Milagros en los Evangelios

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Los Evangelios Sipnóticos narran repetidamente que Jesús, en concomitancia con el anuncio del Evangelio, y como parte suya específica, ejercitó su acción benéfica y sanadora hacia los enfermos y necesitados, llegando a hacer a su favor, numerosos "milagros"; cosas tan maravillosas que los evangelistas las llamaban Potencias (dynámesis), es decir, Obras Potentes o "signos" (seméia) en cuanto a símbolos de realidades más profundas y una vez también "Milagros" (thaumasia), del que deriva el término "taumaturgo", es decir, el que obra maravillas.

Jesús hizo milagros estraordinarios no para su gloria, sino como propósito apologético; para confirmar la autenticidad de su misión divina. Los prodigios no son causa que obliguen a la fe, sino que ayudan a creer a los bien dispuestos y los confirma en su fe.

En los Evangelios están narrados las obras extraordinarias y los signos de Jesús por medios de extraordinarias curaciones. Los evangelistas nos advierten que Jesús hizo muchas más.

Curación de un leproso. Entonces se acercó a Él un leproso. Le suplicaba de rodillas y le decía: "Si quieres puedes limpiarme". Conmovido Jesús, le tendió la mano, le tocó y le dijo: "Quiero. Queda limpio". De inmediato la lepra le abandonó y quedó curado.

Curación física de un paralítico. "Bajaron la camilla sobre la que estaba echado el paralítico. Jesús, vista su fe, dijo al paralítico: "Hijo tus pecados te son perdonados. "Pues para que sepáis que el hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados, te ordeno - dijo al paralítico - levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Aquel se levantó de inmediato, tomó su camilla y ante los ojos de todos se fue: y todos se maravillaron y alabaron a Dios.

La tempestad calmada en el lago. Hubo una gran tempestad de viento y las olas sumergian la barca, tanto que se inundaba. Él estaba a popa, sobre una almohada, y dormía. Entonces lo despertaron y le dijeron: "¿No te importa que nos hundamos?". Levantose, amenazó al viento y dijo al mar: "Quieto, cálmate". El viento cesó y hubo una gran bonanza. Después les dijo: "Porqué tenéis miedo? ¿Aun no tenéis fe?. Y fueron presa de un gran temor y se decían entre ellos: "¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Curación de un endemoniado pagano. Mientras bajaba de la barca, de pronto le salió al encuentro de un cementerio, un hombre poseido por un espíritu impuro. Allí tenía su morada entre las tumbas y nadie había conseguido atarlo ni siquiera con cadenas, pues muchas veces había sido capturado con cepos y cadenas, y había despedazado las cadenas y roto los cepos y nadie conseguía dominarlo...Vio a Jesús desde lejos y se le echó a los pies y gritando, con grandes voces, dijo: " ¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios Altísimo?. Te conjuro en nombre de Dios a que no me atormentes". Él le dijo: "Sal, espíritu impuro, de este hombre"...Y los espíritus impros, tras ser echados, entraron en los puercos y la piara se precipitó al mar".

La resurrección de la hija de Jairo. Vino a Él uno de los jefes de la sinagoga de nombre Jairo, el cual, viéndolo, se le echó a los pies y le suplicó con insistencia: "Mi hijita está muriendo: ven a imponerle las manos para que sea salva y viva" ...Estaba aun hablando, cuando de la casa del jefe de la sinagoga vinieron a decirle: "Tu hija ha muerto. ¿Porqué molestas ya al Maestro?" ... Puso las manos en la niña, le dijo: "Niña, yo te lo mando, levántate". De repente la niña se levantó y se puso a caminar, pues ya tenía doce años. Fueron presa de un gran estupor.

La primera multiplicación de los panes para cerca de 5.000 personas. Desembarcando, vio a una muchedumbre y sintió compasión de ella, porque estaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles con calma. Se había hecho tarde y se le acercaron los discípulos diciendo: "El sitio está desierto y ya es muy tarde: despídelos, para que vayan a las aldeas cercanas y puedan comprarse algo de comer". Pero Él les respondió: "Dadles vosotros de comer". Le dijeron: "Doscientos denarios de pan no bastarian para que cada uno tomase un trozo". Pero Él les dijo: "¿Cuantos panes tenéis? Id a ver". Se informaron y dijeron: "Cinco panes y dos peces". Y les ordenó que se sentasen en grupo. Se sentaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos, recitó la bendición, partió los panes y se los dio a sus discípulos para que los repartieran entre todos. Y dividió los peces entre todos. Comieron hasta hartarse y llenaron doce cestos con las sobras de los panes y de los peces. Los que habían comido eran unos 5.000 hombres.

Jesús camina sobre las aguas del lago. Viéndolos cansados de remar porque habían tenido viento contrario, al acabar la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar y quería adelantarles. Ellos, viéndolo caminar sobre el mar, pensaron: "Es un fantasma", y se pusieron a gritar, porque todoslo habían visto y habían quedado alterados. Pero Él de inmediato les habló y les dijo: "Ánimo, soy yo, no tengáis miedo". Y subió a la barca con ellos y el viento cesó.

Curación en la región de Genesaret. Bajó de la barca y la gente lo reconoció de inmediato y, acudiendo de aquella región, comenzaron a traerles sobre camillas a los enfermos, donde oían que Él se encontraba. Y allá donde llegaba, pueblos o ciudades, sacaban a los enfermos a las plazas y le suplicaban tocar al menos la orla de su manto: cuantos la tocaban se curaban.

Curación de un sordomudo. Le llevaron a un sordomudo y le rogaban que le impusieran las manos. Lo tomó aparte, lejos del gentío, y le puso los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua; mirando hacia el cielo, emitió un suspiro y dijo: "Effatá, esto es" "Ábrete". Y al instante se le abrieron los oídos, se le desató el nudo de la lengua y habló correctamente".

Segunda multiplicación de los panes y de los peces. "Siento compasión de la gente, ya llevan tres dias conmigo y no tienen qué comer. Si los mandó en ayunas a sus casa, se les hará largo el camino, y algunos han venido de muy lejos". Les respondieron los discípulos: "¿Cómo conseguir saciarles de pan, aquí en el desierto?". les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis?". Dijeron: "Siete". Y ordenó a la gente sentarse en el suelo. Tomó los siete panes, dio las gracias, los partió, los dio a sus discípulos para que los repartieran, y ellos los distribuyeron entre la gente. También había algunos pescadillos: recitó la bendición entre ellos e hizo también distribuir el pescado. Comieron y se hartaron, u llenaron doce espuertas con los trozos sobrantes. Eran alrededor de cuatro mil personas.

El ciego de Jericó. El hijo de Timeo, ciego y mendigo, estaba sentado en la calle. Oyendo que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir: "Hijo de David, ten piedad de mí". Muchos le reprobaban para que callase, pero él gritaba aun más fuerte: "Hijo de David, ten piedad de mí". Jesús se detuvo y dijo: "Llamadlo". Y llamaron al ciego diciéndole: "Ánimo, que te llama". Él, quitándose el manto, se puso en pie y vino hasta Jesús. Entonces Jesús le dijo: "¿Qué quieres que haga por tí?". El ciego le respondió: "Señor, que vea". Y Jesús le dijo: "Ve, tu fe te ha salvado". Y de inmediato volvió a ver y lo seguía a lo largo del camino.

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