¿No puede transformar en una sustancia distinta aquello que existe? No es menor empresa dar una nueva naturalezza a las cosas que transformarla" (San Ambrosio).
¡Las maravillas del infinito Amor!
Cristo no deja de sorprendernos, porque siempre ,en la intimidad del cenáculo, más allá del don de la Eucaristia,de su cuerpo dado y de su sangre vertida,está por ofrecer a los apóstoles el don de Su Sacerdocio.
Las palabras de Jesús que sigueb inmediatamente, aquellas sobre el pan y el vino(1 Cor 11,23-25):"Haced esto en memoria mia"(Lc 22,19), no son menos sorprendentes que las primeras; saben a inmensidad, transpiran misterio y novedad, están cargadas de vidainaguran una nueva creación(Mc 3,14)
Confiando a los apóstoles el "memorial" de su sacrificio. Cristo les ha hecho verdaderamente participes de su sacerdocio. Es cuánto la Iglesia enseña sobre los temas del concilio de Trento: "Si alguno dice que con las palabras: Haced esto en memoria mia", Cristo no ha instituido sacerdotes a los apóstoles, o no ha mandado que ellos y los otros sacerdotes ofrezcan su cuerpo y su sangre, sea anatema( Sobre el sacrificio de la Misa, 17.X.1562, can 2).
"La gran realidad de esta cena es que no termina en sí misma. Una vez Lucas y dos veces Pablo, observan que, después de haber consagrado el pan y el vino, Jesús dio a sus discipulos el mando de hacer lo mismo en su memoria".
¿Que deben repetir;la cena pascual? Para esto la orden no era necesaria. Desde siglos se celebraba y por los siglos el pueblo hebreo habría continuado repitiéndola. ¿La sencilla reunión de amigos para recordar a Jesús? No habría tenido sentido dar tanta solemnidad a esta orden y todavía menos que lo dijese inmediatamente después de sus palabras sobre el pan para repetirlas después sobre el vino.
Evidentemente, Jesús manda repetir aquello que en esta cena le es nuevo, esto es, estas palabras sobre el pan y el vino. Repetir un recuerdo es algo que los hombres pueden hacer sin esfuerzo. Pero Jesús había realizado ante ellos una realidad, no un simple recuerdo. Ellos no tenían los poderes de Jesús. Comprenden que, en aquel momento, Jesús estaba ordenándoles sacerdotes ¿Les estaba transmitiendo su poder? Jesús no podía mandarles algo imposible, sin darles al mismo tiempo el poder de hacerlo. Su orden era, por lo tanto, una ordenación.

