Novena a Santa Catalina Labouré

Para repetir durante nueve dias seguidos.
  1. Oh, Virgen Inmaculada, que prefieriendo a los humildes, has querido ser la Madre de la pequeña Zoé Labouré, depositando en ella, desde su infancia, preciosas gracias, obtennos tambien a nosotros el espíritu de sencillez y de piedad de la que estaba plena aquella hija tuya predestinada.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosotros

  2. Oh Virgen Inmaculada, que elegiste a la pequeña Zoé para hacerla instrumento de tus maravillas: la apartaste del mundo y por misteriosos caminos la condujiste a tu Vicenciano, que es la Compañía de las Hijas de la Caridad: concédenos separarnos del mundo, al menos con el afecto, y seguir dulcemente los designios maternales que tengas para nosostros.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosotros

  3. Oh Virgen Inmaculada, que hiciste de Santa Catalina Labouré un modelo de exactitud en la observancia de las reglas, de docilidad en la obediencia a los superiores, de condescendencia con las compañeras, de abnegación en el servicio a los pobres y, especialmente, un prodigio de humildad al esconder los extraordinarios dones del Cielo: haz que imitando sus virtudes, busquemos el camino oscuro de la santidad con perfecta observancia de los deberes de nuestro estado.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosotros

  4. Oh Virgen Inmaculada, generosa de favores para con Santa Catalina Labouré, con las apariciones del Corazón de San Vicente y la familiaridad con su Ángel Custodio: haz que, a tus pies, busquemos luz y descanso en las inseguridades y en las tribulaciones.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosostros

  5. Oh Virgen Inmaculada, que obtuviste para Catalina Labouré la gracia de ver claramente a Jesús en la Eucaristia, y le enseñaste a ir a buscar a los pies de altar, consuelo en las penas, asegurándole que allí "las gracias se derramarían en abundancia sobre todos los que las pidieren con confianza y fervor", concédenos de viva fe, en este Gran Sacramento, para que los dispuestos y acompañados a los pies del Tabernáculo, podamos ser partícipes de las gracias prometidas.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosostros

  6. Oh Virgen Inmaculada, por la maternal condescendencia que te empuja a apagar el ardiente deseo de tu hija predilecta, mostrándote a ella, mejor dicho, permitiéndole apoyar sus manos en tus rodillas y haciéndote su Guía y Maestra, concédenos ser siempre tus hijos, y dóciles discípulos: para contemplarte en la gloria del Cielo.
    Gloria al Padre.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosostros

  7. Oh Virgen Inmaculada, por el amor que te empujó a elegir a Santa Catalina Labouré como instrumento de tus misericordias para los hombres, confiándole el precioso tesoro de la Medalla Milagrosa, concédenos, por su intercesión, apreciar tu don y pedir las gracias que has prometido conceder por medio de tu Medalla a quien las pida con confianza.
    Gloria al Padre.
    Santa Catalina, afortunada vidente de la Medalla Milagrosa, ruega por nosostros

Oración
Señor Jesús, que prometiste ensalzar a los humildes y desvelar tus secretos a los sencillos; que has querido premiar a Santa Catalina enriqueciéndola durante su vida con grandes gracias y honrarla, tras su muerte, con el honor de los altares, concédenos aprovecharnos de la preciosa Medalla que, por su medio, tu Madre nos ha dado y tras haber imitado las virtudes de tu fiel sierva en la tierra, podamos estar con ella participando de tu gloria en el Cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


Para repetir durante nueve dias seguidos.

Novena a la Medalla Milagrosa

  1. Oh Virgen Inmaculada, sé bendita por haber querido elegir a una humilde familia de San Vicente para manifestar tu prontitud maternal hacia los hombres. Oh Abogada nuestra piadosa, que en tus primeras apariciones a Santa Catalina Labouré Te dignaste mostrarte llorando por las miserias de tus hijos y las calamidades que estaban por acontecerles: especialmente, la persecución que se iba a desencadenar contra el clero y las comunidades religiosas, y que prometiste tu particular protección a tus devotos. Vuelve de nuevo tus ojos misericordiosos hacia tu pueblo, atormentado por las mismas miserias: amenazado por las mismas calamidades y ten piedad de nosotros. Defiende y santifica al clero, protege a la Iglesia, exalta a Pedro y haz que por medio de tu Medalla, todos tus hijos errantes se conviertan y se salven.
    Ave Maria....
    Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí.

  2. Oh Virgen Inmaculada, nuestra poderosa Reina: Te mostraste a tu sierva con las manos llenas de anillos resplandecientes, que recubrían la tierra con sus rayos, símbolo de las gracias que esparciste en tus devotos, y que añadiste, tambien con dolor, a los anillos que no emitían luz, pues indicaban las gracias que Tú quisiste conceder, pero que nosotros no te pedimos. Oh Madre de Misericordia, no mires nuestra indignidad, sino que, por el amor que nos traes, haz resplandecer en nosotros tu Fuerza en todo su esplendor y concede tods las gracias que tu bondad guarda a los que la pide con confianza.
    Ave Maria....
    Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí.

  3. Oh Virgen Inmaculada, nuestro seguro Refugio, sé eternamente exaltada, para que, dándonos tu Medalla como poderoso escudo contra nuestros enemigos espirituales y seguro Refugio contra todo peligro del cuerpo, nos has enseñado la súplica que Te debemos presentar mover tu corazón a piedad. Pues bien, oh Madre, he aquí que estamos postrados a tus pies mientras Te invocamos con la jaculatoria que nos has traido del Cielo y, recordándote el glorioso privilegio de tu Inmaculada Concepción, Te pedimos, en virtud de ello, las gracias de las cuales tenemos necesidad.
    Ave Maria....
    Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí.

  4. Oh Virgen Inmaculada, Consoladora de los atribulados, sé bendita bendita eternamente porque has querido hacer, de tu Medalla, el instrumento de tu estupenda misericordia, curando a los enfermos, consolando toda clase de mieserias.
    No permitas, oh Madre piadosa, que se olvide el nombre que el pueblo reconocedor quiere dar a tu Medalla: derrama sobre nosotros, y sobre las personas que te encomendamos, tus gracias y prodigios, haciendo que tu Medalla sea tambien, para nosotros, verdaderamente Milagrosa.
    Ave Maria....
    Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí.

  5. Oh Virgen Inmaculada, Tú has querido ser representada en la actitud triunfal de aplastar la cabeza de la serpiente infernal y nos señalaste en la devoción a tu Medalla, el secreto de la victoria. Oh María, derrotadora invicta del infierno, vuelve Tu mirada sobre nosostros, para no ser víctimas de nuestro y tu enemigo, seamos refugiados baho tu protección e inscritos e inscritos en tu milicia.
    Haz que tu Medalla sea para nosotros escudo seguro, arma poderosa, para que, tras haber vencido, tambien nosotros, podamos exaltar tu Inmaculada Concepción en la Eternidad.
    Ave Maria....
    Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí.

Extraido de "IL LIBRO DELLE NOVENE". Ed. Ancilla..

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