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La fe en las cosas que no se ven, por San Agustín

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Nada más cierto que la visión interior del alma.
Hay algunos que creen que la religión cristiana debe ser ridiculizada y no aceptada porque en ella, en lugar de mostrar cosas que se vean, se ordena a los hombres la fe en cosas que no se ven. Por lo tanto para refutar a los que parece prudente negarse a creer en lo que no pueden ver, nosotros, aunque no estamos en disposición de mostrar a los ojos humanos las realidades divinas que creermos, aun demostramos a las mentes humanas que deben creer incluso las cosas que no se ven. Y, en primer lugar, a los que la estupidez ha hecho tan esclavos de los ojos carnales que juzgan no deber creer lo que con ellos no perciben, que hay que recordar cuantas cosas no sólo creen, pero también sabemos que así no pueden ver con tales ojos. En nuestro ánimo, que es de naturaleza invisible,son innumerables. Por no hablar de otro, de la fe con que creemos, con el pensamiento con el cual sabemos creer o no creer en algo, son totalmente extraños a las miradas de los ojos: y, ¿qué hay más manifiesto, evidente y cierto que la visión del ánimo? ¿cómo no creer con los ojos del cuerpo, cuando nos acordamos de creer, o de no creer, no haciendo un buen uso de los ojos del cuerpo?

Ninguna disposición del ánimo se puede ver con los ojos del cuerpo.
Pero, ellos dicen, estas cosas que son del ánimo, puesto que las podemos percibir con el ánimo mismo, no tienen necesidad de conocerse con los ojos del cuerpo; aquellas, sin embargo, que nos proponéis creer, no las mostráis al exterior de modo que las conozcamos mediante los ojos del cuerpo, ni están interiormente en nuestro ánimo, de modo que las veamos con el pensamiento. Esto es lo que dicen; como si se ordenase a alguien creer en el caso de que se pudiese ver ante sí el objeto a creer. Estamos obligados por algunas realidades temporales que no vemos, para merecer ver también las eternas en la que creemos. Pero, quienquiera que seas, si no quieres creer sin ver, he aquí que ves con los ojos del cuerpo los cuerpos presentes y ves con el ánimo, puesto que es tu ánimo, tu voluntad, tu pensamiento del momento, ahora dime, por favor, si ves la buena disposición de tu amigo hacia tí, ¿con qué ojos los ves?. Ninguna disposición, en efecto, se puede ver con los ojos del cuerpo, ¿o ves, quizás, en tu ánimo también lo que ocurre en el ánimo ajeno?. Pero si no lo ves, ¿cómo correspondes a la benevolencia del amigo, en el momento en que no crees lo que no estás en disposición de ver?,¿o vas a decir que estás en condición de verla a disposición ajena de sus obras?. Verás los actos y oirásentorno a la disposición del amigo, tú estarás forzado a creer lo que no se puede ver ni oír. Aquella disposición, en efecto, no es ni un color ni una forma que se imponga a los ojos, no es un sonido o una melodía que penetre en los oídos, y no tu disposición, que sea percibida por un movimiento de tu corazón. No te queda más remedio que creer en lo que no se vé, ni se oye, ni se percibe en tu interior, para que tu vida no permanezca vacia, sin amistad alguna, o el amor que has recibido no sea, a su vez, correspondido. ¿Dónde está el que os dice que no debéis creer más que lo que véis en el exterior, con el cuerpo, o el interior, con el corazón?. A partir de tu corazón tú crees en otro corazón y allá donde no enderezcas la mirada de la carne y de la mente, nos traes la fe. Tú, con tu cuerpo, detectas el rostro del amigo, con tu ánimo disciernes tu fe; pero la fe del amigo no puedes amarla si, a tu vez, no tienesen tí aquellas fe con la cual crees lo que en él no ves. El hombre también puede engañar al fingir benevolencia o esconder la maldad o, si no tiene intención de dañar, con esperar de tí alguna ventaja. Él disimula porque le falta amor.

