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Su fama de educador y de santo invade el Piemonte, Italia y el extranjero. Llega a ser Consejero de Pio lX y León Xlll, especialmente para suministrar las diócesis (un ciento) forma de gobierno de entonces. En Diciembre del 59 funda la Pia Sociedad Salesiana, destinada a Oratorios, Colegios y Escuelas Profesionales.

Monseñor Castamagna narra el milagro que Don Bosco hace en su pueblo natal, Taramagna, en la fiesta de la Santa Cruz de 1869. Se presentó a Don Bosco una pobre mujer que se arrastraba durante años apoyándose sobre unas multas. Dice a Don Bosco: "Déme una bendición. Tenga piedad de mí". Y Don Bosco le dijo: "Arrodíllate". Ella respondió: "No puedo, tengo las piernas casi muertas: hace ya mucho tiempo que no puedo arrodillarme". Don Bosco insiste: "No importa, arrodíllate". La mujer se apoyó en las muletas intentando inclinaarse en tierra. El santo le quitó las muletas bajo los brazos y la echó sobre sus hombros, ante el centenar de personas que miraban en silencio y que luego aplaudieron.
La mujer arrodillada, en llanto por la alegría de saberse curada, preguntó a Don Bosco cómo podía agradecérselo y el santo respondió: "Repita conmigo tres Avemarias a María Auxiliadora". Quien lo cuenta es un testigo cualificado y presente en el evento.

En 1877, una señora de Turín acompañó hasta Don Bosco a una hija suya de dieciséis años, Giuseppina Brighi, que estaba semiparalizada y muda desde hacía un mes. Están en Valdocco, la víspera de la fiesta de María Auxiliadora; en la antecámara de Don Bosco había mucha gente, entre ellos el miembro del Conde Carlo Gilleta, que estaba pensando en hacerse salesiano. Todos se pusieron de acuerdo en cederle el turno a la joven enferma. La madre encuentra a Don Bosco, cuenta su dolorosa historia y pide una bendición para Giuseppina. El santo imparte a la joven enferma la bendición y la invita a hacer la señal de la cruz. La niña la hace con la mano izquierda, que no está paralizada. "No, con la izquierda, sino con la derecha" - dice Don Bosco y repite la invitación. La niña levanta el brazo enfermo y hace la señal de la cruz, como si no tuviese mal alguno, acompañandolo con las palabras. "Bien - dice Don Bosco - pero debes decir también las palabras como las digo yo". La joven, muda desde hacía un mes,se le suelta la lengua y repite la señal de la cruz, acompañándola con palabras. Y grita: "La Virgen me ha curado". Para confirmación de la curación perfecta y total, la joven camina abiertamente ante Don Bosco e invitados. El conde, testigo del hecho prodigioso, vé en ello la señal segura de su vocación salesiana.

Lemoyne, alumno y biógrafo de Don Bosco, cuenta la historia de un muchacho muerto y resucitado. Estamos en Florencia en 1870. La marquesa Girolama Uguccioni llevaba con afecto apasionado a un hijo suyo, que enfermó hasta la muerte. La marquesa se llegó hasta Don Bosco, que estaba de visita en el Collegio degli Scolopi y con lágrimas le suplicó que fuese hasta su villa, donde se encontraba su hijo moribundo. El santo aceptó, pero se encontró con que el niño ya había expirado. Invitó a los presentes a orar a María Auxiliadora y luego pide la bendición para el difunto. Apenas terminada la fórmula, el niño bostezó, comenzó a respirar, recuperó el uso de los sentidos, sonrie a la madrina y en breve se recupera del todo.
Por esta razón, cuando el santo se pasaba por Florencia, siempre se hospedaba en casa de la marquesa, la cual llegó a ser una generosa benefactora de obras de Don Bosco. A todos les contaba el relato del hijito resucitado.
Tras su muerte continuó difundiéndose cada vez más la fama de hechos extraordinarios atribuidos a su intercesión: curaciones instantáneas, conversiones consideradas humanamente imposibles.

Sor Provina Negro, hija de María Auxiliadora y residente en Giaveno, en 1905 contrajo úlcera ventricular en el estómago, inapetencia y postración de fuerzas. Empeorando el mal, fue llevada a Turín y curada por el doctor Farini. Pero el decaimiento aparece incontenible y las condiciones de la enferma se hicieron progresivamente más graves. Los médicos de la Congregación de los Ritos estuvieron todos de acuerdo en reconocer que la curación era atribuible sólo a fuerzas sobrenaturales.

Sor Adele Marchese, hija de María Auxiliadora, residente en Turín, estaba afectada de tuberculosos: durante alrededor de un año perdió completamente la vista. El 1 de Febrero de 1.888 fue llevada a venerar el cuerpo del santo. puesta su mano al lado de la de él, se la llevó a los ojos y al instante recuperó la vista.

