Milagros en Loreto

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A continuación exponemos algunos milagros acontecidos por la intercesión de Virgen de Loreto.

Parálisis en los miembros inferiores
En 1936, Sala Adolfa, de 36 años, de Como, fue afectada por dolores en la columna vertebral y por una parálisis en las articulaciones inferiores que le obligó a guardar cama permannentemente. La parálisis se extendió a los miembros superiores y a los músculos del cuello que la hicieron incapaz de mover la cabeza y el tronco. Los médicos de Como y de Milán utilizaron todos los recursos terapéuticos disponibles, sin que hubiera resultados apreciables. Adolfa depositó todas sus esperanzas de curación en la Madre Celestial y su fe la llevó en 1937 en peregrinación a Lourdes, sin ningún resultado.
En Septiembre de 1939 Adolfa peregrina a Loreto, con los enfermos de Lombardia. En La Misa de la mañana celebrada en el santuario, la enferma advierte una sensación de intenso calor primero en la pierna y luego se extiende a todo el cuerpo, regalándole la calma y el bienestar general. Todo sufrimiento desapareció y entonces, empujada por una fuerza interior se levanta de la camilla y sentada allí recibe la Comunión. El médico de la peregrinación constata la curación efectiva. Sala Adolfa ha sido liberada de todos sus males y la curación fue permanente.

Curación de una tuberculosis vertebral
Giacomina Cassani, en 1930, a los 16 años, comenzó a sentir dolores en la columna vertebral. De los exámenes clínicos resultó un tumor en los resortes elásticos del muslo izquierdo. Inmediatamente se le ingresó en una clínica de Parma y posteriormente trasladada al Hospital Mayor para curar el acceso con contínua pus: le fue también implantado un busto ortopédico, sin ningún resultado.
El 9 de Septiembre de 1939, Giacomina, en contacto con la peregrinación de Emilia, va a Loreto y participa en carrito en todas las celebraciones. Al tercer día, y con los demás enfermos ante la Basílica, al pasar el Santísimi Sacramento, acusa dolores punzantes en la columna vertebral. Terminado el servicio religiosos, comienza a sentirse más aliviada hasta experimentar un bienestar general y tiene la impresión de estar curada por completo. Cuando se retira a su cuarto, siente el fuerte deseo dequitarse el busto, pero la enfermera no se lo permite. A la vuelta, apenas llega a Parma acude a la Casa de cuidados, y allí, sin sombra de dudas, aceptan su curación real, que resulta permanente.

Poliartritis deformante crónica
Giuseppina Comaschi, en Rossi, Mantua, a los 40 años empezó a sentir dolores articulares,que la obligan a encamarse, junto a una anemia perniciosa y a poliartritis crónica primitiva.
En Agosto de 1939, su médico, el Dr. Sandri, extendió un certificado en el que describia la situación de la paciente: de hecho, fue una pérdidda grave de masa muscular hipotónica, una anemia acentuada, con dolores extendidos hasta los brazos y las manos. Su enfermedad era total, no se sostenia en pie y no podía caminar. En Giuseppina surgió un gran deseo de visitar a la Virgen de Loreto y la peregrnación se concretó en Septiembre de 1939. Así narra Giuseppina aquella experiencia: "Por la mañana me llevaron a la Misa del Santuario. Tras la Comunión me sentí mal: creí morir. Pensaba pedir ayuda, cuando me envolvió un calor extraordinario, que me trajo luego un bienestar jamás experimentado. En aquel instante sentí fuerza para levantarme y caminar. Me llevaron luego a Casa donde al oir el Verbo se hizo carne, experimenté un éxtasis dulcísimo. No dije nada de lo que me habia pasado. Por la tarde, durante la bendición eucar`stica, la gracia se completó. La noche siguiente dormí profundamente. Por la mañana lo hice yo misma. Todos notaron mi curación: la gente de la peregrinación me rodeó y me llevó con aires de triunfo. Los médicos de Loreto declararon al unísono mi curación total. El regreso fue igualmente triunfal".

Fractura de la bóveda craneal
El 23 de Octubre de 1934, Bruno Baldini, de Florencia, mintras recorría en su ciclomotor la circunvalación de la ciudad, fue víctima de un accidente. Ingresado en el Hospital de Santa María la Nueva, los exámenes clínicos revelaron una grave lesión cerebral. En Julio de 1935 se quedó completamente mudo y con dificultades motoras, hasta el punto de moverse sujetándose a las paredes domésticas. Un día, Baldini, tuvo un sueño en el que una voz clara le decía que peregrinara a un Santuario y esperara. Fue a Loreto aprovechando la peregrinación de los enfermos que estaba programada para aquellos dias: llegado al albergue, mientras dormía, oye en su sueño la misma voz que oyó con anterioridad y que le dijo: Levántate y habla. Me desperté de repente y me levanté de la cama. Se encontró con el Sr. Giusti, de la habitación contigua y le gritó: ¿oyes? Hablo, puedo hablar. Nadie puede imaginar lo que sentí al volver a oír mi voz despues de cuatro años. creía haberla perdido para siempre. Todos los peregrinos se unieron a Baldini en su agradecimiento a la Virgen por la sanación milagrosa concedida.

Peritonitis tuberculosa
Carlina Sacchi, describe así su enfermedad: comencé a sufrir a los siete años. Enfermiza llegó a los dieciséis, cuando se complicó con una pleuresia bilateral de la cual no se curó por completo. Tuvo cinco intervenciones quirúrgicas, entre ellas el estómago ypor último una peritonitis tuberculosa. Pero el mal sólo tuvo paradas cortas. Jamás perdí el ánimo. Tuve una singular devoción a la Virgen desde jovencita, cuando perdió a sus padres. En 1932 fue a Lourdes donde sintió mucho consuelo espiritual y algo de bienestar físico. Tras el baño me sentí completamente renovada. Al año siguiente volví a Lourdes y en la oración oí una voz que me dijo: Lina, si quieres curar, ven en camilla y sola. Estaba convencida de que me hablaba la Virgen. Por eso, le manifestá a su familia el deseo de ser llevada al Santuario de la Virgen. Elegí la Casa de Loreto. El 18 de Septiembre de 1936 partí en tren el tren lombardo de los enfermos, esta vez en camilla y sola. El mal no habia cesado de atormentarme. Mi único consuelo fue la contínua oración. Participé en la Misa de la Basílica: luego esperé mi turno para entrar en la Santa Casa. Entré y le dije directamente a la Virgen: Estoy aquí como Tú querías, en camilla y sola. En aquel mismo instante un escalofrio me recorrio por completo y me encontré sentada en la camilla. Comprendí de inmediato un gran cambio en mí y que la Virgen me había curado. Mi sufrimiento había desaparecido. La Oficina Médica de Lourdes no hizo sino confirmar la curación total, que fue estable.

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