Santuario de Oropa

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Hasta pronto

Oh Queridísima Mamá Celestial, que quisiste venir a Oropa desde los albores del Cristianismo por medio de tu amado Siervo San Eusebio, hemos visitado, hojeando las páginas de tu espléndido Santuario.

Nuestra Señora de Oropa

Hemos visto como tu amorosa protección fue deshaciendo nudos a través de los siglos, derramándose en manera creciente, conmovedora y como rocío de agua dulce, sobre cada fiel, pero también sus pueblos, su ciudad, deteniendo hasta cataclismos y contagios. Nunca hiciste diferencia entre ricos y pobres, endemoniados o cabezas coronadas. Acogiste a todos entre tus amorosos brazos para decirnos: Yo estoy aquí.

La humanidad, desecha por las guerras, mordida en la carne por el dolor, te ha implorado, te ha suplicado, pero sobre todo te acogió en su corazón porque sabía que con tu llegada, para llenar de amor el corazón, traías también a tu Hijo Divino.

Como vimos en parte, porque nunca ningún libro podría contener tu obra abundante, has cambiado las leyes de la naturaleza, has sorprendido, has maravillado con Gracias y Milagros, que eran signos tangibles de tu presencia. Lo hiciste ayer, pero pretendes hacerlo también hoy, no obstante nuestra racionalidad y poca fe.

Tus manos están llenas de dones que pocos te piden y a ti no te queda otra cosa que llorar. ¿Cómo se puede dudar de tu Poder? Tu que en Caná dijiste a Jesús: "Qué he de hacer Contigo, oh mujer? No ha llegado todavía mi hora. La madre dijo a los siervos: Hagan lo que Él les diga." Jesús, cumpliendo su petición dio inicio a sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él. Sí, Jesús no sabía resistir a sus amorosas peticiones.

Recorremos a tu amparo. Purificamos nuestro corazón de nuestros pecados, que nos vuelven indignos; elevamos a Ti, Sierva del Señor, oraciones llenas de confianza, humildes, llenas de amor y Tú nos extenderás con júbilo Tus favores. Pueden ser sanaciones o hechos que superarán las leyes ordinarias, pero siempre en ellos estará la conversión del corazón.

Nosotros te saludamos, agradecidos por tu dulce presencia entre nosotros, por tus oraciones y cuidados maternales y premurosos.
Concientes, Oh María, que tenemos necesidad de Ti.

Eres en verdad beato, oh Santa Virgen, aquél sobre el cual se posan tus ojos.

Oración

Oh María, Madre mía dulcísima, dulce refugio de pecadores,
Te ruego por aquel dolor que probaste al asistir
a la muerte de Tu Hijo en la Cruz,
asísteme con Tu Misericordia
cuando mi alma deba dejar este mundo.
Aleja de mí alos espíritus del infierno,
ven Tu a tomar mi alma y a presentarla al Juez Eterno.

Reina mía, no me abandones. Sé Tú, después de Jesús
mi consuelo en aquél terrible momento.
Ruega a Tu Hijo que me conceda, por Su Bondad,
morir abrazado a Tus pies
y de expirar mi alma dentro de Sus llagas, diciendo:
"Jesús y María les ofrezco mi corazón y alma mía".

Los hechos que hemos narrado, la historia del Santuario y los milagros, están todos documentados en el Santuario o en la Diócesis de Biella.

Para quien desee profundizar, existen dos libros que tratan estos temas en modo más profundo. El primer volumen se titula: "Gracias y Milagros de la Virgen de Oropa" del Can. Basilio Buscaglia; el segundo volumen es: "Oropa y San Eusebio" de P. Emanuele y M. Scaltriti.

Volvemos a invitar

Si la oración ha despertado un mínimo interés, como medio único e indispensable, para establecer una relación con Dios, la Virgen María, Jesús y reestablecer una relación armónica con tu cuerpo y en las relaciones interiores de la sociedad, acepta la invitación de Jesucristo, pincha aquí encontrarás a un maravilloso grupo de oración hecho adrede para tí. Podrás, desde tu cuarto, unirte espiritualmente a muchos estupendos hermanos esparcidos por los cinco continentes, y tu vida cambiará.

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