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Sumario Primera meditación

"Yo daré a los sacerdotes el don de conmover los corazones más endurecidos".

En estas palabras, Jesús incluye a todos, sacerdotes y fieles, en una verdad que, aceptada o no, es siempre cierta. "En los corazones y en las mentes, sólo Yo quiero y puedo trabajar". Existen muchas cosas que nos parecen necesarias, demasiadas iniciativas que nos obligan a dar vueltas y a hablar, que son verdaderas ganas de marearse y perderse por ilusorias.
A todo esto podemos definirlo como "Locuras de la acción". En el campo de lo humano, puede marchar bien cualquier proyecto que nos propongamos y en el que nos sintámos obligados a empeñarnos con todas nuestras fuerzas: salud, voluntad, inteligencia y con tiempo ilimitado. Si obtenemos los resultados apetecidos, debemos agradecerlo a Dios que nos acompaña, porque el corazón y la mente pertenecen al ámbito exclusivo de Dios y que no lo cede, pues es un proyecto con facultades extraordinarias y que Él sólo conoce y quiere desarrollar.

Tras haber estado inmersos y ocupados en tantas ocupaciones, ¿podemos afirmar que las conocemos bien?. ¿Estamos seguros de conocer en profundidad el proyecto que Dios tiene para nosostros, y de haber usado de la mejor forma las facultades recibidas?. No podemos saberlo con seguridad. ¿Y de los demás?. A veces, no estamos capacitados para comprender ni para dar consejos. Puede que los critiquemos con demasiada facilidad, porque ignoramos todas las circustancias del prójimo. Pues bien, sólo Dios está en condiciones de entender las situaciones y está dotado de medios para resolverlas y ayudarlas para ser vividas, si éste fuese el caso. Si la situación moral fuera nefasta, Jesús no permanecerá indiferente: para ello tenemos sus palabras: "Daré a los Sacerdotes el don de conmover los corazones más endurecidos". Nos lo confirma el Señor, ya que sólo Él puede trabajar en los corazones. Lo sabemos, porque Él los ha creado y dotado de lo necesario para realizar un proyecto personal, para cada cual, en la vida. Todo está en la mente, en el Corazón de Dios; pero, ¿quién puede leer la mente de Dios?.

Tenemos la palabra de Jesús que nos asegura la intervención del Padre Celestial en el acontecer de las cosas: "Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados" (Lc 12,7) "Mirad a los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre del cielo los alimenta" (Mt 6,26). "Mirad como crecen los lírios del campo: no trabajan ni hilan" (Mt 6, 28). Antes de la Palabra de Jesús estaba la Bíblia para subrayar estas intervenciones del Padre celestial tanto de la creación como de la vida humana, personal y colectivamente.

También confesamos que, además de las palabras en la Bíblia de Jesús, y de los milagros hechos poe Él (resurrección de Lázaro), que, a pesar de abrir nuestras expectativas y esperanzas, no nos sentimos seguros de la protección de Jesús ni de las enseñanzas de la B`blia. El mal tiene una raíz profunda inalcanzable, ni por la palabra ni por las iniciativas humanas. Ya afirmava Sna Francisco que "el mal se desarrolla cuando encuentra ocasiones favorables". Desde aquél tiempo, se trabaja para superar esta decadencia y desorden morales. Pero, ¿dónde está el resultado?. Aun no podemos cantar victoria, porque ésta debe venir a través de la purificación de los sentidos; sólo Dios puede decir la palabra justa para suscitar la necesidad de abandonar el mal. En las manos del Señor están los buenos; a los que Dios ha donado su propio Espíritu y hablan y actúan bajo la influencia del mismo Espíritu. Y el Espíritu de Dios está siempre operante para hacer brotar el bien y curar los corazones.

El corazón es mi campo. Yo sólo puedo actuar benévolamente y Conmigo los que llevan en sí el mismo Espíritu. Es una promesa sagrada y omnipotente de un Dios: Bendeciré y seré la salvación de las almas si mi Sacerdote vive sus horas cerca del Tabernáculo orando. Vuelvan mis ministros al Santo Altar, vivan más cerca y permanezacan a menudo en mi Iglesia; no crean que trabajan en los corazones, puesto que mi bendición estará lejos de los que trabajan, si no viven horas intensas en mi Presencia", palabras de Jesús. Palabras que no necesitan comentarios de tan claras que están. Palabras que, si bien van dirigidas a los Sacerdortes, de modo particular, son válidas también para los que sienten en sí la necesidad de hacer algo para volver a recuperar la salud de la sociedad, iluminar las mentes, tocar los corazones. "Tus actos son pequeños mientras pertenecen en tus manos, convirtiéndose en omnipotentes cuando pasan a las mias".