Era la coronación de una vocación nacida tres años antes. Les había iniciado en su doctrina;les habá hecho participes de su misión; les anunció que les había puesto a la cabeza de las doce tribus de Israel; les habí hecho pescadores de hombres; había subrayado que ellosno le habian elegido a Él sino Él a ellos;les había recordado que ya no eran sus siervos sino sus amigos. Ahora la coronación completa: les mandaba hacer aquello que Él habá hecho y, a la vez, les daba la capacidad de hacerlo. Así sus discípulos llegan a ser sus sucesores, la prolongación de Él. Y la cena dejaba de ser un hecho ocasional y transitorio para ser una institución permanente. Cuando Él no estuviera, sería continuada en la Iglesia y de tal modo que su presencia en el pan no sería únicamente por los doce, sino por todos aquellos que creerán en Él por los siglos de los siglos. Con la Eucaristia había nacido el sacerdocio, como un complemento imprescindible. Un sacerdocio distinto al conocido por los hebreos, como era distinto el sacrificio que habán debido cumplir, como era distinta la alianza que en este momento tenía comienzo. Al constituir la nueva alianza, Jesús confiere a los suyos esta misma perennidad. Y son estas pocas palabras-haced esto en memoria mia aquello que cumplen en millares y millares de altares, millares y millares de sacerdortes. Temblando, con sus manos de hombres que no son santas ni venerables como aquellas de su maestro, alzan el pan y lo distribuyen. Ni siquiera ellos lo comprenden. En su cara hay el mismo estupor que hubo en aquellos primeros discípulos. Pero el milagro vuelve a repetirse. Cristo vuelve a ser alimento para los suyos y continua permaneciendo en aquellos que creen en Él como en aquella noche en la vigilia de la muerte. (Martin Descalzo).
¡Misterio y milagro de la Eucaristia!
¡Misterio y milagro del Sacerdocio que lo genera!
Feo dia de la vida personal aquel en el que no percibamos la Presencia del Infinito amor en la Eucaristia y en el sacerdocio o desvaloremos estos regalos preciocisimos de Cristo por el bien de la Iglesia o peor, considerándolos costumbre, superficialidad o frialdad.
San Juan Crisóstomo, Doctor de la Eucaristia, patriarca de Constantinopla en el siglo lV, meditando sobre el poder sacerdotal de transformar pan y vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, exclamaba: "Cuando vi al Señor sacrificado, yacente y al sacerdote en pie ante el altar que ora y a todos los circundantes enrojecidos de aquella sangre preciosa ¿Pensarás todavía estar entre los hombres y pisar la tierra, o no te parecerá más bien ser improvisadamente transportado a los cielos?.
¿Que magnifica realidad! ¡Que grande es la bondad de Dios! ¡Ciertamente éstas son cosas maravillosas y nos causan gran estupor (Sobre el sacerdocio.lll,4)
Efrén de Siria, el santo diácono deÉdes, doctor de la Iglesia, admiraba la Eucaristia y el Sacerdocio, a ella íntimamente asociado,como "dones fulgurantes" de la gracia, "magnificas perlas" regaladas por el Señor a la Iglesia su esposa (Discurso sobre el sacerdocio)
Justo es que cada miembro de la comunidad eclesial, se sienta amado por Cristo, por estos expléndidos dones y los disfrute con profunda satisfacción y gratitud. Pero es todavá más justo que cada presbitero, cuya identidad, existencia y ministerio emana de la Eucaristia, ante más que otro la alegría de pertenecer a Cristo y plasme su existencia de conformidad al sacramento del cual es siervo t en el cual reside todo el bien espiritual de la Iglesia. ¡Es cuestión de fe!. No puede brillar la llama y dar louz a todos si no está constantemente alimentada y vivificada por el aceite;sin la fe(=aceite) poco a poco el entusiasmo se apaga, cada gran ideal apostólico desaparece, y el humo de la llama muere para fastidiar y provocar naúseas.
A la vez, en la Eucaristía,cada sacerdote es un misterio de fe. Para comprenderse y vivir en plenitud de fecundidad su ministerio, no puede vivir de fe, referirse a la fe en la luz de Cristo. No cesa Jesús de presentar a cada uno la invitación hecha un tiempo a Jairo, jefe de la sinagoga: "No temas,basta que creas" (Mc 5,36).Cristo "sumo sacerdote de la fe que nosotros profesamos"(Heb 3,1), intercede continuamente por nosotros a la derecha del Padre para que el don de Dios no languidezca y no venga a menos" (Lc22,32) en nuestros corazones. "Cuando los sacerdotes celebran la Misa, la liturgia quiere que, completa la transustanciación, cambie al pueblo radicalmente, pero también fuesen uno con aquel Misterio, digan: "Mysterium Fidei. Ha ocurrido lo que el Verbo hecho carne ha querido. Ha ocurrido aquello que el Verbo hecho carne ha mandado que se hiciese".
Mysterium fidei!

Pero atención al fin de que el sacerdote no trabaje con peligroso desinterés:Si Él predica que la transustanciación es Misterio de la Fe, debe predicar antes Él, trabajador, generador de la Eucaristia sean un Misterio de Fe. No podrán nunca proclamar al pueblo al pueblo de Dios el misterio eucaristico si antes no son ya Misterio de Fe.
La fe es Cristo, el Verbo hecho carne. Si, por lo tanto, se proclama la generación de la Eucaristia, quiere decir que el Sacerdote, e ha identificado con Cristo. De hecho las palabras que pronuncia son en primera persona: "Este es mi cuerpo..."
". Sin la Eucaristia la Iglesia no subsistiria, nadie podría vencer al mar, perseverar en la gracia y alcanzar la santidad.
Y sin el Sacerdocio no habría vida en la Iglesia, el Pan de la Vida: la Eucaristia. Mientras nos disponemos a meditar sobre estos inefables misterios de gracia, íntimamente relacionados entre ellos, elevemos nustra súplica a Cristo con las palabras de Juan Pablo ll: "Señor Jesús, te damos gracias por tu Cuerpo y por tu Sangre que nos permite cada día ofrecer por la salvación del mundo, recibirlos, darlos a nuestros hermanos y hermanas y de venerarlos en nuestras Iglesias. No permitas que nuestros corazones se acostumbren a este don; permitenos ver en ello tu Amor supremo. Amén. (Ars-Francia,6-X-1986)

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