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Sumario Primera meditación

Según la enseñanza de la fe, la muerte es "unión de luz" y de revelación: lo creemos porque, ignorando la luz del mundo, no entramos en las tinieblas del vacio. a la muerte, le sigue la aurora del día eterno.
Escribe San Pablo a los Corintios: "Vendrá el Señor e iluminará lo que las tinieblas esconden y serán manifestados los sentimientos del corazón".
Este es el salto de la luz de este día de justicia, de nuestros sesnta y pico años de existencia: una libertad sin fin para nuestras acciones, las une unas a otras con todas sus particularidades: una libertad fecunda de la que cada granito de arena contiene un elemento de eternidad.
Claras y vivas serán las faltas que ahora apenas recordamos y qué pequeñas parecen ahora. Cuán llenas de maldad las culpas que no parecían tal: sobre todo una gran cantidad de gracias desaprovechadas
Pensamos como G. Faber: "Son pocas las cosas que se pueden mirar con sangre fría en punto de muerte, y qué poco nos sorprende la negligencia en la oración".

Otra lección de la muerte. Si queremos evitar amargas sorpresas, en aquella definitiva hora, empecemos a considerar y juzgar cada cosa bajo la luz de la eternidad, según la palabra cruda y dura, sin comentarios, de la vida eterna, ignorando las teorías mundansa o el capricho de la pasión momentánea.
Una de las reglas que han llevado a la más alta perfección a San Luís Gonzaga ha sido, enn concreto, ésta ¿me servira ésto para la eternidad?
Por eso, hagámonos juntos esta pregunta "¿Cómo veré esto a la hora de la muerte?¿Cómo juzgaré este efecto?...". Vivir de fe.
He aquí la realidad que la muerte nos repite: "Piensa, con frecuencia, en que se fundamenta tu vida".

Es la hora de Satanás. Otro pensamiento hace más temida a la muerte: la urgente necesidad de prepararnos durante el tiempo de paso.
Cuando la muerte está al acecho, ciertos espíritus malvados vienen con ella; es hora es un tiempo y lugar hecho adrede para sus propias maquinaciones. Y no es una manifestación gratuita, sino una verdad cimentada en la fe y en la experiencia de los Santos.
La Iglesia, en la invocación a la Madre celestial, nos invita a orar insistentemente por la hora presente, sin olvidar la de la muerte. En la plegaria por los moribundos, ella nos hace decir: "De los asaltos del demonio, libera este infierno, Oh Señor".
San Roberto Bellarmino, con gran cantidad de ejemplos extraidos de la historia de la vid cristiana y de los mismos santos, nos asegura que en aquél momento, el enemigo estará a nuestro lado para iniciar el ataque a nuestra alma. El primer golpe será para la fe, la esperanza y la caridad.

Las tentaciones contra la fe, la esperanza y la caridad son especiales en la muerte. Sobre estos puntos será más encarnizado el ataque de Satanás; pero luego seguirán las otras: volverán quizás ciertas tentaciones que han sido más insistentes y violentas en vida...y que tal vez nosostros mismos nos hemos procurado con lecturas, discursos, miradas y que muy lánguidamente quizás las hemos despachado.
Todavía el P. Faber: "La muerte en las tentaciones es una muerte terrible, si bien es una muerte bastante común. Ella es, con mucha frecuencia, el final de una vida descuidada, negligente en las pequeñas cosas, lo toma todo a la ligera, que fácilmente se acomoda con Dios y vive sin reverancia ni respeto".
Nos daña ya tanto fastidio con las tentaciones, la lucha contra su maligna insistencia que ensombrece muchos de nuestros dias: la simple duda del consentimiento nos asusta etc. y nos hace correr al Confesor para recuperar la tranquilidad y seguridad de conciencia. ¿Cuál será el susto que probemos entonces, cuando a la de los otros temores se añada el de un consentimiento que prejuzgaría en el último instante, nuestro destino eterno?. A fin de cuentas, reflexionemos pues una mala muerte tras una buena vida es un hecho triste, pero posible.

Es también la hora de Dios. Los pensamientos que hemos expuesto acabarían si generásemos en el alma una ola de excesivo miedo como si no tuviésemos en compensación otra novísima certeza, que es la muerte es también ante todo la hora de Dios, la hora del Padre de todas las misericordias. Leámos a G. Faber: "La muerte no es sólo el final de la vida, es también la confluencia del tiempo con la eternidad, el pasillo de la Gracia a la gloria: un castigo divino convertido en operación nacida de la Gracia".
La muerte del fiel cristiano ha sido definida exactamente como "Una isla perdida en un océno de Gracia". Si el demonio estará a nuestro lado para agotar hasta el último de los odios, con seguridad Dios está cerca de nosotros para hacer brillar las artes de su amor divino.

