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Sumario Primera meditación

"Los laicos encontrarn en esta amable meditación, todas las ayudas necesarias a su estado".

Es el contenido de la primera promesa hecha por el Corazón de Jesús. No vamos a detenernos a hacer una lista de los deberes: cada cual conoce los propios. Nuestro trabajo en este mundose resume en conocer, amar y cumplir los deberes del propio estado.
Conocerlos, amarlos y cumplirlos, junto con lo que Dios nos manda: es esto lo que el Señor quiere. Por eso, necesitamos evitar las ilusiones del interés, las fluctuaciones del caprichio, los mezquinos cálculo del miedo, los falsos pretextos de las pasiones.

El deber es obligatorio y por eso se nos impone y no suele ser lo que creemos. Lo tomaremos como lo que es, porque si lo mutilamos según las conveniencias, tendremos los restos de un cadáver. Por lo demás, notamos que el deber es personal y que se compone de alma y de cuerpo. El cuerpo del deber es la letra de las prescripciones, el alma es la voluntad del Señor que inspira, penetra y anima las mismas prescripciones. Si queremos cumplir nuestro deber personal no debemos trocearlo y lo tomaremos en su integridad: con su alma y con su cuerpo.

Cuando hacemos una elección por las prescripciones que nos convienen, debemos reconocer que estamos siguiendo nuestro gusto y no el de Dios y estamos haciendo jirones de un cuerpo, pues tomamos unas partes y las otras no. En tales condiciones, qu vida interior podemos tener?.

Si queremos cumplir nuestros deberes, necesitamos hacerlo en su totalidad. Y acercarnos a su alma, la voluntad de Dios, hasta que reconozcamos en ella el propio deger y la grandeza que encierra la vida. Lo aceptaremos sin cálculos, sin disminuirlos ni dividirlos: no ser para nosotros un peso molesto. Nada hay tan bello y suave, tan fuerte y gratificante como el deber cumplido. Nada tan odioso y aplastante como el deber mordisqueado y muerto.

Hasta ahora, el deber nos ha resultado costoso, seamos honestos: como ejemplo, nosostros mismos, por qu lo hemos matado?. Seamos personas cumplidoras, con recursos y no sentiremos su peso. Los pajarillos no sienten el peso de sus alas, as comprendemos y gustaremos las palabras del Salvador: "mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11,30).

No nos corresponde a nosotros sealar los deberes de cada cual, ni aconsejar las obligaciones; sino los principios generales de nuestra vida, la línea directriz de la misma. Indicaremos el cumplimiento y el deber correspondiente a nuestro estado, en la economa de nuestra perfección y aconsejamos, de modo sustancial, cunto debemos llevar a la práctica. A cada cual le corresponder añadir las virtudes personales.
No buscamos una regularidad de vida más o menos mecánica, ni un reglamento para dar.

Con esto no decimos que los reglamentos no sean necesarios, pues son vitales como la corteza para el árbol a través de ellos corre la savia.
El zumo o savia no puede circular por el árbol sin la protección de la corteza, ni la vida divina en el alma sin la protección de las reglas; pero ni la corteza ni la regla son la vida. Los reglamentos se encuentran en todas partes: abundan y sobreabundan y no se necesitan añadir más a las ya asistentes. Lo que escasea, lo que encuentra poco espacio en la mayor parte de las organizaciones es la sustancia: el jugo, el espíritu interior que constituye la vida. este es el espíritu Cristianos capaz de renovar nuestra vida.


Segunda meditación

Hemos establecido que el Espíritu Cristiano es capaz de renovar nuestra vida. Dónde se consigue este Espíritu?. Se consigue en la escuela de Dios - naturalmente, este aprendizaje está relacionado con el modo y el espíritu con que se frecuenta a Dios - Sabemos que Dios habla y actúa por medio de todas las criaturas. Por lo tanto, Él tiene una escuela en todas partes; para ser enseado no hay más que escucharlo y seguirlo. Las enseanzas de Dios no faltan puesto que actúa Él nos ensea a cada cual de forma particular. Lo que Él hace por cada persona es una enseanza, una conducta, una acción especializada para ella. Lo que faltan son discpulos dóciles.