Existen casos complejos y difíciles de personas que viven lejos de la Iglesia, de la moral, en separación conyugal y otros modos tristes que parecen sin solución de momento; ¿quizás Jesús espera que los resolvamos nosotros?. Sí y no. Sí, porque Jesús quiere que nos impliquemos. No, porque los corazones son duros y sólo Él puede actuar en ellos. Si somos limitados en salud, estudios y demás, ¿qué podemos hacer?. Para Jesús nuestras limitaciones no representan ningún obstaculo, puesto que su Espíritu posee un corazón capaz y que van más allá de toda potencia y pensamiento humanos.
San Juan Vianney, conocido por el Cura de Ars, presentado por el Rector del Seminario al Obispo para la Ordenanción Sacerdotal, es definido como suspenso en el estudio. El Obispo pregunta al Rector: "¿Recita bien el rosario?, Sí, Excelencia, más que bien. Y fue propuesto para la ordenaciôn: con el Rosario y la Vida Eucarística hará mucho bien".

Por él volvamos a estas palabras de Jesús "Nunca se entenderá ni estudiará bastante mi más querido Sacerdote, suscitado por mi bondad, para que sea su vivo ejemplo. Su profunda humildad destaca en todo y la pobreza de su habitación son un duro reproche a tantas comodidades. Su único deseo era estar a mi lado día y noche. Sobre él no vimos otro que a Mí mismo, incluso a los duros pecadores. ¿Y cuáles fueron los frutos?. No inmediatos, sino poco a poco; también las piedras por él golpeadas hablaban, agitaban y convertía. Así lo quiero. Sólo por eso lo he elegido. Tú ora, sufre y ofréceme de contínuo al Padre, para que vuelvan a mí. No se sientan ya sólos. Yo bastaré.


Segunda meditación

Segunda promesa: "Pondré paz en sus familias".

"Los laicos encontrarán por medio de esta amable devoción...paz en sus familias". En la carta a su Padre Espiritual, Santa Margarita María escribe: "Este Corazón divino, promete además que por este medio (la devoción a Su Corazón) reunirá a las familias divididas y ayudará a las que se encuentren en cualquier necesidad".
¿Porqué Jesús promete tanto? Porque Él conoce perfectamente lo que es la familia y la finalidad que tiene.
A la luz de las enseñanzas de Jesús y de la Iglesia, intentemos entender algo también nosostros. En la familia tiene origen la vida en su sentido biológico (nace la persona como cuerpo) y en los demás sentidos (espiritual, moral, social). Por eso la familia es el primer lugar en el que la educación humana, moral y espiritual debe tener el primer sitio en el orden del tiempo y en el de la proyectación. Baste decir que la familia tiene la obligación de instruir sobre los propios deberes y en las relaciones entre padres y entre padres e hijos. La familia rige y consigue su fin sólo si estos dos aspectos son salvados. ¿cuál es esta finalidad?. Evangelizar: sembrar en el corazón de los hijos sentimientos, pensamientos, relaciones auténticas con los demás y abrir nuevos horizontes.

Es preciso seguir al hijo desde la concepción hasta la salida del seno materno, puesto que en esta fase la madre transmite al neonato sus reacciones a los hechos que la rodean y los estados de ánimo que experimenta. Estados de ánimo que influyen más de lo que imaginamos en la vida del niño. Luego, cuando él nace estos estados de ánimo se multiplican porque crecen aumenta su sensibilidad respecto de lo que le rodea y de lo que es espectador.
Las primeras expresiones de la infancia, de los gestos elementales de afecto, las primeras palabras que se enseña al niño y que un padre cristianos debe sumar a las muy queridas de Jesús y María. Ciertamente, Jesús, Dios-hombre, aprecia y hace fecundas estas expresiones de humanidad de sus hermanos. Es muy expresivo quél "Dejad que los niños vengan a Mí y no se lo impidáis" (Mc 10,14).

Los niños que Jesús ha acogido no están en condiciones de entender que quién los acogía era el Hijo de Dios, como tampoco estaban preparados para comprender su mensaje, pero el encuentro con Él ha dejado huellas en sus vidas. A tal prpósito citamos el Catecismo de los niños: dejad que los niños vengan a Mí. Catecismo de la Conferencia Episcopal Italiana, dedicado expresamente a los padres para ayudarles en las primeras enseñanzas.

