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Los Cuatro Tormentos

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Del: "Dialogo de la Divina Providencia" de Santa Catalina de Siena

Hija mía, la lengua humana no basta para describir las penas de estas pobres almas. Lo mismo que hay tres pecados principales esto es, el amor propio de donde procede el segundo, que es la vanagloria, y de ésta el tercero, que es la soberbia con falsa injusticia, crueldad y otras maldades y pecados inmundos que le siguen. Por eso te digo que en el infierno los condenados sufren cuatro tormentos principales, a los que siguen todos los demás.

El primer tormento es verse privados de Mí, lo cual es tan doloroso que, si fuera posible, antes que estar libres de las penas y de no verme, elegirían el fuego y atroces tormentos con tal de verme.

Este dolor revive en ellos el segundo, que es el dolor producido por el gusano de la conciencia, que roe constantemente, pues, por su propia culpa se ven privados de Mí y de la comunicación con los ángeles y a través del pecado se hicieron dignos del trato con los demonios y de su visión.

La visión del demonio, que es el tercer tormento, les redobla todos sus sufrimientos. Es más, los santos siempre exultan mi visión pensando con gozo el fruto de los sacrificios que soportaron con grandísimo amor y desprecio de sí mismos; por el contrario, estos desventurados, en la visión de los demonios..., viéndolos, se conocen más a sí mismos; esto es, conocen que por culpa suya son dignos de ellos de tal manera que el gusano de la conciencia les roe cada vez más y nunca les da tregua el fuego ardiente de este conocimiento. (cfr Isaías 66, 24)

Pena todavía mas grande se deriva en que ven su propia figura tan horrible, que el corazón humano no la puede imaginar. Si bien recuerdas, yo te mostré el demonio en su propia forma y por un pequeño espacio de tiempo, apenas un momento; tú, después de haber regresado en sí, elegiste mejor caminar sobre una calle de fuego que durara hasta el Día del Juicio, dispuesta a pisar con tus pies las llamas del fuego, que volver a verlo de nuevo. Pero, como sea que lo hayas visto, todavía no sabes cuán horrible es, porque por divina justicia, él se muestra todavía más repulsivo al alma que se ha privado de Mí de modo más o menos grave según la gravedad de las culpas cometidas.

El cuarto tormento es el fuego, que arde, que quema el alma y no la consume, porque no es algo material que el fuego pueda consumir. Pero Yo, por justicia divina, he permitido este tormento de fuego para que atormente a algunos sin consumir según la diversidad de sus pecados y la gravedad de su culpa.

De estas cuatro clases de tormentos proceden los demás, como frío, calor, rechinar de dientes. Así, de modo miserable reciben la muerte eterna, porque no se convirtieron después de haberles dirigido mis reproches por su vida, por su falso juicio y por su injusticia, sin haberse corregido en ocasión de esa primera reprensión, ni de la segunda, es decir, en el momento de su muerte, cuando no tuvieron esperanza, ni se afligieron por la ofensa hacia Mí, sino que se angustiaron solamente por su propio dolor.


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