¿Qué nos enseña Dios en su escuela?. Enseña de todo; de todo lo que la vocación personal exige que cada uno ame, sepa y haga. La vocación personal impone perfeccionar la mente, el Corazón y los propios sentidos para servir a Dios, según las exigencias de Su gloria y del propio estado. Esto supone que pongamos en práctica todas las virtudes cristianas propias de su situación.

Están listas estas virtudes que Dios quiere formar en nosotros. Pasan los acontecimientos dirigidos por Eacute;l y en los que nuestra vida se divide, nos conduce en el mundo querdido para practicar gratamente la paciencia o la fe, la generosidad o la confidencia, la abnegacin o la dulzura, la fortaleza o la prudencia, la caridad o la justicia...

En qué momento y en qué orden debemos practicarlas?. En el momento en que se presente la ocasión y en el orden en que nos la demanden. Éste es el momento exacto y el momento querido. Dios es muy hábil en la formación de las almas. Quedaremos en nada, so no nos dejamos formar por Él, no aprovechamos la ocasión ni seguimos el orden querido por la Providencia, para poner en práctica nuestras virtudes personales.

Qué penitencia haremos?. La que Él ponga cada da en nuestro camino. "A cada da le basta su pena" (Mt 6,34), nos dice el Señor. Tomemos las suyas, la que nos impone y propone el deber, los acontecimientos e inspiraciones que el Señor nos haga. Éstas son las suyas y mejores que las nuestras que no poseen la Gracia que las suyas llevan consigo. Con frecuencia, las nuestras suelen ser inconstantes, incoherentes, peligrosas... mientras que las suyas jamás lo son. Las nuestras no acostumbran a contribuir al desarrollo espiritual, mientras que las suyas son proporcionales.


Tercera meditación

Es muy útil para el progreso espiritual, la meditación prolongada de los acontecimientos interiores del Corazón de Jesús. Ellos explican sus palabras y motivan sus elecciones. De sus sentimientos habituales y profundos brotan las decisiones de su actuación. Todo hombre sincero, asume el comportamiento externo según las disposiciones de su ánimo. Jesús nos la ha hecho ver abriéndonos Su Corazón e invitándonos a penetrarlo para que seamos estimulados y animados a imitarlo.

La paciencia de Jesús. Del libro del Apocalipsis: "El ángel de la Iglesia de Laodicea escribe: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueses frío o caliente. Pero puesto que eres tíbio, no eres ni frío ni caliente, te vomito de mi boca". (Ap 3,14-16)
Quizás pensamos: "Yo soy ya rico, tengo de todo, no me falta de nada", pero seguímos siendo infelices, pobres, ciegos. Purificaremos nuestro oro, adquiriremos vestiduras que cubran nuestra desnudez y colirio que nos permitan recuperar la vista. El Señor nos reprende y corrige para que alcancemos la perfección. Mostrémonos celosos y arrepintámonos porque el Señor está llamando a nuestra puerta. Si alguien escucha mi voz - dice el Señor- y me abre la puerta, vendré a él y cenaremos juntos. Al vencedor lo sentaré al lado de mi trono, como Yo he vencido y me he sentado junto al trono de mi Padre. Quién tenga oídos, escuche lo que el Espirítu dice a la Iglesia.