En las adversidades se prueba el verdadero amigo.
Pero, lo que cuentas,es que crees al amigo, del cual no le puedes ver el corazón,porque lo has experimentado en las situaciones dificiles y has conocido su disposición de ánimo hacia tí en ocasiones de peligro en las cuales no te ha abandonado. Quizás, pues, a tu parecer, ¿debemos sufrir desgracias para comprobar el amor de los amigos hacia nosotros?. Y nadie experimentará la felicidad que proviene de los amigos fidelísimos, si no ha sido infeliz en las adversidades, ¿o bien jamás podrá gozar del amor probado de otro si no ha sido atormentado por el propio dolor o temor?. Entonces, ¿cómo se puede desear y no temer, que la felicidad que se experiementa al tener verdaderos amigos, cuando sólo la infelicidad puede hacerla cierta?. No hay duda de que se puede tener también un amigo en la prosperidad, si bien es en la adversidad es donde tenemos la prueba más cierta.

Creemos en el corazón de los amigos antes de ponerlos a prueba.
Sin embargo, para ponerlo a prueba tú no te confiarías a tus verificaciones, si no creyeses. Por ello, tú crees antes de ponerlo a prueba. En efecto, si no debemos creer en lo que no vemos, de momento no creemos en los corazones de los amigos incluso cuando no tenemos pruebas ciertas, y desde el momento en que las tenemos - a costa de nuestros males - que son buenos,también entonces,antes de ver, creemos en su benevolencia hacia nosotros, todo eso ocurre porque en nosotros es tan grande la fe que, de manera totalmente consecuente, pensamos ver, si se puede decir, con sus ojos lo que creemos. Y debemos precisamente creer, justo porque no podemos ver.

Si desaparece la fe, acabará la amistad del todo.
Si esta fe fuese eliminada de las vivencias humanas, ¿quién nos advierte de cuanta confusión se determina en ellas y de cuán horrendaincertudumbre sobrevendría?. Si no debo creer en lo que no veo, ¿quién, en efecto, será amado por otro en el momento en que en sí mismo el amor es invisible?. Por tanto acabará del todo la amistad porque ella sólo consiste en el amor recíproco. ¿Qué amor, en efecto, se podrá recibir de otro si no se cree en absoluto que nos haya sido dado?. Con el fin de la amistad no quedarán en el ánimo vínculos matrimoniales, de consaguinidad ni de parentesco, puesto que en ellos no hay otro modo de sentir que no esté basado en la amistad. Los cónyuges no podrán amarse el uno al otro, cuando no pueden ver el amor como tal, uno no creerá ser amado por el otro. Ellos no desearán tener hijos, puesto que no creen ser correspondidos. Si nacen y crecen, amarán mucho menos a sus padres, no viendo en su corazón el amor hacia sí, puesto que es invisible; naturalmente, sin embargo, si el creer las cosas que no se ven es señal de culpable impudencia y no de loable fe. ¿Qué decir pues de los demás vínculos familiares - hermanos, padres, suegros o entre conjuntos de cualquier nivel de consaguinidad o afinidad - si el amor es incierto y la voluntad sospechosa, de los padres a los hijos y viceversa, siempre y cuando la debida benevolencia no es correspondida porque no se considera debida cuando no viéndola, no se cree que hay en el otro?. Por otra parte, si no es ingenua, es cuanto menos odiosa esta cautela por la cual no creemos ser amados por el hecho de no ver el amor de quien nos ama, y por tanto no correspondemos a nuestra vez porque no nos sentimos obligados a corresponder. hasta tal punto las cosas humanas se ven perturbadas no creyendo lo que no vemos, por estar destruidos hasta los fundamentos, si no creemos a ninguna voluntad del hombre, por no poderla ver. Omito decir cuantas cosas de la opinión pública, de la historia, de lugares en los que nunca han estado...por el hecho de creer en lo que no vemos y cómo ellos nos dicen: "no creemos porque no hemos visto". Se decían, que se verían obligados a confesar no tener certeza alguna sobre la identidad de sus padres, puesto que también en este caso, han creido lo que otros le han contado, sin ser capaces de demostrarlo, porque ya había pasado, y no teniendo ningún recuerdo de su nacimiento, han dado total credibilidad a los que de ello les han hablado. Si no fuese así, inevitaablemente se incurriría en una irrespetuosa falta de respeto respecto a sus padres, en el mismo momento en que se quiere evitar la temeridad de creer en las cosas que no se pueden ver.