Sigue G. Faber: "La más pequeña de las criaturas jamás ha sido abandonada a sí misma, pues estará rodeada de la misericordia de Dios en aquél momento".
Razonablemente, se podría dudar de esta lucha suprema entre el espíritu del mal y el del bien: "El triunfo SIEMPRE ES de éste último".
Confiémos y exhaltemos nuestra confianza y nuestro amor, enumerando las misericordias con las cuales el Padre rodea el lecho de los fieles moribundos y dispongámonos a alabarle con albricias.
Sobre su Padre Espiritual, Santa Margarita María nos revela esto: "Los laicos encontrarán, sobre todo, en este Sagrado Corazón un lugar de refugio en vida y especialmente en la hora de la muerte. Qué dulce es morir para el que ha vivido una tierna y constante devoción al Sagrado Corazón de Jesús".
En la carta de la Santa al Padre Croiset, escribe: "A todos los que se consagraren a Él y se esforzaren en complacerle, devolviéndole y procurándole todo amor, honor y gloria, según los medios por Él mismo donados, promete que no permitirá jamás que perezcan y será para ellos refugio seguro contra todas las insidias de los enemigos, especialmente en la hora de la muerte, este Corazón divino lo acogerá amorosamente, poniendo en seguro su salvación".


Segunda meditación

"Dios nos lo ha asegurado".

Dios no ha mandado a su hijo al mundo para juzgarlo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. A Santa Margarita María, reafirmando su amor por los hombres, manifestará Su propio Corazón para apartar a los hombres de la vía de la perdición en la que Satanás les precipita y traerlos así a su salvación.
Las palabras de Jesús a la Santa son éstas: "Mi Corazón está tan apasionado por los hombres... que quiere manifestárseles... para enriquecerles de Gracias santificadoras y saludables y para retirarles del abismo de la perdición". Entonces, volvamos a reafirmarnos con la confianza de ser escuchados, y volvámos a dirigirnos a Aquél Corazón. Repitámos juntos: "Por tu misericordia, sálvanos Señor".
  1. Por el mundo que se ha alejado de Tí. Por los hombres a los que Satanás ha seducido otra vez para que no creamos en Tu Palabra y prestémos atención a las suyas. Nosotros te rogamos.

  2. Por las naciones que te ignoran o combaten. Por los movimientos que llevan a los jóvenes lejos de Tu Evangelio. Nosotros te rogamos.

  3. Tú has dicho "No matarás" y el hombre mata y enseña la violencia, asesina a los niños con el aborto. Mata a los inocentes con la inmoralidad y las transmisiones obscenas, a los jóvenes con la droga... Por todos nosotros te rogamos.

  4. Tú has dicho "Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". San Pablo enseña que los esposos deben amarse como Tú has amado a la Iglesia. Y sin embargo se propaga el pecado entre los novios, el divorcio entre los esposos y se invita a todos, sin Dios, a la más desenfrenada libertad con gravísimo perjuicio para las familias. Por todos, responsables y víctimas. Nosotros te rogamos.

  5. Tú has dicho "Amáos como Yo os he amado". Y consideras hecho a Tí lo que hagamos a los hermanos. Sin embargo, bajo la acción de Satanás y de las pasiones se proclama la violencia, el odio y la opresión: contrariamente a la ayuda mútua y a la colaboración, incluso con vejaciones. Para que todos recobremos larazón y regresemos a Tu Camino, nosotros te rogamos.

  6. Por los engañados, seducidos. Por todas las víctimas de las pasiones desencadenadas. Nosotros te rogamos.

  7. Por los oprimidos y perseguidos. Por los internados y discriminados. Por las familias divididas y por los que sufren. Nosotros te rogamos.
Oración de intercesión por la Iglesia.
Jesús ha prometido a Pedro "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella". Cuenta el Evangelio que "una noche, mientras iban en barca Jesús y sus discípulos atravesando el lago, se levantó una gran tempestad: pronto la barca se llenó de agua y estaba para hundirse mientras Jesús dormía. Entonces los apóstoles le despertaron gritando: "Maestro, ¿no te importa que muramos?". Y Jesús levantándose increpó al viento, mandó al mar y se hizo una gran bonanza".
Es una hora de tempestad ésta para la Iglesia. Las fuerzas adversas se han desencadenado, instrumentalizadas por Satanás. Es hora de gritar a Jesús "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".
  1. Para que Jesús, buen pastor, que ha dado la vida en defensa de su redil, y que ha vencido a la muerte y al demonio, no permita que las fuerzas del mal causen daño, desorientación y desorden en la Iglesia: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  2. Para que Jesús confirme a cada uno de sus fieles infundiéndole confianza en sus corazones en medios de los asaltos que las fuerzas del mal provocan contra la Iglesia: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  3. Para que en estos momentos difíciles, donde la persecución se disfraza de diferentes formas, la Iglesia se manifieste Una, Santa, Católica y Apostólica: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  4. Para que el Corazón de Jesús infunda sobre todos nosotros la luz que nos ayude a entender que los dias de persecución y de sufrimiento son para la Iglesia Dias de Gracias Nuevas y desconocidas y una participación más estrecha en la Pasión: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  5. Para que Jesús con su Sangre justifique, renueve, santifique y protega su Iglesia y defienda a los fieles individuales de la astucia del enemigo: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  6. Para que en todas partes del mundo los fieles sean defendidos de la desorientación, seducciones, de la vida fácil y especialmente los jóvenes nos esforcemos en un testimonio auténticamente evangélico, apostólico y caritativo: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  7. Para que el Señor, en estos momentos difíciles, ilumine a los Obispos para una catequesis eficaz, la difusión de la fe y el conocimiento del Evangelio: "Por tu misericordia, sálvanos Jesús".

  8. Al Corazón Inmaculado de María, Madre de la Iglesia, particularmente sensible a las necesidades de sus hijos, le encomendamos a la Iglesia entera: Avemaria...


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