La Chiesa vive dell'Eucarestia

La Iglesia vive de la Eucaristía

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Hemos rogado para que el Espíritu de Dios nos asista; para que no caigamos en las tinieblas del error, sino que permanezcamos iluminados por la luz de la verdad. Son palabras que no necesitan aclaración, pues cada cual tendrá posibilidad de profundizar en ellas.

Ahora prestemos nuestra atención en otras palabras de Jesús. Siendo ahora que las conversaciones son privadas y como tales pueden tomarse con reserva; sabemos que la Iglesia es muy prudente en este aspecto y hace bien, si embargo es innegable que tales palabras contienen y resaltan una realidad preocupante.

Os confieso que, personalmente, he estado, y lo estoy aun, muy afectado por tales palabras, especialmente si propongo estar ante el Tabernáculo: probad también vosotros y luego sabréis si son palabras para dejarlas pasar y no obstante se detienen porque van al fondo del corazón para que puedan cumplir lo que han sido dictadas. Aquí están:
"El último don que quiero hacer a la humanidad para que se salve es el descubrimiento de la Eucaristía, luego no sé que hacer más por ella".

Ahora pasemos a otras que nos tocan más de cerca: "Cuanto os quisiera más cerca de Mí, mis consagrados, más dentro que ellos mismos. Seriáis más perfectos si oráseis más. No en los coches, en los trenes o en los salones de belleza, sino que os espero a mis pies.

Mi único y ardiente deseo es acercarme a las almas, especialmente mis Sacerdotes, a la fuente de toda santidad: mi altar. Cuantos de mis consagrados se están alejando y no me recuerdan. Hacen de todo: reuniones, estudian mucho, escriben libros para mejorar sus parroquias y salvar a las almas, pero olvidan el TODO. Se arriesgan a volver improductivo al mismo Concilio.

Mueren de hambre por no disfrutar de lo más grande, del único capital: EL SANTO TABERNÁCULO. Si viviesen más cerca de mi Copón olvidado, todo reviviría en las almas. Allí mi sacerdorte debería pasar su jornada tras las ocupaciones; allí los fieles lo deben encontrar para ser ayudados en su obra, no buscarlo en otra parte, sino en mi Iglesia.

Tantas obras que parecen necesarias, tantas iniciativas que obligan a girar y a hablar son verdaderas adulaciones, ganas de querer agitarse y moverse, se dice: Todo lo hago por las almas. Cuantos se han alejado del verdadero apostolado

Es la promesa sagrada e omnipotente de Dios: "Bendeciré y seré la salvación de la Parroquia donde mi sacerdote viva sus horas cerca del Tabernáculo y también estudiando. Poco a poco lo transformaré por completo. Hoy se quiere ver muchedumbres entusiastas que acudan.
No. El verdadero bien se hace esperar y quien cree verdaderemente en Mí no pretenda ver de inmediato los frutos".

Respecto a las vocaciones, he aquí el pensamiento de Jesús: "Existe la ambición de conseguir unos más que otros, en fiestas, academias, cantos y juegos y Yo en último lugar. No quiero profesores y maestros sólo humanos: quiero santos viviendo alrededor de mi altar, como Centro. No estaría así la sociedad, las parroquias, los institutos si Yo fuese buscado y amado.

Cuantas bendiciones en mis pequeños si mis Hermanas los trajesen cerca de Mí. Cuantas vocaciones donaría si mi pueblo acudiera con frecuencia a mi consagrado, sacerdotes y hermanas, cuanto más creerían en Mi presencia cerca de ellos. Pero Yo destruiré muchos institutos que sólo desean aparentar con grandes obras, muchos diplomas y cómodas casas. No sé qué hacer con ellos. Bendito aquel Instituto, aunque sea poco conocido y estimado, que Me ama y sirve con una flor y ropa limpia. En muchas iglesias nadie piensa en Mí y Yo estoy con suciedad y abandono.

Es así, sucio y abandonado: un sacerdote tenía la Santa Eucaristía, a veces, en una hoja de periódico. En una casa religiosa la superiora no supo durante años que tenía la Eucaristía en casa; la presencia de una hermana de paso, limpiando el altar de flores secas y manteles sucios, abrió el Tabernáculo encontrando una gran sorpresa: la Santa Eucaristía.

No quiero extenderme más, sólo otra afirmación de Jesús: "Quiero a Mis Consagrados más cerca de Mí y sólo de Mí. Quiero que sepan que, pasando sus horas cerca de Mí Tabernáculo, Yo estaré con ellos, trabajaré con ellos y cambiaré sus corazones. es sobre la nada que Yo construyo mis grandes obras. Pero hasta que ellos no me dejen ser el dueño de sus parroquias y de sus Institutos, no esperen vocaciones y santidad de vida... sino que actuará mi justicia".

¿Qué os parece esta crisis vocacional que durante años sufrimos con desolación, con consecuencias tan desagradables (casas cerradas, reducción de apostolado. dependencia cada vez más fuerte de fuerzas externas... y de un cierto malestar moral e intelectual que sopla en nuestras casas? ¿No estará ya en acción la justicia de Dios?.

Sí, la podemos, sin embargo, atenuar, o hacerla suprimir si nos esforzamos en poner fin a los lamentos de Jesús, dando a nuestra vida diaria una mejor dirección y espíritu Eucarístico.

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