Milagros en Pompeya

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Pierna privada de movimiento
Una nena de ocho años, natural de Molfetta, de nombre Maria Petroni, vive en Lecce; en el orfanato para sordomudos gestionado por las Hermanitas Salesianas. La capilla de Instituto está dedicada a la Virgen de Pompeya. La niña sordomuda tuvo de repente una fuerte enfermedad en la rodilla derecha. Los médicos diagnosticaron una de las más terribles manifestaciones de escrófula o tumor blanco. Fue operada sin éxito, a pesar de haber perdido completamente el uso de la articulación. Los médicos dispusieron amputar la pierna. Una religiosa, también sordomuda, aconsejó a la pequeña encomendarse a la prodigiosa Virgen de Pompeya. La chica ya lo hacía y respondió: "La Virgen tiene la cabeza muy dura y no quiere hacerme el favor".
Era el 24 de Mayo de 1889, sonaban las dos de la tarde y la pequeña estaba sentada y triste con las muletas a su lado, mientras miraba a las amiguitas que jugaban alegres. La religiosa sordomuda, empujada por una gran fe, lanzó las muletas al aire y dijo a la pequeña María: "Camina, la Virgen de Pompeya te hará caminar". La niña siente de inmediato una nueva fuerza que recorre sus miembros, las piernas se mueven: corre. Está completamente curada. Sube con agilidad las largas escaleras. Todo el mal ha desaparecido. Exulta de alegría y con María toda la comunidad exulta. El hecho se publica en el periódico de Pompeya - octubre de 1889 - con referencia al médico cuidador - Dr. Fiocca de Lecce - y con una relación de testimonios.

Parálisis en las piernas
Angela Massafra, de 24 años, residente en Manduria, provincia de Taranto, hacía tres años que guardaba cama. Padecía parálisis y llagas hasta el punto de haber agotado todas sus fuerzas. Los médicos la habían desahuciado: según su parecer su mal era incurable. La enferma se preparó para la muerte y recibió la Unción de Enfermos. Sin embargos, jamás abandonó la devoción al Rosario de la Virgen de Pompeya. La tarde del 29 de Junio de 1888, vio a una señora con vestiduras blanquísimas entrar en su cuarto y presentarse como la Virgen del Rosario de Pompeya. Con inefable bondad se quitó el velo del rostro y él secó a la enferma, la que, presa de santo temor, no supo balbucear palabra. La Virgen después desaparece. La mañana siguiente, antes de los Quince Sábados del Rosario, Angela descubre que está totalmente curada: mueve las piernas atrofiadas desde hacía 3 años, con el estupor de todos, camina, se viste sola y vuelve a la vida. El médico cuidador - Dr. Massari - tras alguna hora, la ve y exclama estupefacto: "Milagro, milagro". El hecho milagroso se extiende por toda Manduria entre el aplauso de la gente y luego es publicado en el periódico Rosario y La Nueva Pompeya - septiembre 1889 - con certificado del médico cuidador y del párroco de la ciudad.

Esclerosis de la médula espinal
Sor Maddalena pertenece a Las Hermanas del Buen Pastor de Posillipo. En Abril de 1890 es afectada por una gran enfermedad en las piernas, tanto, que sólo tras dos dias ya no puede caminar: no puede estar de pie, ni en cama. Los médicos sospechan una parálisis, luego especifican el mal: una esclerosis en la médula espinal que puede llevarla a la tumba. Cuenta la paciente: Me he encomendado a muchos santos sin resultado. Por sugerencia de la Madre Vicaria, acudo a la Virgen de Pompeya. Comenzó los quince sábados del Rosario. Renové las tres novenas a la Virgen y esperé mucho... La tarde del 24 de Julio, para respirar un poco de aire, me llevan a la terraza, donde la madre Vicaria me consuela con sus palabras, entre las que me dice: "La Virgen de Pompeya te concederá la gracia". Aquella noche dormí serena. Apenas despierto siento una nueva fuerza en mí. Me levanto de la cama y me visto. Estaba curada instantáneamente. Salgo de la celda y fuera de mí, por la alegría, me pongo a correr por el corredor y grito: "La Virgen de Pompeya me ha concedido el favor. Estoy sana: Milagro".