La presencia de indicios nos alienta a creer.
Sí, con no creer lo que no podemos ver, se colapsara la sociedad humana misma, ¿porqué habría de faltar la concordia, cuanto más necesario es dar fe a las realidades divinas, aunque sean realidades que no se ven?.Si no se prestase su fe, no habría amistad de un hombre cualquiera sino que la misma suprema religión sería violada de modo que no se conseguiría la suma felicidad.

Pero tu dirás, la benevolencia de un amigo en mis comparaciones, a pesar de no poder verla,, aun la puedo buscar a través de muchos indicios; vosotros, sin embargo, no podéis mostrar con ningún indicio las cosas que queréis que creamos sin haberlas visto. No es trivial que tú concibas que se puedan creer algunas cosas, aunque no se vean, cuando se está en presencia de claros indicios; esto es suficiente para concluir que toda cosa que no se vé, no debe ser creida. Y está totalmente acreditado aquel presupuesto por el cual se dice que no debemos creer lo que no vemos. Pero se equivocan del todo los que sostienen que nosotros creemos en Cristo sin ningún indicio acerca de Él. ¿Qué indicios son más claros que las cosas que ya constatamos, que ya han sido anunciadas y se han realizado?. Vosotros, que excluís la existencia de indicios para que debáis creer, relativamente en Cristo, las cosas que no habéis visto, considerad las que véis. La Iglesia misma, con Palabras de maternal amor: "Yo que veo con maravilla fructificar y crecer por todo el mundo no estaba donde ahora advierto". Pero en tu semilla serán bendecidas todas las gentes. Cuando Dios bendecía a Abraham, me prometía: yo, en efecto, me difundo entre las gentes en la bendición de Cristo: que Cristo es la semilla de Abraham, lo atestigua el orden de sucesión de las generaciones. Resumiendo brevemente: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob y éste tuvo doce hijos de los cuales ha resultado el pueblo de Israel. Jacob mismo tuvo el nombre de Israel. Entre estos doce hijos engendró a Judá, del cual proviene el nombre de Judios, de entre los cuales nació la Virgen María, que parió a Cristo. Y he aquí, en Cristo, esto es, en la semilla de Abraham, véis que están bendecidas todas las gentes que quedaron sorprendidas; pero dudan todavía de creer en Él, en el cual más bien habriáis debido temer no creer.¿Ponéis en duda o rechazáis creer que una virgen haya parido, cuando deberíaiss creer que así convenía a Dios nacer como hombre?. Sabed que esto también fue anunciado por el profeta: he aquí que una virgen concebirá y tendrá un hijo, que llamarán Enmanuel, Dios con nosotros. No pongáis más en duda que una virgen pueda parir, si queréis creer en un Dios que nace y, sin abandonar el gobierno del mundo viene a vivir entre los hombres en la carne, y que pueda conceder a la madre la fecundidad, sin tocar la integridad virginal.Así necesitaba que naciese como hombre, pero quedando siempre Dios, porque naciendo sería para nosotros Dios. Por esto,el profeta dice de nuevo de Él: Tu trono, Dios, dura para siempre. Ha coronado de rectitud el cetro de tu reino. Tú has amado la justicia y has detestado la iniquidad; por esto Dios, tu Dios, te ha consagrado con óleo de alegría, a preferencia de tus iguales. Ésta es la unción espiritual con la cual Dios unge a Dios, esto es, el Padre y el Hijo: donde sabemos que Cristo toma el nombre de crisma, que significa unción.Yo soy la Iglesia de la cual se habla en el mismísimo salmo, preanunciado como ya producido lo que debía ocurrir. Destacada la reina a tu derecha, con hábitos de oro, adornada con muchos colores, esto es en el signo de la sabiduría, ornamentada por la variedad de lenguas. Me ha dicho: Escucha, oh hija, y mira, presta oído y olvida a tu pueblo y a tu casa paterna, porque el rey se ha prendado de tu belleza; puesto que Él es el Señor, tu Dios. Ante él se postrarán las hijas de Tiro con dones, todos los ricos del pueblo suplicarán a tu rostro. Toda la gloria de la hija del rey está en el interior: la envuelve un vestido de franjas de oro, de muchos colores.La vírgentes, su séquito, serán conducidas al rey, a tí serán conducidas sus compañeras; serán conducidas en gozo y exultación, serán llevadas al templo del rey. En el sitio de tus padres te han nacido los hijos, los harás cabeza de toda la tierra. Se acordarán de tu nombre, de generación en generación. Los pueblos te alabarán eternamente, por los siglos de los siglos.