Anna Maccolini, de Rimini, conoce a Don Bosco en Turín en 1886. A los 74 años fue golpeada por varias enfermedades: bronquitis, insuficiencia cardiaca, pérdida orgánica y un edema en el pie izquierdo hasta llegar la hinchazón al doble del volumen que el derecho, haciéndole a la vez imposible el movimiento. Al empezar la situación se le añade una grave flebitis, que amenazaba su misma vida. La enferma, perdida la confianza en los hombres, pensó a cudir al patrocinio de Don Bosco. Tenía una imagen del Beato y la puso en su cuarto. Después un sacerdote le donó una reliquia del santo. Fue ésta la que provocó el milagro: con un acollador la aplicó en el muslo izquierdo sobre la rodilla. Despúes se adormeció. Apenas despertó palpó la pierna enferma, se hincha y de repente se acordó que la hinchazón había desaparecido completamente y que estaba libre de toda enfermedad. gritó a todos su alegría: "Estoy curada: Don Bosco me ha concedido la gracia". Los médicos constataron la desaparición total de la flebitis y reconocieron que la curación instantánea superaba todas las leyes de la naturaleza.

La curación de Caterina Lanfranchi se realiza en la basílica de María Auxiliadora de Turín, el 6 de Mayo de 1931. Caterinba sufría una larga enferm,edad que se agravó progresivamente. de 1905 a 1920, fueron afectadas las articulaciones de la rodilla. Se añade cefálea y vértigos con empeoramiento de las lesiones articulares. En 1929, la artritis, fuertemente agravadaa, impidió a la enferma ponerse en pie y caminar.
Empujada por la desesperanza, decide acudir a Lourdes, contra el parecer de médicos y parientes: Permaneció en la ciudad de María durante cuatro dias sin que se verificase ninguna mejoría. De Lourdes partió hacia Turín: los peregrinos llegaron a la basílica de María Auxiliadora, donde fue llevada también Caterina. Y ella misma describe lo que ocurrió en aquel momento: "Entré en la iglesia apoyada en mi hermana y en mi cuñada y vi de inmediato la urna del Beato Don Bosco. Me arrastré al banco que está ante la urna y me encontré de rodillas sin que me diese cuenta y exclamé: "Que bien me siento" y oré. No me acordé que estaba curada. Viendo al lado de la urna a Monseñor Prodoscimi, Director de la peregrinación, quise ir a saludarle y agradecerle, caminando por mí misma. Comprendí entonces que estaba totalmente curada. Me sentí plena de ganas de caminar: estaba cambiada por completo". Los expertos sentenciaron que Caterina Lanfranchi estaba instantánea, completa y definitivamente curada.
Maria de la Valle, afectada de un cancer de útero, tras haber rogado sin ningún alivioa María Auxiliadora y a varios santos, aconsejada por Don Dalmazzo, rector de San Juan Bautista, hizo la novena que sugería Don Bosco; el último día, 8 de Febrero de 1889, mientras parecía que iba a morir, tras haber recibido el Viático, tomó entre sus manos la fotografía del santo, le oró con fe y, tras una hora de descanso, se despertó totalmente curada, e inmediatamente se levantó y de inmediato hubiese ido a la iglesia a agradecérselo al Señor, su hubiese tenido alguna ropa que ponerse, pero no la encontró, ya que su familia la había repartido entre los pobres, tras repetir las declaraciones médicas que ella jamás se curaría.

Jean de Maurienne, en Saboya, desde finales de 1886 sufría por una grave enfermedad de pecho y desde 1889, se le unió una peritonitis tuberculosa, agravada por un tumor o un absceso en la sede del mal, que se abría y renovaba contínuamente y se redujo al extremo. Tras haber recibido la Extrema Unción, le fue aconsejado hacer, junto a la comunidad, una novena a Don Bosco: el penúltimo día tuvo una visión del santo que le prometió la curación y al día siguiente se curó instantáneamente.

Don Giuseppe Manaj, rector de Zerfaliu, diócesis de Orestano, atormentado desde hacía trea años por una fístola del ángulo izquierdo del ojo y complicada por una dacrioástitis crónica exacerbada, pocos meses tras la muerte de Don Bosco, se aplicó en el ojo un trozo de tela que había pertenecdio al santo, diciendo: "Oh Padre Don Bosco, que estáis en el cielo y como tal, haz que mi mal desaparezca". Al instante curó y, narrando el hecho, decía abiertamente: "Si no es un milagro la curación instantánea, no sé que pueda ser un milagro".

María Costantina Vorbe, sor de la Caridad en Vesoul, diócesis de Besaçon en Francia, gravemente enferma desde hacía ocho meses por úlceras internas en el estómagoo, que le procuraban vómitos de sangre y la obligaban a alimentarse sólo de leche, al octavo día de una novena al Siervo de Dios, se sintió inmediatamente curada, se levantó de la cama, comió en comunidad con las hermanas de congregación, volvió a las tareas de la cocina y todas las mañanas fue a pie en peregrinación a una capilla cercana.

El 1 de Abril de 1934 Pio Xl proclamó Santo a Don Juan Bosco. Lo habia declarado Beato el 2 de Junio de 1929. Para gloria de Dios y de la Iglesia.


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