Prodigios del santo Cura de Ars

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Hemos recogido algunos de los prodigios ocurridos en Ars.

Un día, en el orfanato femenino "La Providencia" regido por el cura, la encargada del horno informa a Vianney que la despensa está vacia. El cura responde: "Vete a recoger el último grano disperso en el ático. la encargada, a pesar de saber que el áticoo estaba desoladamente vacio, obedece al Santo, pero cuando intenta abrir la puerta debe usar todas sus fuerzas y, con gran sorpresa, cuando abre la puerta, vé que el ático está lleno de grano... Es un milagro. Un día un hermano visita el ático con el cura y le dice de sopetón: "El grano llegaba hasta aquí, ¿no es verdad?. "No- responde el cura- más arriba, hasta allí".

En Mayo de 1843 Caludina Raymond, enferma de la laringe y de los bronquios, se acercó hasta Ars para pedir la curación porque no podía pronunciar palabra alguna y para expresarse unsaba un pizarrín. En Ars el cura le dice: "Hija mia, los remedios de la tierra son inútiles: el Señor quiere curarte. Contacta con Santa Filomena: pon el pizarrín sobre su altar y díle que, si no quiere devolverte su voz, al menos te ceda la suya. "Inmediatamente - dice Claudina - fuí a echarme a los pies de la pequeña santa y, tras haber hecho mi oración, fuí curada. Hacía seis años que sufría atroces dolores y dos que no podía hablar en absoluto. Vuelta a la posada, leí a varias personas en voz alta algunas páginas: estaba totalmente curada".

Anna Thori, tras haber oído los prodigios que sucedian en Ars decide llevar a su hijo de ocho años afectado por una coxalgia en el fémur. Llega a Ars el 25 de Febrero de 1857 llevando consigo al hijo sentado en una silla de ruedas. Bastante cansada por el pesado viaje, pasó la noche en el vestíbulo de la iglesia, con la esperanza de encontrar cuanto antes al cura. Apenas éste la vio, la consoló y, celebrada la Misa, la invitó junto al hijo a la sacristia. "Este niño - dice - es muy grande para hacerse llevar. Bájalo". "Pero no puedo" - dijo la madre. Y él: "Podrá, ten confianza en Santa Filomena"; y besó la frente del inocente. El muchacho comenzó a caminar, aguantando se llegó al altar de Santa Filomena: se arrodilló y permaneció en larga oración. Cuando terminó, estaba curadoo. Pidió comer y salió a la carrera hacia la puerta de la iglesia: hacia la vida.

Dos profesores incrédulos de la Universidad de Lyon quisieron ir a Ars para insultar a su cura. Entraron en la pequeña iglesia mientras celebraba misa. Se pusieron en tal posición que les permitía observar todos sus movimientos. Cuando llegó a la elevación de la Hostia, uno de ellos, viendo a la gente arrodillarse, pensó para sí: "¿Cómo hombres inteligentes pueden decir que en ese pedazo de pan está Dios?". El santo Cura, en el momento de la Comunión, volviéndose hacia los fieles, se fijó en el profesor como si leyese en su alma aquellos pensamientos de incredulidad. Hecha la genuflexión, tomó la Hostia entre los dedos y la elevó por encima del Copón, diciendo las palabras litúrgicas: "Este es el Cordero de Dios". La Hostia huye de sus manos y se posó sobre la lengua de la primera persona arrodillada en la balaustrada. El santo miró de nuevo al incrédulo como diciéndole: "Un simple trozo de pan, ¿puede hacer esto?". El profesor se sintió desconcertado y se fue. Se arrodilló y adoró. luego corrió hacia el cura para confesarse. Más tarde se consagró sacerdote de la orden dominica.

En Noviembre de 1862, tras la muerte de Vianney, el Obispo de Belley constituyó el Tribunal para el Proceso Ordinario para la beatificación del Cura de Ars. El Tribunal recogió diecisiete curaciones ocurridas tras la muerte del santo. Fueron elegidas dos, de las más significativas para la beatificación.

Adelaide Joly, en septiembre de 1861, fue afectada por fuertes dolores en el brazo izquierdo. Fue ingresada por el médico de cabecera en el Hospital de la Caridad de Lyon, el cual comprobó que en el brazo habia un tumor, por eso vivvía siempre sin esperanza de curación. Adelaide vivía en un orfanato, regido por las Hijas de la Caridad. Junto a ellas inició una novena de oración al cura de Ars, del cual, unas religiosas poseían un par de zapatos viejos.
Al séptimo día de la novena Adelai descubrió con alegría "ya no tenía ningún mal". Al término de la novena la sanación era total; pues el tumor había desaparecido. El médico encargado, sorprendiddo, comprobó la curación y extendió el certificado correspondiente, que fue remitido al Obispo de Belley.

La sanación milagrosa del joven Leone Roussat es narrada por su padre: "En Enero de 1862 mi hijo sufría crisis nerviosas, cada vez más graves. Recurrimos a los médicos sin resultado alguno. Más bien Leone empeoraba. Fui a Lyon a un médico de cabecera que le prescribió el uso de aguas ferruginosos. El resultado fue que las crisis aumentaron en número e intensidad; se repetian con una media de quince al día. Volví con mi hijo a Lyon, al mismo médico de cabecera, que al fin me dice:"Vuestro hijo es joven ... unos curan y otros no: es inútil que me lo traigas otra vez". Sólo quedaba una esperanza: llevar a nuestro hijo a Ars, pues habíamos empezado una novena al santo cura. El párroco se lo desaconsejó, por que temía que el niño muriese en el viaje. Pero el uno de Mayo se decide a ir a Ars, concretamente al sitio donde el Obispo de Balley bendecía la primera piedra de la iglesia de Ars... Hemos llevado al enfermo a la tumba del santo y al regreso a la posada vimos a Leone, totalmente paralizado, coger la taza con su mano derecha y divertirse ... De vuelta al pueblo de Saint Laurent con una, hora de retraso, nos ponemos a cenar. Leone, de repente, "se puso a comer". Estaba curado. Totalmente curado.

Marilde Rugesi de 28 años, sufría de laringitis tuberculosa, con la pérdida total de la voz .Sabiendo que su mal era incurable, dejó de consultar a los médicos y prefirió participar, en Julio de 1910, en una peregrinación a Lourdes en la que estaba prevista una parada en Ars. La Virgen de Massabielle no la sanó, a pesar de las muchas plegarias. En Ars los peregrinos se reunieron alrededor del altar para besar la reliquia del santo Cura. Marilde, llena de confizanza, en su corazón le rogaba: "Si quieres puede curarme". Repentinamente, unía su voz, perdida durante cuatro años, al canto común. La curación fue instantánea y completa. Con voz clara hizo su declaración ante el Tribunal eclesiástico: su curación fue un auténtico milagro. El santo Cura fue proclamado por Pio Xl patrón de todos los párrocos de la Iglesia.

Fue proclamado Santo por Pio Xl el 31 de Mayo de 1925.

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