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Salmo 23

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MEDITACIÓN

El salmo comienza con una solemne declaración: La tierra es del Señor. Sentimientos de admiración, de amor, unidos a una profunda y conmovida admiración que parecen naturales.

Pasa una persona "importante" por las calles del mundo y todos se afanan en obsequiarlo: están subyugados. Él es el jefe del mundo, de todo, incluso de los poderosos, pero ¿porqué, si está escondido bajos las apariencias de pan?. Pocos reconocen en Él al soberano de todo, al creador de las maravillas terrenales y celestiales, al dispensador de la riqueza. Al que da y quita a los hombres la fuerza.

Cuando podré ver el universo; lo contemplaré todo tendido hacia el Tabernáculo en una grandiosa actitud de reconocimiento y sumisión.

Comprendo que es válida y justa la admiración del salmista a todas las obras para bendecir al Señor, ¿porqué las rige esta casa, tan humilde y más admirable que el cielo estrellado, tan estrecha y, siembargo, elegida para contener Al que los ciclos no pueden contener?. ¿Puedo decir, o mejor sentir, que desde esta casa tan humilde Jesús me guía incluso a mí?.
¿Cuando esté allá arriba tendré la alegría de mirar al Tabernáculo Santo como la casa que me ha custodiado en la tierra, por la que no me será difícil o incómodo estar cerca de Jesús en su gloria, habiéndole tenido cerca, junto a su casa de humildad, de pobreza y de amor?.
¿Sentiré mi presencia en el cielo como la prolongación de mi vida eucarística, como recompensa a mi fidelidad al Sacramento eucarístico?.
¿Nos tendrá Jesús tan cerca?.
¿Sabremos superar los metros o planos de distancia para llegar a decirLe personalmente Jesús estoy aquí?.

De las alturas del cielo, donde Él habita, un día se ha acercado hasta mí para hacerme una invitación; desde el tabernáculo me inspira al corazón, el amor por sus altares. Le he correspondido desde hace muchos años y he venido por Él. pero me acuerdo que el llegar hasta Él es muy cansado y el camino es largo. Al decirLe que sí, al presentarme a sus llamadas, siento que ahora es más difícil que antes, dadas las resistencias, las inclinaciones opuestas, los cansancios, los desalientos, los mareos que se verifican en mí: pero es por este cúmulo de dificultades que Él me invita a abrazarme a Él más fuerte, porque sólo así le ofrezco la posibilidad de quitar en mí la basura interior y exterior que es tan necesaria para aclarar mi vista y hacer gozosa la visión de la cima: Jesús reside en mí.

Sólo aquí junto a Él encuentro la oportunidad de ver la escoria de mi conducta y de mi interior: cuando Le recibimos en la Santa Comunión venimos a visitarLo, nos acordamos que a Él no le gusta cualquier cosa que parezca una imperfección despreciable, y sentimos la exhortación a una vida de nitidez. Y cuando acepto esta exhortación, y con la fuerza que Él me da, me esfuerzo para que desaparezca todo cuanto a él no le agrada. Que alegría venir a visitarLo para decirLe: Jesús, ya está. Lo he superado. Jesús, me he esforzado. Tú lo has visto... pero. Có mo entonces Lo sentimos más cerca, con una delicadeza que sabe a su amor seguro, siempre válido; de valor porque, si Lo tengo cerca, veré las maravillas de su potencia, de gratitud porque Lo hemos preferido. Sí, de gratitud, porque con el sacrificio yo llego a ser pasaje vivo de jesús, por el que Él podrá estar más presente en mi ambiente, en mi trabajo, en mis conversaciones, etc.

Siento que con Él a mi lado el camino, aunque difícil, se hace más ágil... La virtud o la obra por hacer no es deber árido del momento, sino una posibilidad de decir a jesús: Aquí estoy... Confesando así que Él es bueno y me ama, por lo que no he temido sacrificar demasiado para hacer lo que he hecho; Él lo merece y comprendo su compañía y el hablarme al corazón exigiéndome cada vez más silencio en mí, siempre un mayor distanciamiento de todo, incluyéndome a m`mismo, sobre todo porque vale la pena adaptarme, porque siento que la alegría y la paz reinarán en mí. me uno a San Agustín: Mi corazón está hecho para Dios: sólo en Él está la verdadera paz.

Si luego estoy atento, advierto que se va volviendo mi corazón más exigente. Son demasiado ricos los dones con que me quiere colmar, para que yo quiera todavía gozarme con las míseras cosas del mundo o de la religión.

Para que todo esto sea pronto realidad, cuanto necesito vivir en la cercanía del adorable Sacramento, para que aumente en mí el gusto por las cosas eternas. Para que yo no disipe las energías de la mente y del corazón trs el encanto de las futilidades. Jesús ha sufrido la pasión; atrayéndome al santo tabernáculo, Él quiere recordarme esto: estoy aquí prque he padecido. En él debo pensar cuando me atrape el aburrimiento del sufrimiento. Miradlo en la expoliación absoluta de la Cruz, cuando las comodidades de la vida me halaguen. En esta contención, entre los deseos eternos y la seucción de las vanidades, me encontré ayer, me encuentro hoy y me encontraré mañana. Cómo es saludar abrazado al Santo Tabernáculo para no sentirse arrastrar por este viento.

ORACIÓN POR EL PAPA


Señor Jesús,
Pastor eterno de todos los fieles,
Tú que has construido tu Iglesia
sobre la roca de Pedro,
asiste continuamente al Papa
para que sea, según tu proyecto,
el signo viviente y visible,
y el promotor incansable
de la unidad de tu Iglesia
en la verdad y en el mor.

Que anuncie al mundo con apostólico valor
todo tu Evangelio.

Escucha las voces y las aspiraciones
que salen de los fieles y del mundo,
tu ejemplo, Oh Cristo buen Pastor,
que has venido, no para ser servido,
sino para servir y dar la vida por las ovejas.

A nosotros concédenos Señor,
una fuerte voluntad de comunión con él
y la docilidad a sus enseñanzas.

Oh Dios pastor y guá de todos los creyentes,
mira a tu siervo el Papa Francisco
que has puest para presidir tu Iglesia;
sosténlo con tu amor,
para que edifique con la palabra y cn el ejemplo
al pueblo que le has confiado,
y juntos, grey y pastor,
alcancen la vida eterna.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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