El Corazón de Jesús es un amor que espera incansablemente. He visto una imagen de Jesús que llama a una puerta sin manivela; es una puerta que se abre desde dentro. En el pensamiento del autor es representado jesús que quiere entrar pero sin forzar esperando, hasta la tacañería, de quien agradece su visita y sabe apreciar el don de su amistad. ¿Cuánto debe esperar?. Él no se cansa, no se impacienta y espera a que nos demos cuenta y estemos preparados para abrirle la puerta a Su Corazón. Como el padre del hijo pródigo no está resentido, y aguarda con confianza nuestro regreso.
El Corazón de Jesús, paciente y misericordioso, no sólo merece nuestra confianza sino que nos la regala con esplendidez: la restituye incansablemente. El trato de Jesús con Pedro que, tras las negaciones, es restituido a su amistad, y es encargado de una gran responsabilidad, y así nos desvela su gran paciencia y su confianza pues el Corazón de Jesús está dispuesto a renovar. "Entraré a él, cenaré con él y él conmigo". Parece una llamada severa, incluso una amonestación por la descortesia pero el Corazón de Jesús, deseoso de darnos su salvación, su Gracia, roza el filo de la buena voluntad y nos lanza un cable de acero. La delicaleza de su amor nos espera pacientemente pues es una fuerza conquistadora que vence el mal con el bien: vende con la magnanimidad del perdón.

Venid a mí. Del Evangelio según San Mateo: "En aquél tiempo Jesús dijo: Te bendigo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha dado mi Padre; nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél al que el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis sosiego para vuestras almas: pues mi yugo llevadero y mi carga ligera". (Mt 11,25-30)
La invitación de Jesús es llevadera e insistente. Quienes estén cansados espiritualmente y oprimidos moralmente, tienen preferencia para ser atendidos por Jesús y encontrarán descanso en su Corazón. Estas promesas son alentadoras y halagadoras: "Yo os aliviaré, encontraréis descanso, mi yugo es llevadero, mi carga es ligera".
No som meras declaraciones sino garantías avaladas por el amor Omnipotente. Jesús es el amigo fiel porque cumple lo que promete: los hombres acostumbramos a decir y no hacer. Sin embargo, Jesús realiza cuanto dice y lo hace con largueza y generosidad de amor; pero para ir a su escuela nos haremos sus discipulos, siguiendo finalmente sus huellas e imitanso sus ejemplos. "Yo soy manso y humilde de corazón".

Las notas distintivas de su Corazón lo caracterizan, lo definen y lo cualifican. En la última cena Él hace un gesto profético sobre el que llama la atención de sus Apóstoles: el lavatorio de pies. Gesto que sorprende a todos por parecer exagerado, e incluso desdice al propio Pedro. Sin embargo, Jesús se ratifica y se afirma en presentarse así. "Vosotros me llamáis Maestro y Señor y decís bien, porque lo soy. Si pues yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros. Os he dado ejeplo: como yo he hecho, haced también vosotros. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es más que su patrón, ni un discípulo más que su maestro". (Jn 13,13-16).

Masedumbre: significa fuerte renuncia a los propios derechos por amor a Dios y en favor de los hermanos.
Este es el significado de la palabra de Jesús. Esta apacibilidad y humildad se acercan íntimamente a Jesús manso y humilde y nos abre su Corazón que es el cofre de los tesoros divinos disponiéndonos a gracias siempre mayores de su inefable bondad. Así el Corazón de Jesús se convierte en auténtico lugar de descanso.


Cuarta meditación

Otra promesa es ésta: "Yo derramaré las más abundantes bendiciones en todas sus empresas".

