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MILAGRO EN CALANDA, ZARAGOZA
El milagro sorprendente

El 29 de Marzo de 1640, por intercesión de la Virgen del Pilar, Patrona de Zaragoza, en el pueblo de Calanda, a un joven campesino le fue restituida, de repente, la pierna derecha; amputada dos años y pico antes y enterrada en el cementerio del hospital. Luego, tras un largo y exhaustivo examen de los archivos de los lugares afectados, el periodista Vittorio Messori nos presente, en una reciente edición, la narración del sorprendente milagro.

Miguel Juan Pellicer tiene alrededor de veinte años, cuando al inicio de 1637, se traslada, desde Castellón de la Plana, a unos 60 Km de Valencia, al pueblo de Calanda, donde había nacido en una familia tan pobre como numerosa; allí trabajó como bracero junto a un tio materno, Jaime Blasco. Un día de finales de Julio de 1637, mientras conduce un carro agrícola de dos ruedas cargado de grano, cabalgando en uno de los mulos de tracción, quizás por un golpe de sueño, cae a tierra y una de las dos ruedas le pasa por encima de la pierna derecha, bajo la rodilla, fracturándole la tibia.

Recibe las primeras curas en Castellón, y después su tio le acompañó al hospital de Valencia, donde se queda sólo cinco dias: decide ir a curarse a Zaragoza, que dista 300 Km: el viaje dura cincuenta dias. Antes, sin embargo, se detuvo en el famoso santuario de la Virgen del Pilar: aquí se confiesa, recibe la Eucaristia y se encomienda a la Virgen.

A su llegada, el encargado del hospital, profesor Juan de Estanga, con sus colegas, comprueba que la gangrena es grave u que la única cura posible, para salvarle la vida, es amputarle el miembro. La operación se realiza a mitad de Octubre. La pierna, según la costumbre de la época, es enterrada en un departamento separado del hospital. Pellicer queda ingresado hasta la primavera de 1638, con una pierna de madera y muletas. Durante los dos años siguientes, vive como un mendigo junto al santuario de la Virgen del Pilar de Zaragoza. Cada tarde, unge el muñón de la pierna con un poco de aceite de las ochenta lámparas que ardían contínuamente en la Capilla de la Virgen, convencido de obtener, de esta manera, la ayuda de María. En marzo de 1640, el galeno de Calanda, D. José Herrero, lo convence para que vuelva al pueblo natal, asegurándole el afecto de sus familiares. Pellicer decide regresar a Calanda junto a sus padres.

La noche del 29 de Marzo, tras una frugal cena, se va a dormir a un catre provisional, ya que su cama estaba ocupada aquella noche por un soldado de la guarnición de Calanda. Duerme profundamente. La madre, hacia las 23 horas, con la lámpara de aceite, entra en su cuarto donde su hijo duerme y "siente un perfume que jamás antes había sentido antes", y vio a Miguel qque no tiene un sólo pie, sino dos "cruzados" puestos en cruz, como dirá luego en el proceso. El hijo, despertado, narra que estaba soñando que se encontraba en el santuario del Pilar frotándose la pierna con aceite bendecido. está convencido que lo ha curado la intercesión de la Virgen del Pilar.

La noticia se difundió inmediatamente por Calanda y la gente acudió hasta de los pueblos cercanos para ver la pierna. El Juez de Paz, asistido por dos cirujanos, examina a Pellicer y redacta un informe a sus superiores. Marco Seguer, párroco de Mazaleón, en el Domingo de Ramos, va a Calanda, acompañado del Notario Real Miguel Andréu. El Funcionario regio redacta una Declaración Jurada del testimonio de diez personas.

A requerimiento de las autoridades Comunales, se instituyó una investigación fromal para verificar la autenticidad del hecho. El proceso presidido por el arzobispo monseñor Pedro Ramírez, se inició el 5 de Junio y prosiguió alrededor de un año. Declararon veinticuatro testigos seleccionados entre los de más confianza.
El arzobispo de Zaragoza, el 27 de Abril de 1641, dictó sentencia en la que se reconoció oficialmente la autenticidad del milagro. De los informes resultó que la pierna aparentaba ser la misma que había sido amputada dos años y medio antes: se reconoció por algunos rasguños y cicatrices preexistentes y cuando en el hospital de Zaragoza se quiso exhumar la pierna primitiva resultó que la fosa estaba vacia.

La sentencia es categórica: "Declaramos que a Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda, le fue restituida milagrosamente la pierna derecha, que con anterioridad le había sido amputada; que no ha sido un hecho obrado por la naturaleza, sino un portento admirable; que se debe juzgar como milagro, según todas las condiciones requeridas por el Derecho..." El texto de la sentencia está en latín.

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