"En la familia tiene origen la vida en el sentido biológico, en los sentidos moral, espiritual y social". Cierto, también social, porque Dios ha creado al hombre como ser social y ésta, su posibilidad de ser social, la recibe de la familia, que es escuela básica e insustituible de socialidad: no sociedad abstracta, sino la que proviene del misterio de la Encarnación que revela la hermandad de todos los hombres con Jesús, el cual y con el cual, todos se reconocen hijos del mismo Padre.
El espíritu de fraternidad se manifiesta en todas aquellas atenciones que, situación a situación, dan origen a la caridad; que podría sintetizar a la vez relaciones en el ámbito de la familia en éstas tres palabras: aceptación, servicio y reconciliación.

Aceptación

Marido y mujer, en sus recíprocas relaciones, deben partir del presupuesto de la recíproca aceptación. Lo contrario, no puede ser aceptado sólo para satisfacer mis gustos o puntos de vista: sino aceptado como es. La necesaria conversión se recorre juntos, pues cada cual de los dos afina y mejora la propia capacidad para el bien y esteriliza la actitud al mal. Un celo agresivo de los defectos ajenos no corrije ni se deja corregir.
La pareja que vive la recíproca aceptación en la caridad crea un espacio acogedor para los hijos y los inicia en el espíritu de acogida a medida que evolucionan con la edad. Si crecen acumulando malos hábitos, aun no estásn en condiciones de hacer elecciones personales. Así se empieza a hablar, a caminar y a expresar sentimientos. Si los impulsos a estos hábitos son buenos y transmitidos con inteligencia, ayudarán a descubrir gratamente el bien y los inevitables desequilibrios provocados por el modo de ver y de actuar propios del espíritu humano que serán fácilmente superados. Si buscamos hacer esto por los hijos, tomará cuerpo y crecerá la conciencia del valor de la persona y el gran destino asignado a ella, que se realiza en plenitud en la escuela de Jesús.

En este aspecto, la acogida de los hijos tiene la premisa esencial para extenderse a la familia, a la adopción, a la confianza, a la protección de los ancianos y a la atención de cuantos sufran necesidad: éste será nuestro modo de vivir, nuestro estilo de relación para con todos.
Entonces se traducirá el reino del matrimonio en hechos concretos: en garantía del amor de Dios por los hombres.

Servicio

De la acogida al servicio el paso es lógico e inmediato. En el testimonio de Jesús se diría que son dos los aspectos que se suelen confundir. Cuando Jesús sirve, percibimos el gran espíritu de acogida que está en Él. Por lo demás, la Encarnación, ¿no fue la amabilísima acogida del hombre por parte de Dios?. El servicio podemos definirlo como lo específico de la responsabilidad cristiana. El amor no es radical si no estuviese puesto al servicio de la persona amada.
En la familia, cuando un miembro con sus dones, capacidades y disponibilidad se deja implicar y modificar, aporta con generosidad su parte y se convierte en faro de luz evangélica. A los primeros cristianos, les señalaban los paganos con un Mira como se aman. San Francisco, reconociendo la sociedad como carretera de salvación y salud, ha unido Clero y pueblo a Dios en la misma palabra de Dios, demostrando que el servicio puede crear unión; unión necesaria para que la evangelización fructifique.

En efecto, su amor a Dios, a los hermanos, a la Iglesia, a su ciudad siempre estuvo acompañado del ejemplo, de actos de servicio, servicio vivido en la alegría como don sin reservas que se comprende superando todo lo que la puede impedir; el beso al leproso, la obediencia a la Iglesia, la atención por las hermanas pobres de Santa Clara, la comprensión y la delicaleza por el fraile que de noche grita de miedo, el encuentro con el lobo de Gubbio. En los laicos, el servicio debe apoyarse en el testimonio, particularmente en el estilo de relaciones mutuas sociales, políticas e incluso económicas.
Este anuncio brilla especialmente en la familia y el estlo de servicio que es la característica más conveniente.


