Santísima Trinidad

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 Sumario

  1. Santísima Trinidad
  2. Dogma de la Trinidad
SANTÍSIMA TRINIDAD
La Trinidad es un misterio "para nosotros", o sea, para nuestra salvación: un misterio de condescendencia. Esta es la palabra que nos ayuda a comprender toda la preciosidad: el alcance de su significado. Condescendencia: dos conceptos encerrados en esta palabra: el de descender junto, unidamente Dios padre, Hijo y Espíritu Santo. Bajar juntos hacia nosostros, se adaptan, se acondicionan a nuestra pequeña estatura, a nuestro pequeño paso. Vienen a vivir con nosostros.

Enviar, descender, venir. éstos son verbos con los cuales se habla de la Persona Divina. "Jesús". "Han bajado del Padre y han venido al mundo", "Dios ha mandado a su Hijo al mundo" - "El Padre y Yo vendremos" - "El Espíritu Santo vendrá a vosostros y hará morada cerca de vosotros. Dios viene a nosotros y viene en todo lo que es y cómo lo conoceremos un día.

Las revelaciones de la Trinidad es, por lo tanto, como una cascada de amor; es el supremo gesto de la condescendencia divina hacia nosotros. Los griegos decían por boca de Platón: "Ningún dios muede mezclarse con el hombre". Sin embargo, nuestro Dios se ha mezclado con nosotros: ha enlazado su vida con la nuestra para prepararnos a la comunión eterna con Él.

Nuestra vida de cristianos está inextricablemente ligada a las tres Personas Divinas. Pueden ser, sin duda, personas que en la vida y en la experiencia cotidiana son más familiares. el cónyuge, los hijos, los amigos: casi nos parece no poder concebir la existencia al margen de ellos, pues se parecen a ramas de nuestra propia existencia. Hay casi una simbiosis, es decir, como un vivir juntos entre nosostros, y nos acordamos de ellos cuando alguno de ellos nos deja para siempre. Pero ninguna persona está radicada en nosotros y radica su existencia como éstas tres Personas: el Padre, su Hijo Jesús y el Espíritu Santo. Ellos han venido a nosostros en el Bautismo. Han puesto su morada en nosostros y "son más íntimos en nosostros que nosotros mismos" (San Agustín). En su nombre y en diálogo con ellos se dirige toda nuestra vida de fe, de la cuna a la tumba, en el umbral de la existencia hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo de este mundo.

Signándonos con el signo de la Cruz, cada vez declaramos nuestra voluntad de pertenecer a la Trinidad. Caminamos, por lo tanto, con las Tres Personas Divinas, pero con frecuencia caminamos sin reconocerLes, sin acordarnos de ellos. No es así para los Santos. ellos dialogan, sienten su presencia, querida y constante. La llama Sor Isabel de la Santísima Trinidad "mis Tres" y escribe: He encontrado el cielo en la tierra... porque el cielo es la Trinidad y la Trinidad está dentro de mí. La vida cristiana, sin este anclaje interior, y sin esta fuerza, está vacia y es pesada, sobretodo si se dirige fuera del amor; con Ellos se transforma, sin embargo, en un paraiso.

Por lo tanto, Dios Trinidad, es Dios que ha descendido entre nosostros, que se ha adaptado a vivir con nosostros. Y esto, ¿porqué?. ¿Quizás porque Dios se ha convertido a nosotros o al mundo?.

¿Tal vez porque abajo, entre las criaturas, está la verdadera vida y Dios ha necesitado descender desde el remolino del mundo, para sobrevivir a Sí mismo?. Hoy existe una doctrina teológica que se ha atrevido a insinuar una cosa del género. Lo sagrado se ha mezclado con lo profano y "Dios ha muerto" para "dar vida al hombre Jesús". Pero no es así. Dios se ha convertido a nosotros para convertirnos a Él; ha bajado hacia nosotros para enaltecernos hasta Sí. Este es el segundo aspecto del misterio de hoy: la Trinidad de la esperanza, tras la Trinidad de la fe. La Trinidad que nos espera a quien está "en adelante" después de la Trinidad del pasado que se ha revelado a nosotros y la Trinidad del presente que habita en nosotros.

Estamos en el camino de regreso hacia el Padre, en compañía del Hijo jesús, en la unidad del Espíritu Santo.

Con Ellos nuestra vida será eterna, quizás antes de lo que pensamos. en un año o en un día. para muchos hermanos nuestros, el encuentro misterioso es este momento; en este intante, sus ojos se abren desmesuradamente en la luz de la Trinidad y comprenden como toda la historia y todo el universo gravitan alrededor de aquel punto: cómo todo desde allí procede y todo regresa. Bienaventurados ellos si están preparados para este encuentro. Dice Jesús: "Bienaventurados los que el Hijo del hombre encuentre preparados".


EL DOGMA DE LA TRINIDAD
253 La Trinidad es una. Nosotros no confesamos tres dioses, sino un Dios solo en tres personas: "La Trinidad consustancial". Las personas divinas no dividen la única divinidad, sino que cada una de ellas es Dios todo entero: "El Padre es todo que es el Hijo, el Hijo es todo lo que es el Padre, el Espíritu Santo es todo lo que es el Padre y el Hijo: un único Dios en cuanto a la naturaleza".

254 Las Personas divinas son realmente distintas entre ellas. "Dios es único pero no solitario". "Padre", "Hijo" y "Espíritu Santo" no son simplemente nombres que iniquen modalidades del Ser divino; ellos en efecto, son realmente distintos entre ellos, por sus relaciones de origen: "Es el Padre que genera, el Hijo que es generado, el Espíritu Santo que procede". La Unidad divina es Trina.

255 Las Personas divinas son relativas las unas a las otras. La distinción real de las Personas divinas entre ellas, puesto que no divide la unidad divina, reside exclusivamente en las relacionesque le ponen en referencia las unas a las otras... En efecto, "todo es una sola cosa en ellas, donde no se oponga la relación".

258 Toda la Economía divina es la obra común de las tres Personas divinas: En efecto, como tiene una sola y misma naturaleza, así tiene una sola y única operación. "El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de la creación, sino un solo principio". Sin embargo, cada persona divina cumple la operación común, según su personal propiedad.

En síntesis
261 El Misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede darnos el conocimiento revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

262 La Encarnación del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno y que el Hijo es consustancial al Padre, esto es, que en Él y con Él es el mismo único Dios.

263 La misión del Espíritu Santo, que el Padre manda en el nombre del Hijo y que el Hijo manda "por el Padre", revela que Él está con ellos, el mismo único Dios. "Con el Padre y con el Hijo es adorado y glorificado".
Catecismo de la Iglesia Católica 253-263.

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