Cumplidas las profecias acerca de la Iglesia.
Si no véis a esta reina, ahora también fecunda de hijos reales; si a ella, a la que le fue dicho: Escucha, hija, no viese realizada la promesa un tiempo oída. Sí, a ella a la que se le dijo: Olvida a tu pueblo y a la casa paterna, no hubiese abandonado las costumbres antiguas del pueblo; si a ella, a la que se le dijo: prendado está el rey de tu belleza, puesto que él es el Señor tu Dios, no reconociese que Cristo es el Señor; si no viese que la ciudad eleva plegarias a Cristo y ofrecen dones a Él, del cual le fue dicho: Ante Él se postrarán las hijas de Tiro con los dones; Si también los ricos no depusiesen su soberbia y no suplicasen la ayuda de la Iglesia, a la que se le dijo: Todos los ricos del pueblo suplicarán tu rostro; si no reconociesen a la hija del rey, a la cual le fue ordenado decir: Padre nuestro que estás en los cielos 9 ; y a ella a la que se le dijo; Toda la gloria de la hija del rey está en el interior, no se renovase cada día en lo íntimo 10 a través de sus santos, si bien golpea brillando también a los ojos de la gente foránea con la fama de sus predicadores, que se expresan en distintas lenguas, comparables a los flecos de un vestido de muchos colores; si después de que su buen perfume le ha hecho famosa en todo lugar, jóvenes vírgenes conducidas a Cristo para ser consagradas a Él, del cual y al cual se dice: las vírgenes, a su séquito, serán conducidas al rey, a tí serán conducidas sus compañeras, para que no pareciese que fueran conducidas como prisioneras a una cárcel,dice: serán conducidas con alegría y exultación, serán conducidas al templo del rey; si ella no diese a luz los hijos, de los cuales tiene como padres, de hacerlas sus gobernantes, ella de la cual se dice: en el lugar de tus padres han nacido los hijos, los hará jefes de toda la tierra; ella, madre, soberana y súbdita a la vez, que confía en sus plegarias, por lo que se le añadió: Sí, recordarán tu nombre de generación en generación, sí, por la predicación de estos padres, en la cual su nombre ha sido recordado sin interrupción, multitudes tan grandes se reunirán en ella y renndirán incesantemente alabanzas, cada una en su lengua, para gloria de ella, de la cual se dice: Por eso los pueblos te alabarán eternamente, por los siglos de los siglos.

Las cosas que véis han sido predichas mucho tiempo antes y se han cumplido con mucha claridad. Cómo será para las cosas futuras.
Si estas cosas no se revelasen tan evidentes que los ojos de los enemigos no encuentran donde volverse para evitar ser golpeados por tal evidencia y de ser por ella obligados a admitirlos manifiestamente; entonces quizás a buen derecho sería que no os vienen mostrados clases de indicios, vistos los cuales podéis creer hasta lo que no véis. Pero si estas cosas que véis han sido anunciadas antes y se han cumplido con toda claridad; si la verdad misma se os muestra con sus efectivos antecedentes, y con los que siguieron, para que creáis lo que no véis, o permanezcais en la infidelidad, avergonzados por lo que véis.