Pleuresia tuberculosa
Es un médico que testifica el prodigio de la propia curación, el Dr. Vicenzo Mangia de Policastro: La enfermedad que padecia comenzó a supurar en la parte anterior al cuello; por lo que me sometí a una dolorosa operación... Estaba mejorando cuando fui presa de una pleuresia exudativa. Varios profesores consultados confirmaron por unanimidad la pleuresia tuberculosa. El mal se propagó rápidamente a los pulmones, con fiebre, hemoptisis, llagas por decúbito, adelgazamiento extremo: todo hacía pronosticar mi fin. Mi compañero de estudios, Dr. Gregorio Falconi, dijo públicamente a los amigos: Todos los recursos de la ciencia están agotados. la muerte es segura. Llega el 22 de Junio de 1890: la agonía avanzaba a pasos agigantados. Mi hermana Marianna leía en el periódico del Santuario de Pompeya, los favores concedidos por la Virgen. Yo besaba contínuamente las rosas bendecidas en el mismísimo Santuario. Repentinamente cesaron todos mis sufrimientos: la fiebre, la tos, el espurgo. Todo cesó en un flash. Todos gritaron el milagro por una enfermedad previamente declarada incurable, que resultó total e instantánea. La ciencia humana no podia haber llegado a tanto.

Curada de la tisis
Sor Silvia Manzella cuenta su prodigio: "El 13 de Enero de 1906 fuí presa de fiebre acompañada de sudores, tos, dolores en la espalada y en el pecho, y que presagiaban algo grave para una constitución frágil como la mia. Se analizó el esputo y del examen resultó los bacilos de Koch. Mientras el mal avanzaba, las hermanas de congregación me animaban a rezar a la Virgen de Pompeya para obtener la curación. Empecé entonces los Quince Sábados de la Santísima Virgen de Pompeya: mis estudiantes oraban también con vivísima fe y gran fervor. se pedía una gracia extraordinaria, un verdadero prodigio: pero, ¿tiene límites la misericordiosa Fuerza de María?. En este tiempo, la fiebre iba remitiendo, la tos disminuia poco a poco, la expectoración desaparecia totalmente. Al término de los Quince Sábados se mandó de nuevo lo expectorado al gabinete técnico y el resultado fue mejor porque raramente se encontraban bacilos. Se recomenzaron los Quince Sábados, cumplidos los cuales,mi buena madre superiora quiere un tercer análisis del esputo y, oh estupor: el resultado esta vez es completamente negativo. Para mayor seguridad se requiere también el examen del laboratorio del hospital: se obtuvo el mismo resultado negativo. El primer Domingo de Octubre, fiesta del Rosario, completamente sana, pude reunirme con mis hermanas de congregación y alumnos en agradecimiento a la Virgen del Rosario de Pompeya. No he vuelto a padecer de nada. he superado un invierno rigurosísimo con perfecta salud y muy recuperada ante es estupor de quien me ve. Nos sentimos fervorosos: infinitas gracias a la gloriosa Madre de las Misericordias y Reina de las Victorias. Palermo, 23 de Enero de 1909. Sor Silvia Manzella Sierva de los Pobres (El Rosario y la Nueva Pompeya. Año XXVll).

Curación extraordinaria
Sor Maria Prunetti narra su propia curación: Para mayor gloria de Dios y de la celestial Reina, les envio la experiencia de mi portentosa curación obtenida, adjuntando el certificado médico por el que se revelará la grave enfermedad de la que estuve afectada. Perdida toda la esperanza de sanación desahuciada por los médicos y resignada a la divina voluntad, a los 28 años, ya había hecho el sacrificio de mi vida. No obstante, comencé los Quince Sábados a la Santísima Virgen del Rosario de Pompeya. El 6 de Agosto me sentí empujada por mayor fe a dirigirme a tan poderosa Reina: Querida mamá - le dije - San Estanislao, con motivo de vuestra gloriosa Asunción, os suplicó ir al paraiso para celebrar allí esta solemnidad, y fue escuchado por Vos: yo no me atrevo, por mi indignidad, a pedir tanto, pero si es confome a vuestra santa voluntad y a la de Jesús, os pido la gracia de la salud para poder servir a la Comunidad Religiosa de la que formo parte. En ese mismo momento, no sé explicar lo que pasó en mí. Una voz celestial habló a mi pobre corazón y la oí decirme: Te quiero curar. Tú, luego, corresponde a la gracia. El milagro había ocurrido. De mis ojos salían lágrimas de alegría...Aquel mismo día pude asistir a las Horas Canónicas y tomar parte en la mesa común: tras pocos dias regresé a los ejercicios comunes, abandonados durante cinco años. En una palabra, gracias a la celestial Benefactora estoy completamente curada. Todas mis hermanas de congregación no cesan de aplaudir el milagro. No me queda sino corresponder a la gracia recibida. Siena. Monasterio de la Virgen junto al Refugio N. 2. 4 de Dicimbre de 1904. Sor Maria Caterina Prunetti Benedictina.


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