En la carta a su Padre Espiritual, Santa Margarita María de Alacoque, se expresa así: "Las personas seculares tendrán por medio de esta amable devoción... celestiales bendiciones en todas sus empresas". Para entender mejor el significado de esta promesa y evitar desilusiones y desengaños, tendremos presente lo que la mismísima Santa escribe en otra carta a su madre: "Él no me dice que sus amigos no tendrán nada que padecer; pues Él quiere que ellos pongan sus bienaventuranzas en gustar sus amarguras". Y en otra carta escribe: "Sinceramente no pienso que las gracias a vosotros prometidas atañan a la abundancia de las cosas materiales, puesto que Él dice que más bien nos hacen pobres de su gracia y de su amor. Sin embargo, Él quiere enriquecer vuestra alma y vuestros corazones". Por lo demás, aparte de los comentarios de la Santa. es Jesús mismo el que dice: "Si alguno quiere venir tras de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame".
Entonces, injertemos esta promesa en las bendiciones del Corazón de Jesús, en las empresas temporales de sus devotos; en el contexto de la gracia y de los beneficios de orden temporal, pues el Señor nos dijo lo que debemos pedir: "Dános hoy nuestro pan de cada día" y que en la Iglesia repetimos en nuestras oraciones litúrgicas.

Quiere decir que, en el plano de la Providencia de Dios, sobre los devotos, el Corazón divino extenderá de manera especial y con mayor abundancia, sus bendiciones, las cuales debera`n sostenernos en el entender y en el desempeño del propio deber; y esto atañe a todo lo que nos es requerido o debido, para que, la misión a nosotros confiada, pueda cumplirse.
Ahora sabemos que el deber es nuestra única ocupación, que cuando es completada como se debe, nos eleva a la perfección cristiana. Y esto es lo único que debemos hacer, porque Dios no nos pide más que la observancia de los deberes del propio estado; los cuales están contenidos en los mandamientos y en los consejos. No debemos salirnos de ahí, pues no se trata de hacer cosas excepcionales. Ésas están prohibidas y seguiremos la línea común del deber diario: en las condiciones que Dios quiere. Sólo el deber y nada más que el deber: aquí reside la perfección. La perfección cristiana es propia de todos los estados, y ¿quién no puede hacerla?. El deber es todo lo que nos manda el Señor: no nos pide ni nos pedirá otra cosa. Si llega la tentación, pensamos que es difícil en esa condición y en ése estado.

En tales casos, aconsejamos no calcular las dificultades, pues un hombre valiente las supera siempre. Preguntémonos entonces, ¿Cuál es mi deber en este estado?. Cúmplelo y confórmate con él. Se nos dice: "Cúmplelo", se entiende hacerlo tal y como Dios quiere. ¿Es esto imposible?. Nunca; sería una blasfemia pensar que el Señor nos pide imposibles.
Ahora viene la exhortación para ahondar en el propio deber; en el propio y no el del vecino y repercutirá en la perfección cristiana que Dios exige a cada cual. Quién renuncia o va tras lo malo, se eha en brazos de la desilusión.
Y puede que pensemos: Si mis condiciones fuesen otras, sería mejor; y empezamos a desear otro estado y a ignorar los deberes del propio. Esto es lo que quiere el enemigo de nuiestra perfección. Somos exhortados a ser más positivos; a tenernos allá donde nos encontremos y, una vez allí, comenzar a cumplir con nuestras obligaciones. Si el Señor quiere que cambiemos de estado, Él mismo nos conducirá a otro distinto y en él viviremos acordes.

No hay nada más positivo que la vida cristiana, que no es mecerse en la utopía ni divagar con la imaginación. El deber del momento, el sencillo y mero en su realidad concreta, es ser verdaderos cristianos. Seamos fieles a los deberes de la vocación; porque cada una tiene la suya y eso es lo que haremos. Cada cual tiene un deber único y personal, porque todos tenemos una vocación.
El Señor sabe cuando necesitamos valor, ánimo, consuelo, fortaleza; y según nuestras necesidades, nos procuran alegría y consuelo. Él sabe que tenemos necesidad de una sacudida que nos quite el polvo, de ser purificados en la prueba, santificados en la expiación, destacados en el sacrificio; a este descubrimiento dispone la acción de las personas que nos prueban. Hombres, animales y acontecimientos físicos o naturales; desde la pata de una mosca hasta las inspiraciones sobrenaturales, todo repercute en nosotros según los designios de Dios; y para entender todo este movimiento es necesaria mucha, pero que mucha oración.

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