Miradme, os dice la Iglesia, miradme, que véis, aunque no queráis ver. A los que en efecto, que en aquellos tiempos, en tierra de Judá, fueron fieles, aprendiendo directamente como realidades presentes, el maravillosos nacimiento de una virgen, la pasión, la resurrección, la ascensión de Cristo y todas las cosas divinas por Él dichas y hechas. Todo lo que vosotros no le habéis visto; es por esto por lo que os negáis a creer. Mirad, pues, estas cosas, prestad atención a estas cosas, pensad en estas cosas que véis, que no os han sido narradas como hechos del pasado, que no os han sido anunciadas como eventos del futuro, pero os han sido mostradas como realidades del presente. ¿Os parece una cosa cosa vana e insignificante, y sostenéis que no sea milagro divino o que lo sea de poco valor que, en el nombre de un crucificado, se salve todo el género humano?. No habéis visto lo que os fue anunciado y se hizo realidad el nacimiento humano de Cristo. He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo; pero véis cumplido lo que la palabra de Dios predijo a Abraham: en tu semilla serán bendecidas todas las gentes. No habéis visto lo que fue anunciado de los milagros de Cristo; venid y veréis las obras del Señor, que ha hecho prodigios en la tierra, pero véis lo que fue anunciado: El Señor me dijo: Tú eres mi hijo. Hoy te he engendrado; pídeme y te daré a las gentes en heredad y los confines de la tierra en posesión. No habéis visto lo que fue predicho y se hizo realidad en la pasión de Cristo. Han traspasado mis manos y mis pies, han contado todos mis huesos. Ellos me han mirado y observado; sehan repartido mis vestidos y han echado a suerte mi túnica, pero véis lo que en el mismo Salmo fue preanunciado y que ahora parece verdad. Se acordarán del Señor y a Él volverán todos los confines de la tierra, y lo adorarán postrados ante Él, todas las estirpes de los pueblos, puesto que del Señor es el reino y Él dominará sobre las genetes. No habéis visto lo que fue profetizado y se hizo realidad en la resurrección de Cristo, según cuanto el Salmo le hizo decir especialmente respecto a su traidor y luego a sus perseguidores: Salían fuera y todos a la vez chismorreaban como uno solo: todos mis enemigos murmuraban contra mí, contra mí meditaban mi mal: una palabra no equitativa contra mí han hecho circular, donde para hacer ver que nada les valió asesinar a quien sería resucitado, continuó diciendo: ¿Quién duerme no podrá levantarse?. Y poco después habiendo predicho, mediante la misma profecia, de su mismo traidor lo que está escrito en el Evangelio: Quien comía mi pan, levantó sobre mí el calcañar, esto es, me golpeó, de inmediato añadió: Pero Tú Señor ten piedad y resucítame, y yo les pagaré. Se hizo realidad: Cristo durmió y se despertó, o sea, resucitó: Él que, en la misma profecia, pero en otro Salmo, dice: yo me he dormido y me he levantado, puesto que el Señor me sostendrá. Es verdad, todo lo que vosotros no habéis visto, pero véis a su Iglesia, de la que fue predicho de modo similar, y se hizo realidad: oh Señor, Dios mío, a tí las gentes vendrán de las extremidades de la tierra y dirán: "En verdad nuestros padres adoraron a los ídolos mentirosos, que, sin embargo, no son de ninguna utilidad". De cierto, lo que vosotros lo constatáis, sea que lo queréis sea que no lo queréis, y, si todavía pensáis que los ídolos sean o han sido de alguna utilidad, no es menos cierto que habéis oído de innumerables pueblos, tras haber abandonado, rechazado o destruido similares vanidades, dicen: En verdad vuestros padres adoraron los ídolos mentirosos, que, sin embargo, no son de ninguna utilidad; si el hombre puede fabricarse sus dioses, he aquí que, ellos no son dioses. Y puesto que fue dicho: A tí las gentes vendrán desde los extremos de la tierra, no creáis que las gentes predichas a algún lugar de Dios; entended, si podéis, que al Dios de los cristianos que es Sumo y Verdadero Dios, los anfitriones de los pueblos no vienen caminando sino creyendo. La misma cosa, en efecto, fue anunciada por otro profeta: el Señor prevalecerá sobre ellos y exterminará a todos los dioses de los pueblos de la tierra; y todas las islas de la tierra Lo adorarán, cada cual en su lugar. Como aquel dice: A Tí vendrán todas las gentes, esto dice: Lo adorarán cada uno en su lugar. Puesto que vendrán a Él sin dejar su lugar, porque quien cree en Él lo encontrará en su propio corazón. No habéis visto lo que fue anunciado y se hizo realidad en la resurrección de Cristo: Elevado, oh Dios, sobre los cielos pero véis lo que viene de inmediato después: y sobre toda la tierra sea tu gloria. Todo aquel que, respecto a Cristo, ha venido y ha pasado, vosotros no lo habéis visto, pero estas cosas, que están presentes en su Iglesia, no podéis decir que no las véis. Las unas y las otras nosotros os las mostramos como preanunciadas, pero no podemos presentarlas como producidas y que es posible ver porque no somos capaces de someter a los ojos las coss pasadas.

