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No se puede creer sin conocer, puesto que el conocimiento lleva a la razón a pensar, a considerar, a aprender lo que era desconocido para acogerlo y hacerlo propio. Pues bien, es sencillo creer en lo que se vé, pero ¿es sensato y razonable creer en lo que afirma un testimonio?.

La respuesta es sí, si el que está dando testimonio tiene autoridad, es serio y de confianza. Existe pues una relación proporcional entre mi creencia y la medida con la cual el testigo representa la verdad. Y en el momento en el que creo, me fio de la verdad que tú me has manifestado.

Muchas personas pretenden que la creencia sea relegada al ámbito religioso, pero no puede ser así. De hecho, todo cuanto aprendemos se ofrece por intermediarios y no desde una experiencia directa, sólo la fe en estos personas nos permite aceptar como verdadero cuanto proponen. Basta pensar en los acontecimientos históricos, en los geográficos y en todos los que nos han sido expuestos a nuestra experiencia directa, proporcionado por un docto, una enciclopedia o por un texto científico. En suma, creemos en estas fuentes que pueden demostrar cuanto afirman o que han tenido una experiencia directa de lo que dicen.

Reconocer la fuente como autoridad, sea de un docto, una enciclopedia o de cualquier otro, es siempre un acto de estima, de confianza, de fe. La fe, como ya hemos mencionado,se apoya en la razón y es libre: libre puesto que no se cree si no se quiere creer, y es razonable porque es el intelecto el que cree que es razonable creerlo.


¿ES SABIO CREER EN LA FE CRISTIANA?
La fe es razonable incluso cuando acepta los misterios de una verdad superior revelada por Dios. Rechazar lo que la fe no comprende es ridículo. ¿Quién conoce, por ejemplo, la ley de germinación de una semilla o la fructificación de un brote?. Estamos inmersos en fenómenos extraordinarios que todavía no conocemos, ¿quién negaría en nombre de la razón tales maravillas?. Y entonces. cómo distinguir el misterio de lo absurdo, entre lo que trasciende la razón y lo que es contrario a ella, o sea, irracional o imposible.


EL MISTERIO
La verdad cristiana no se puede demostrar científicamente pero es creible porque es una verdad que ofrece una razón, un contenido que ilumina el intelecto y lo hace entrar en un mundo que por sí solo jamás podría llegar. Es una verdad inalcanzable que puede ser desvelada, sólo después de esta relación, es posible comprenderla.

De las verdades de fe nosotros podemos exclamar como en aquel tiempo los oyentes de Jesús: «Este discurso es duro, ¿quién lo puede escuchar?» (Jn 6, 60).
Un respuesta neta que nos pone ante la eternidad. Desde el corazón de cada uno de nosotros, podría salir la misma palabra de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos?. Tú tienes palabra de vida eterna.» (Jn 6,68).

También en aquel tiempo, a pesar de que Jesús obraba grandes milagros y enseñaba una doctrina perfecta jamás oída, algunos no prestaron atención y no desearon creer en las obras hechas por el divino Maestro, que estaban ante sus ojos. No creyeron, porque no estaban dispuestos a creer.

En nuestro tiempo, Dios, a través de las Sagradas Escrituras, también desea hablar con nosotros. Y nosotros, ¿debemos escucharlo o ignorarlo, creer o negar sus sabias palabras?. Un dilema que sacude las raices de nuestra existencia, porque creer o no creer condiciona toda nuestra existencia terrenal y hasta nuestro futuro en la eternidad.


TRANCENDENCIA DE LA FE
El recorrido de la incredulidad a la fe no es posible implementarlo sólo utilizando medios humanos como el estudio y el conocimiento científico. Es necesario seguir el impulso que nace del deseo y de la Gracia divina. La Gracia divina se da siempre en abundancia. También si falta en caso de falta de empeño humano. La fe es pues conquista y don. Por eso, dice Jesús: «Nadie puede venir a Mí, si no le fuere dado por el Padre». (Jn 6,65).

La fe, en definitiva, es nuestro encuentro personal con Cristo. Recordemos la admonición de Jesús: «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?». (Lc 18,8). El interrogante puede dar a entender que vendrán tiempos difíciles para la fe. A pesar de esta perspectiva, no debemos tener miedo por que la fe, de pocos o de muchos, siempre nos salvará.

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