Tercera meditación

Quizás, experimentemos dificultades para creer que los acontecimientos tengan tal conexión y significado, que el acontecer de las cosas raras, puedan contener ser en realidad tan vital. Ésta es una de las desdichas de una vida insuficientemente iluminada por lo sobrenatural. Cuando esta sobrenaturalidad ocurre, entonces comprendemos el concatenamiento del orden sobrenatural con el natural.
Toda criatura espiritual o material, grande o chica, que actúa en nosotros, produce un efecto en nuestras facultades. En este hecho, existe una acción ejercitada sobre nosostros- física, moral, o intelectual- ejercitada en nuestra mente, en nuestro corazón o en nuestros sentidos. ¿Qué contiene esta acción?. La gracia actual, que se llama así porque, por una parte es una acción ejercitada en nosotros, y, opor otra, nos empuja a la acción por el hecho mismo del impuls o que la contiene. Entonces, Entonces, ¿la gracia está en todas partes?. Sí, así es: no existe nada absoluta y exclusivamente casual en nuestra vida cristiana; lo natural es sobrenatural. Aquí reside una parte del gran misterio de la Encarnación. Sabemos que nuestro Señor Jesús, hijo de Dios, se ha unido a nuestra naturaleza humana y tomándola para sí ha "Restaurado todas las cosas" dice San Pablo. ¿De qué modo?. Haciendo de todas las cosas el instrumento de su gracia: todo lo que Dios hace en el mundo contiene su gracia.
¿Cuántas gracias?. Muchas; puesto que están en todas partes. En efecto, Dios actúa contínuamente y con toda clase de instrumentos. En este punto, debemos confesar nuestra ignorancia. Este vaivén de la vida, no lo hemos contemplado, poco más o menos, como un niño que escucha el tic tac del reloj, pero sin entender su funcionamiento; que es lo que acciona el tic tac.
habiendo Jesús prometido ayudas específicas a quienes cultiven la amable devoción al Corazón de Jesús, demuestra que no está ausente de nuestra vida, porque no quiere que sea sofocada o estropeada en sus impulsos hacia el cielo, por el que nos ha sido donada. Es una ulterior prueba de como nos mantenga en el Corazón y nos acompañe hacia la eternidad feliz.
Éste Gesú; hora está aquí, nos ve, nos siente, nos ama. En su corazón quieren deponer la nuestra voluntad de ser cada vez más sus amigos y sus devotos.

Cuarta meditación

La liturgia nos guía para meditar sobre el final de los tiempos: en la conclusión de las edades terrenales y en la manifestación de aquella realidad de la eternidad a la que la Iglesia nos invita contínuamente. Esta realidad ya se inició con la resurrección de Jesús ahora presente en misterio, pero que estallará con el regreso glorioso de Jesús.
En la palabra que Dios nos ha hecho llegar, como luz y guía en el camino de la vida, hay un principio de absoluto. Ha querido que nos regulásemos siempre como peregrinos, como desterrados en la tierra, como viajantes del desierto siempre hacia una "Real promesa" que fue gratamente adquiriendo nuevos y determinantes significados a medida que la palabra la iluminaba volviéndose clara. "Tierra Prometida" para Abraham, para Moisés y para el pueblo liberado de la esclavitud. Después, "Reino mesiánico" para David y su descendencia en espera del Mesías libertador.
Luego, con la venida del mesías, se aclara mejor la naturaleza de este reino prometido, de la liberación prometida,de la restauración y del arreglo universal...del Reino glorioso de Dios que será inagurado por el Mesías y que durará para siempre.
En efecto, para ir súbito al núcleo central, ¿qué realidad nos recuerda la Revelación?.
  1. Que el Reino de Dios prometido, que los tiempos nuevos, ya se han iniciado con la Resurrección de Jesús.

  2. Que el universo tiene un único principio, un solo punto de consistencia, un único fin, por medio y en vista, del cual, todo ha sido creado, todo existe, todo se ha reconciliado, recapitulado, consagrado como Reino de Dios.

  3. Que Jesús, glorioso, presente, actúa en el mundo hoy mediante la Iglesia y su Espíritu, que hace y perfecciona su obra, culminando toda santificación y trasladando a los hombres a su Reino.

  4. Con esta acción misteriosa se manifestará al final del tiempo cuando jesús vuelva glorioso y triunfante y todo el universo será entregado por Él al Padre, para que sea todo en todos.
El nuevo Israel, los cielos nuevos y la tierra nueva ya comenzaron con Jesús, y en cada cristiano con el Espíritu Santo, puesto que ya ha sido depositada la fianza como garantía del inicio de la realidad futura. Pero estas realidades encierran un tremendo misterio: la suerte eterna de los hombres estará en el Reino feliz de la gloria de Jesús, o, fuera, donde habrá tinieblas y llanto. Y todo ello se determina en el breve tiempo de nuestra existencia terrenal: mediante la relación que hayamos establecido con Dios, el rechazo o la acogida, incluso hasta en los últimos instantes de la vida, del don que el Padre hace de su amor en el hijo, que ha dado su vida en expiación por nuestros pecados.
Y esta división será hecha pública en un juicio universal tremendo, precedido de pruebas y sufrimientos para puruficación de los justos y conversión de los pecadores. Entonces aparecerá el Hijo del hombre en las nubes con gran potencia y gloria.