Tanto las cosas pasadas, las presentes como las futuras las oímos o las leemos preanunciadas antes de que ocurran.
Pero, como por los indicios, que se ven creemos en la voluntad de los amigos que no se vé, así la Iglesia, que ya se vé, de todas aquellas cosas que no se ven pero son mostradas en aquellos escritos en los cuales ella misma está anunciada, es signo de aquellas pasadas, profecia de las futuras. Porque tanto de las cosas pasadas, que ya no se pueden ver, como de las presentes, que no se pueden ver todas, no se podía ver nada cuando fueron preanunciadas. Las cosas anunciadas empezaron a suceder, de aquellas ya sucedidas a éstas que están sucediendo, todas las cosas predichas respecto a Cristo y a la iglesia se han seguido en una serie ordenada. A este serie pertenecen aquellas sobre el día del juicio, la resurrección de los muertos, la eterna condenación de los malvados con el diablo y la eterna recompensa de los justos con Cristo, cosas que, también ellas preanunciadas, sucederán. ¿Porqué no debemos creer las cosas pasadas y futuras que no vemos, cuando tenemos como testimonio de las unas y de las otras, las cosas presentes que vemos y cuando,, en los libros de los profetas, tanto las pasadas como las presentes y las futuras las oímos o leemos preanunciadas antes de que ocurran?. A menos que sea el caso de que los infieles no sotengan que hayan sido escritas por los cristianos de modo que estas cosas, que ellos ya creían, tuviesen un peso mayor en hecho de autoridad, sosteniendo que fueron hechas promesas que ocurrirán.

Los Judios en las Escrituras son nuestros partidarios, en los corazones enemigos, en los libros testimonios.
Si han sospechado esto, examinen atentamente los libros de los Judios, nuestros enemigos. Os leerán todas las cosas que hemos recordado y encontrarán que han sido preanunciadas respecto a Cristo, en el que creemos, y a la Iglesia, que vemos desde el inicio fatigoso de la fe hasta la bienaventuranza sempieterna del reino. Pero, cuando leen, no se maravillan si los que tienen estos libros no comprenden tales cosas a causa de las tinieblas de la enemistad. Que ellos no hayan entendido, ha sido predicho por los mismos profetas: y por lo tanto era necesario que esto, como todo lo demás, se realizase y que, según un secreto pero justo juicio de Dios, fueron sometidos a la pena que habían merecido. Es verdad, Al que crucificaron y al cual dieron hiel y vinagre, aunque colgase de un madero, para los que lo habían conducido de las tinieblas a la luz, había dicho al Padre: Perdónales, porque no saben lo que hacen; aun para los demás que, por ocultas razones, habían abandonado por boca del profeta, que mucho tiempo antes predijo: Han puesto hiel en mi alimento y cuando tuve sed me dieron vinagre. Su cantina llega a ser para ellos una trampa, como recompensa y motivo de escándalo. Se ofuscarán sus ojos, para no ver y doblado para siempre sea su espalda. Así sus ojos sean ofuscados, en todas partes del mundo con los más ilustres testimonios de nuestra causa, de modo que, por su medio, son confirmadas estas cosas en las cuales, sin embargo, ellos están negados. Fue hecho para evitar que fuesen destruidos y que de la misma secta no quedase nada; pero ella fue dispersada por el mundo, para que, llevando las profecias de la gracia a nosotros reservada, nos fuese de ayuda para convencer más firmemente a los infieles. Y lo mismo que digo, oíd como ha sido anunciado por el profeta: No los matéis-dice- para que no tengan un día para olvidar tu ley: dispérsalos con tu potencia. Pues no fueron muertos en cuanto que no olvidaron aquellas cosas que, entre ellos, se oían y leían. Si en efecto, también sin comprenderle, olvidaron completamente las Sagradas Escrituras, habrían asesinado con el mismo rito judáico, no conociendo nada de las leyes y de los profetas, los Judios no habría sido de ningún beneficio. Ellos no fueron asesinados sino dispersados, para que, a pesar de no tener la fe que les salvaría, todavía conservasen la memoria por la cual nos proviene la ayuda: en las Escrituras son partidarios, en los corazones son nuestros enemigos, en los libros testimonio.

