Lectio divina

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Plegaria

¿Hemos vivido la experiencia de una verdadera amistad?. No estamos en la piel y gritamos porque queremos ser llamados por nuestro nombre: para poder ser nosotros mismos tenemos necesidad de que otro nos salga al encuentro.

Cuando tengamos la gracia de una verdadera amistad seremos cambiados, transformados, en lo más íntimo de nuestra persona.

El amor de Dios

Cuando un ser de carne y hueso entra en nuestra vida, la transtorna dándole un nuevo sentido.
Hemos encontrado a alguien que nos ha salido al encuentro y nos ha dicho palabras que requieren una respuesta que cambie nuestras vidas.

Nuestros problemas y dificultades permanecen, pero nosotros los vemos de un modo nuevo. Lo mismo ocurre cuando Dios nos sale al encuentro y las convierte en palabras de amistad.

El amor de Dios es tan fuerte, tan potente, que es capaz de reconstruirnos la virginidad del corazón. San Agustín hablará del amor virginizador de Dios. Él no nos ama por tener la Gracia, sino que nos ama porque podemos llegar a tenerla.

Nosotros podemos cambiar, somos cambiados, porque Él, Dios, nos ha encontrado, nos ha hablado porque su mismo amor nos ha cambiado.

El amor de Dios no es para nosotros una palabra vana, sino una palabra que realiza lo que lleva consigo, una palabra eficaz: operante. Como el encuentro con otro nos cambia, así el encuentro con Dios, con Jesús, nos transforma en la profundidad de nuestro ser.

Entre tú y Yo - dice Dios- hay un vínculo que nada podrá romper. Yo soy tu Dios, tú eres mi hijo. Pondremos en común: Yo mi eternidad, Mi vida y mi Santidad, tú, tu quehacer diario, tu vida terrenal y tu pobreza. Tu existencia se unirá a la Mía y nada nos separará, porque Yo soy Dios y jamás cuestionaré esta alianza: nuestros destinos están unidos el uno al otro.

Entre tú y Yo hay hay una comunión de ser en la cual radica una unión de miradas y de amor. Y, sobretodo, en Jesús, esta alianza será realizada perfectamente.

Descendamos al interior de nuestro corazón para descubriros como a su fuente, esta corriente de vida que alimenta a toda nuestra persona.
Justo en la seguridad de ser aliados de Dios, pues tiene sus raíces profundamente nuestra plegaria. La cual, surge sencilla, afectuosa y serena porque sentimos que Dios nos ha hablado el primero y quiere unir su destino al nuestro.

"El Señor se ha unido a vosotros y os ha elegido, no porque seais el más numeroso de los pueblos - sóis, en efecto, el más pequeño de todos los pueblos - sino porque el Señor os ama".

La oración es aquel momento privilegiado en el que contemplamos el amor del Padre que nos engendra a la vida filial. Quiere liberarnos desde el interior de nuestra humanidad para desarrollarse libremente en nosostros.

Ya no debemos buscar ideas ni palabras para expresar nuestra oración. Nos bastará ser hijos de Dios: nuestro mismo ser será una oración.

ALMA DE CRISTO

Alma de Cristo, santifícame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
oh buen Jesús, óyeme.

Acqua del costato di Cristo, lavami.
Passione di Cristo, confortami.
O buon Gesú, esaudiscimi.

Dentro le tue piaghe, nascondimi.
Dentro de tus llagas escóndeme
No permitas que me separe de Tí
para alabarte con tus Santos
por los siglos de los siglos
y haz que yo venga a tí.
Amén.

AL SAGRADO CORAZÔN DE JESÛS

Oh Jesús sabemos que eres Misericordioso
y que has ofrecido tu Corazón por nosostros
Él está coronado por las espinas y por nuestros pecados.

Sabemos que Tú suplicas por nosotros contastemente
para que no nos perdamos
Jesús: acuérdate de nosotros cuando caigamos en pecado
por medio de tu Sacratísimo Corazón
haz que todos los hombres se amén.

Desaparezca el odio entre los hombres, muéstranos tu amor.
Todos nosotros te amamos y deseamos que Tú nos protejas
con tu corazón de Pastor. sé paciente y no desistas nunca.
Nosotros ahora estamos obcecados, porque no henos entendido tu amor.
Continua insistiendo.

Haz, oh buen Jesús, que te abramos nuestros corazones al menos en el momento en el que nos acordemos de tu Pasión sufrida por nosostros.
Amén.

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