Algunas conclusiones que deben determinar nuestra orientación cotidiana.
Estas realidades con sus elementos ya presentes - aunque es misterio en el mundo y dentro de nosotros con los últimos eventos preanunciados - iluminan hasta descubrir la esencia de la vida misma del cristiano, determinan el carácter, establecen la postura entre las vivencias terrenales y su empleo personal en los distintos sectores de la vida social y religiosa.

El cristiano. que ha elegido a Jesús y lo sigue, sabe que, por la fuerza de su Bautismo, del Espíritu Santo recibido, de su injerto en Jesús, se encuentra en una condición nueva frente a a la creación y a todas las realidades terrenales de la que Jesús es centro, redentor y meta:
  1. Esta condición le hace superar todas las circunstancias negativas de la realidad y descubrir los mejores valores en función precisamente de esta eternidad por preparar.

  2. Le hace consciente de estar llamado a colaborar en este reino glorioso, siendo en él mismo, hombre nuevo según Jesús para ayudar mejor en y con la Iglesia y sus hermanos para abrir paso a Dios en el reino de Dios en Jesús.

  3. Lo compromete a cooperar para que la Palabra de Dios- la verdad revelada por Jesús, el amor, los bienes y todos los dones volcados por Jesús en el mundo- sean para todos los hombres, para su salvación y santificación del mundo; para que en la preparación de la manifestación del reino glorioso sea en la comunidad de los hombres, entre las naciones, la verdad, la justicia, el amor, la paz como en la familia de Dios.
No interpretan bien el espíritu evangélico de Jesús y de la Iglesia, los que ante estas últimas realidades se excusan para evadirse renunciando a toda válida colaboración en la vida terrenal, o los que acusan a la Iglesia de usar la verdad sobre los últimos tiempos como opio adormecedor del hombre y lo disuade de todo interés por mejorar las condiciones terrenales. El Concilio Vaticano ll lo ha recordado muchas veces en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo (n.39).
Ahora el cristiano conoce bien que este empeño lo cuida personalmente durante toda la vida, pues sabe:
  1. Que le toca trabajar con fe y amor, en el misterio, como pequeño y humilde instrumento elegido por Dios para una obra sobrenatural, donde Dios pone el crecimiento, el incremento y que el resultado se verá al final de los tiempos.

  2. Que será duro y arduo porque encontrará resistencia desde el interior del hombre, que se opondrá con el pecado y la concupiscencia, pues luchará contra las fuerzas adversas del mal que dominan al mundo, a favor del Evangelio.

  3. Que grandes tribulaciones le esperan a él y a la Iglesia y que es inútil indagar- el cómo, y el cuando- y escrutar los signos del final que nadie conoce, mientras que es útil afrontar los sufrimientos presentes y futuros en la seguridad de que, en el día de Dios, su finalidad habrá sido ayudar a los hombres a prepararse para la segunda venida de Jesús; y que todas las cosas buenas cooperan a la glorificación de cuantos se encuentran inscritos en el Libro de los elegidos; y que pensar en demasía en el cuerpo no trae sino dolores y combates. Los inscritos resurgirán como estrellas brillantes por haber contribuido a la salvación de los hermanos.

  4. Que en los contrastes con los enemigos de la Iglesia y del Evangelio, en persecuciones y discriminaciones, escarnios e ironías de que son objeto, encontrarán fuerza en la certeza de Jesús, que vino al mundo como siervo humilde y sufriente en la muerte, para rescatarlo, y que deja libres a sus enemigos como dejó libres a sus verdugos. Jesús volverá como Juez glorioso de vivos y muertos y todos comprobarn que es Jesús y entonces tendrá valos sólo "lo que es de Jesús". Pero sabiendo que cuantos hayan rechazado a Jesús resucitarán a la vergüenza eterna. Entonces, por los méritos de la persecución, los cristianos rogarán por la salvación de sus perseguidores, imitando al propio Jesús.
Aquí está la luz que brotadesde las últimas realidades hasta la vida presente: aquí está el criterio de los juicios, de las elecciones; de las actitudes ofrecidas al creyente. Pero él personalmente dispone del breve y veloz tiempo de su vida terrenal; para él todo estará decicido en el momento de su muerte, cuando el Señor lo llame Vendrá cuando menos lo esperéis. Por eso, vigilemos, oremos, trabajemos con tesón, haciendo del breve tiempo terrenal que nos queda, rinda lo más posible en esta colaboración con Dios y con la Iglesia para hacer crecer el Reino de Dios en su alma, para preparar a los hermanos a este Reino en la espera de la manifestación del Señor Jesús.
Sabe bien, que el elemento determinante del valor y de la eficacia de éste, su trabajo es el amor hacia Dios y hacia los hermanos: por eso, guía toda su vida por este trabajoso y creciente amor.

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