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Hoy hablar de milagros significa remover un pasado sepultado en el tiempo por montañas de escombros, producidas por la más ciega racionalidad, que nada tolera sino la autocelebración de su presunta omnipotencia de juicios creidos infalibles. En el nombre de tal racionalidad se ha llegado a la negación de cuanto no se pueda ver, tocar o sea inmaterial: en esta visión no tienen cavida sentimientos ni lo que pertenezca a lo espiritual.

Desde muchos sitios se afirma que a la verdadera fe no le acontecen milagros, porque en creer está resumida toda certeza. Y es verdad: aunque el reto que toda persona debe superar está en las dudas que a veces le asaltan. ¿Cómo es posible creer en lo que no se vé? ¿Es auténtica mi fe?. La respuesta: ¿estoy dispuesta a creer a cualquier precio?.

A la pregunta: "¿eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?. Responde Jesús: Id y contad a Juan: los ciegos recuperan la vista, los ciegos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio" (Mt 11, 3-5). A la pregunta: "¿Eres el Cristo? Dínoslo abiertamente. Jesús les responde: os lo he dicho y no me creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, dan testimonio de mí... Pero si las hago, aunque no me cráis, creed en las obras: así empezaréis a comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre" (Jn 10, 25-38).

Dios Padre daba testimonio y acreditaba a Jesús a través de los prodigios que atestiguaban Su Omnipotencia. Las palabras se las lleva el viento, pero las obras permanecen. Nadie puede negar la evidencia, debiendo rendirse a la realidad de los hechos. En aquellos tiempos, los escribas que eran los altos cargos de Jerusalén decán: "Éste está poseido por Belcebú y echa a los demonios por medio del jefe de los demonios" (Mc 3, 22). Acusación ridícula que demuestra las chorradas que se llegan a inventar para negar la evidencia.

Hoy pasa exactamente lo mismo. Varias comisiones de expertos en diferentes materias reconocen que a nivel científico no existe explicación alguna que explique las curaciones instantáneas. Argumentan que será posible explicarlas en un futuro. Los menos racionalistas sostienen que las curaciones no pueden obtenerse con la intervención divina. Los creyentes estamos seguros que los milagros son posibles y llegan mediante la oración de súplica, por la intervención de María Santísima, Los Santos, etc. Así lo demuestran los casos documentados en Lourdes y en los demás Santuarios esparcidos por el mundo.

Santo Tomás dice: Milagro es lo que Dios hace fuera del orden de toda la naturaleza creada cosas tan insólitas que provocan maravilla y que los evangelistas llaman potencias (Dynámesis), obras potentes, o bien signos (semêia) en cuanto a símbolos de una realidad más profunda.

La valoración de la veracidad de una presunta intervención divina es doble: teológica y científica. La teológica tiende a estudiar en los hechos la comprobación de un milagro, valorando si la intercesión está verificada desde el momento en que la curación ha tenido un carácter extraordinario. Es indispensable, así como que obtenga el previo juicio científico de expertos en medicina: los especialistas, individual o colegiadamente, son llamados a declarar, si una curación concreta es verdaderamente inexplicable a la luz de la ciencia médica actual. Para que la sanación sea considerada milagrosa, debe ser constatada científicamente, espontánea y duradera.

Los milagros, signos que Jesús hacía, eran ante todo para confimar su misión mesiánica u los milagros están en estrecha conexión con la Palabra de Dios revelada. El milagro es un signo de Su presencia y de Su actuar; está íntimamente ligado a la fe. la fe precede al milagro, aunque no es premisa para su realización.

En los Evangelios son varios los textos en los que la llamada a la fe aparece como condición indispensable y sistemática de los milagros de Jesús. Él mismo refiere más de una vez que los milagros que hace están ligados a la fe. "Tu fe te ha salvado, dijo a la mujer que sufría hemorragia desde hacía doce años Y al ciego que regresó para agradecerle su curación: levántate y vete. Tu fe te ha salvado" (Lc 17, 11-19). "Al ciego de Jericó que imploraba a Jesús recuperar la vista, Jesús le dice: Vé. Tu fe te ha salvado" (Lc 18, 35-43). La fe es indispensable: el amor de Jesús es propenso a oír los requerimientos de los necesitados que a Él acuden para que les socorra con su poder divino.

Si el milagro es un signo de la potencia y del amor de Dios, es a la vez una llamada del hombre a la fe, para llevar a la fe al beneficiado por el milagro, o por el testimonio del mismo.

"En verdad, en verdad os digo: quién crea en mí, hará las obras que yo hago y las hará aun mayores que éstas, porque yo voy al Padre. Cualquier cosa que pidáis en mi nombre os la concederé, para que el Padre sea glorificado en e l Hijo. Sí pedís cualquier cosa en mi nombre, os la concederé" (Jn 14, 12). "Muchos signos y prodigios se hacían entre el pueblo por los apóstoles. Mientras, crecía en número de hombres y mujeres que creían en el Señor, tanto, que sacaban a los enfermos a las plazas" (Hech. 5, 12-15).
Se hicieron milagros esencialmente por dos motivos. El primero con la finalidad de dar signos seguros e inequívocos de la santidad de determinada persona. Segundo, para garantizar la ortodoxia de la doctrina practicada.

"Siempre hay suficientes luces para el que quiera creer y suficientes sombras para el que quiera dudar" (Pascal) "Quién cree en los milagros lo hace porque tiene pruebas a su favor. Quién los niega es porque tiene una teoría contraria a ellos" (Chesterton).

Hojeando las siguientes páginas podremos conocer la realidad de muchos milagros contenidos en los Evangelios o realizados en distintos Santuarios marianos del mundo,los prodigios obrados en los hechos de los Apóstoles o por santos que obraron por medio de Jesús: al final, algunas conversiones extraordinarias que han cambiado a quién ha experimentado el toque de la mano de Dios. También tú podrás abrir el postigo de la vente hacia lo invisible, para dar cabida a los signos de Dios que pueden empujarte hacia la fe.

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