La Iglesia se ha extendido admirablemente por todo el mundo.
Del resto, aunque respecto a Cristo y a la Iglesia, si no hubiesen tantos testimonios precedentes, ¿quién no debiera sentirse empujado a creer que la divina claridad de repente ha empezado a resplandecer para el género humano cuando vemos que, abandonados los viejos dioses y destruidas sus estatuas, demolidos los templos o destinados a otros usos y extirpados muchos vanos ritos de la bien radicada costumbre humana, un único y verdadero Dios es invocado por todos?. Y todo lo que ha acontecido por medio de un hombre burlado por los hombres, capturado, atado, flagelado, abofeteado, vituperado, crucificado y asesinado. Para difundir sus excelsas enseñanzas como discípulos, hombres sencillos u sin experiencia, pescadores y publicanos: ellos anunciaron su resurrección y ascensión, afirmando haberle visto, y llenos de Espíritu Santo, hicieron resonar este mensaje en todas las lenguas, sin ni siquiera haberlas estudiado. Y entre cuantos les escucharon algunos creyeron, otros no, oponiéndose ferozmente a su predicación. Así, en presencia de creyentes capaces de leuchar por la verdad hasta la muerte, no alternando con males, sino soportándolos, y de vencer no matando sino muriendo, es por lo que se cambian a esta religión, los corazones de los mortales, hombres y mujeres, grandes y pequeños, doctos y legos, sabios y analfabetos, fuertes y débiles, nobles y campesinos, de rango elevado y humilde, se han convertido a este Evangelio y a la Iglesia, se ha difundido entre todas las gentes y ha crecido de tal modo que, contra la misma fe católica, no marque ninguna secta perversa, ningún género de error que sea tan hostil a la verdad que no aspire a gloriarse en el nombre de Cristo. De cierto,no se consentiría a tal error difundirse por toda la tierra, si la misma oposición no sirviese de estímulo para la sana disciplina. Aquel crucificado, ¿cómo podría haber podido realizar cosas tan grandes, si no fuese Dios hecho hombre?. Y todo ello, también si no se hubiese predicho por los Profetas ninguna de estas cosas futuras. Pero, el momento más grande de este misterio de amor ha sido precedido por sus profetas y heraldos, de cuyas voces fue preanunciado y ha ocurrido justo como estaba preanunciado, ¿quién sería tan loco de decir que los Apóstoles han mentido sobreCristo cuando anunciaron la venida así como fue predicha por los profetas, los cuales no callaron ni siquiera los eventos que ocurrirían verdaderamente respecto a los Apóstoles?. De ellos, en efecto, habían dicho: No hay discurso ni idioma en los que no se oíga su voz; en toda la tierra se expande su estrépito y hasta los confines del mundo las palabras 31. De cierto, lo vemos verdadero en todo el mundo, aunque no hemos visto aun a Cristo en directo. ¿Quién por tanto, al menos que esté obcecado por una extraña locura o no sea duro e inflexible por una singular voluntariedad, rechazará creer en las Sagradas Escrituras, que predijeron la fe en todo el mundo?.

Exhortación a alimentar y acrecentar la fe.
En cuanto a vosotros, Oh queridísimos, esta fe que tenéis o habéis empezado a tener hace poco, alimentadla y acrecentadla en vosotros. Como en efecto, han ocurrido los eventos temporales predichos mucho tiempo antes, así sucederá con las promesas sempiternas. No os engañen los vanos paganos, ni los falsos Judios ni los engañosos heréticos y ni siquiera, en la misma Iglesia Católica, los malos cristianos, que son tanto más nocivos cuanto más íntimos. Porque ni siquiera en este punto, para no turbar a los déboles, la profecia divina silenciosa donde, en el Cantar de los Cantares, el esposo hablando a la esposa, esto es Jesucristo a la Iglesia, dice: Como un lirio en medio de espinas, así mi amada en medio de las hijas. No dice en medio de las extrañas, sino en medio de las hijas; quien tenga oídos para entender, que entienda. Y cuando la red echada en el mar y llena de peces de todas clases, como dice el Evangelio, sea arrastrada a la orilla, esto es, el final del mundo, allí se separarán los peces malos de corazón, no del cuerpo, esto es, cambiando los malos hábitos y no rompiendo las santas redes. De modo que los justos, que ya parecen mezclados con los réprobos, no reciban una pena, sino una vida eterna, cuando en la playa comience la separación.

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