Medios para evitar el infierno

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La Perseverancia

"Quien persevere hasta el final, ése se salvará" (Mc 13, 13).
La perseverancia es fruto de la oración, porque es a través de la oración que el alma recibe la ayuda indispensable para resistir a los asaltos del demonio. En su libro "El gran medio de la oración", San Alfonso escribe: "Quien reza se salva, quien no reza se condena".
¡Quien no reza, aun sin que el demonio lo empuje... al infierno se va con sus propios pies! Es aconsejable la siguiente oracion que San Alfonso incluyó en sus meditaciones sobre el infierno:

Ve, Señor, postrado a tus pies al que tan poco tuvo en cuenta tus dones ni tus castigos... ¡Desdichado de mí! Si Tú, Jesús mío, no hubieses tenido misericordia, muchos años ha que estaría yo en aquel horno pestilente, donde arderán tantos pecadores como yo.
¡Ah Redentor mío! ¿Cómo podría en lo sucesivo ofenderte otra vez? No suceda así, Jesús de mi vida; antes envíame la muerte. Y ya que has comenzado, acaba la obra; ya que me has sacado del lodazal de mis culpas y tan amorosamente me invitas a que te ame, haz ahora que el tiempo que me des lo invierta todo en servirte.
¡Cuánto desearían los condenados un día, una hora de ese tiempo que a mí me concedes!... Y yo, ¿qué haré? ¿Seguiré malgastándolo en cosas que te desagraden?... No, Jesús mío, no lo permitas, por los merecimientos de tu preciosísima Sangre, que hasta ahora me han librado del infierno. Te amo, Soberano Bien, y porque te amo me pesa haberte ofendido, y propongo no ofenderte más, sino amarte siempre.
Reina y Madre nuestra, María Santísima, ruega a Jesús por mí, y alcánzame los dones de la perseverancia y del divino amor.


La Ayuda preciosa de la Mamá Celestial

Debemos encomendarnos en las manos de la Virgen porque, como Mama celestial, hará lo imposible por procurarnos nuestra salvación; debemos ser devotos con el rezo cotidiano del Rosario, Ella misma fue quien vino a sugerírnoslo cuando se apareció en Fátima.
En 1917 la Virgen Santísima apareció en Fatima a tres niños; (...) cuando abrió las manos derramo un rayo de luz que parecía penetraba la tierra. Los jóvenes vieron entonces, a los pies de la Virgen, como un gran mar de fuego y sumergidos en el, negros demonios y almas en forma humana semejantes a brazos transparentes que, arrastrados a lo alto de las flamas, caían hacia abajo como chispas en los grandes incendios, entre gritos de desaparición que horrorizaban.
A tal escena los videntes alzaron los ojos a la Virgen para pedir socorro y la Virgen agrego: Este es el infierno donde terminan las almas de los pobres pecadores. Recen el Rosario y agreguen a cada misterio: Oh Jesús mio, libranos del fuego del infierno, llevad al cielo a todas las almas y socorred especialmente a las mas necesitadas de tu misericordia.


La buena voluntad

El pensamiento del infierno y de los tremendos sufrimientos que en aquel lugar se deben soportar puede ser, a su vez, una buena persuasión para evitar las pequeñas satisfacciones. La voluntad es estimulada por la determinación de querer llegar hacia donde se ha fijado.

Quien no es capaz de fortalecer la voluntad cae fácilmente en el vicio impuro, por cuanto no se encuentra en capacidad de controlar la mirada, no tiene la fuerza de dominar los efectos desordenados del corazón o la determinación de renunciar a las diversiones ilícitas. El número de pecados se suman hasta no tener la percepción de ellos; de este modo, se vive al borde del infierno.
¿Y si Dios detuviera tu vida ahora? No contarán las recriminaciones del tipo: "estaba decidido a fortalecer mi buena voluntad tarde o temprano, de reconciliarme con Dios, de arreglar cualquier cosa." Recuerda que: "Ningún siervo puede servir a dos patrones". (Lc. 16,13). ¿Si por un momento de placer se arriesga una eternidad de sufrimientos, vale la pena?

Si deseas salvarte acércate constantemente a los Sacramentos de la Confesión y de la Comunión, busca con todos los medios huir de las ocasiones próxima al pecado. No sometas a prueba tu fuerza, recuerda que algunas veces "la ocasión hace al ladrón". Dice el Señor: "Quien ama el peligro en él se perderá" (Sir 3,25).


Es necesario reflexionar

Si no se toma la buena costumbre de reflexionar cada día para no perder de vista al sentido último de la vida, se apaga el deseo de una profunda relación con el Señor, y faltando esto, no se logra hacer nada o casi nada de bueno y no se encuentra el motivo y la fuerza para evitar aquello que está mal. Quien medita con asiduidad, es improbable que viva en desventura de Dios y vaya a terminar al infierno.

La Vida alegre... la libertad de sentidos... las diversiones pecaminosas... la indiferencia total o casi total delante de Dios... la mofa de la vida eterna son actitudes especialmente del infierno. Si la muerte nos sorprendiera con estos deseos, ¿cuál sería el Juicio de Dios? La sentencia será como para el rico "Epulón" y probablemente se escuchará el veredicto: "¡Ve, alma maldita, al fuego eterno!"

Cuál ser la reacción de esta pobre alma: "¡Maldita sea yo, por el placer de un momento, topo se desvaneció como un rayo, deberé quemarme en este fuego, lejos de Dios, por siempre! Si no hubiera cultivado aquellas amistades peligrosas... Si hubiera orado más, si hubiera recibido más seguido los Sacramentos... ¡no me encontraría en este lugar de extremos tormentos!
¡Malditos placeres! ¡Malditos bienes! He pasado por encima de la justicia y de la caridad para tener un poco de riqueza... Ahora otros gozan y yo debo estar aquí por toda la eternidad. ¡He reaccionado en forma loca!
Esperaba salvarme, pero me faltó tiempo para acogerme a la gracia. La culpa fue mía. Sabía que podía condenarme, pero preferí seguir pecando. La maldición caiga sobre aquellos que me acompañaron en mi primer escándalo. Si pudiera regresar a la vida... ¡como cambiaria mi conducta!".

Tal vez ha llegado el momento de renunciar a los deseos de obtener riquezas y poner en ellas solamente nuestras esperanzas. Es hora de dejar de seguirse por los deseos carnales y aspirar a cosas por las cuales deba ser gravemente castigado. Es el momento de dejar de amar aquello que pasa con tanta rapidez y apurarse en el camino que puede conducir al gozo eterno.


Reflexionemos... Estamos todavía a tiempo

"Quien me sigue no camina en las tinieblas" (Juan 8,12) dice el Señor. Son palabras que nos exhortan a imitar la vida de Cristo y su conducta, si queremos ser verdaderamente iluminados y librados de toda ceguera interna.

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