Demonio

La voz persuasiva

Monasterio Estalló una guerra en el cielo y el Arcángel Miguel, con sus ángeles, expulsó del Paraiso al gran dragón, la serpiente antigua, la que llamamos el diablo y satanás, que fue precipitado, lleno de gran furor, a la tierra y con él fueron precipitados también sus ángeles ... Le fue dado poder sobre toda estirpe, pueblo, lengua y nación..
(Ap 12,7 13,7).

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LA VOZ PERSUASIVA DEL DEMONIO

Lucifer, que era un ángel luminoso,un espíritu perfecto según Dios, por un acto de soberbia, fue echado del Paraiso. Ya este ángel caído, este maldito rebelde y corruptor, este monstruo despiadado, que ha robado a Dios la alegría de ser Padre de todos los hombres, deambula por el mundo lleno de envidia y, mientras infecta la tierra, busca víctimas a las que devorar.

Su acción no se limita a acciones excepcionales, a espresiones demoniacas o a hechos que todos sabemos reconocer y son objeto de exorcismo, sino que se insinúa silencioso en nuestra vida diaria a nivel intelectual, es decir: donde se forman nuestros convencimientos, razonamientos, elecciones de comportamiento que el pensamiento luego traduce en acciones.

Y he aquí que el demonio intenta seducirnos e instigarnos para violar las leyes perfectas de Dios. Con su lengua viperina adula: "Tú eres el dueño de tu vida, libre de experimentar la alegría en todas sus formas. La misma lujuria a la que muchos renuncian, es esencial para aumentar tu gozo. No te encadenes a falsas moralidades o a mandamientos sepultados por la historia, donde un hipotético Dios quiere hacerte esclavo de su poder. Aprovecha las oportunidades que la vida te ofrece, experimenta la transgesión, lo ilícito y verás el disfrute subir hasta cimas vertiginosas".

Éstas son las redes, éstos son los instrumentos, las seducciones para someterte a su dominio y quitarte de las manos la historia que Dios ha escrito para tí, sin embargo, traicionar el designio divino te hará recorrer un camino que conduce a la muerte.

El Génesis ilustra el efecto del pecado: "Al Señor le agradó la ofrenda de Abel. Caín se irritó. El Señor dijo a Caín: "¿Porqué estás irritado y abatido tu rostro?. Si no actúas bien, el pecado está agachado a tu puerta: hacia tí va la codicia, pero tú domínala".

Caín no tomó en consideración las amonestaciones del Señor, sinop que prefirió escuchar la voz interior del demonio y mató a su hermano Abel. Con este acto cambia radicalmente su historia. Le dice el Señor: "Ahora serás maldito ... cuando trabajes el suelo ya no te dará sus frutos: errante andarás por la tierra".

La maldición es el resultado de la acción diabólica, porque es el diablo el que ha maldecido al hombre, porque él lo ha quitado de la vida, lo ha hecho morir. Y el hombre ha caaído porque ha creido el ambicioso designio que Satanás le ha puesto por delante: "Tú serás el dios de tu historia".

Nuestra historia, ¿no está hecha de continuas contenciones?. Es difícil que cada uno de nosotros está frente a todo lo que nos rodea, con la libertad interior de decir: "La historia que vivo es de Dios, no es mía", mientras que el demonio sugiere: "tu eres dios de tu historia y debes hacer lo que quieras".

Sus consejos aceptados, desencadenan rabia, odio,celos, envidias y muchos sufrimientos. Y cuando encuentres tiempo para reflexionar, Satanás te dirá: "No he sido yo, has sido tú el que ha cometido las faltas". La responsabilidad es tuya. y así es.

Esta es la obra del gran acusador: primero insinúa y luego te deja la responsabilidad. En efecto, no podrás decir: el diablo me ha inducido a hacerlo mediante el engaño. No, no es así: tú has pensado la acción y la has llevado a término, luego es tu responsabilidad.

Es verdad, he pensado y actuado creyendo ser justo, pero la culpa está en dar permiso al diablo para sembrar en mí su maldad. Dios ha creado al hombre y lo ha bendecido para la felicidad y nada le hará faltar hasta que no ceda a la tentación.

Dijo Dios: "No debéis comer, pues moriréis" (Gén 3,3). Pero, esta muerte, ¿qué es?. Es el hombre que a través del pecado se aleja de Dios, ya no gusta de su belleza ni su Gracia, prefiere vivir en la fatiga que agota, con la desesperación, con el rechazo, con la persecución. Lejos y corrompido el intelecto, no concibe que la vida es un don de Dios.

Surge en este punto una pregunta: ¿cómo puedo saber cuando el demonio actúa en mí?. El diablo cuando actúa fomenta con insistencia y urgencia. La acción de Satanás es siempre urgente, porque no puede perder tiempo, actúa rápidoo para evitar entrar en la racionalidad. De hecho, si nos movemos rápido, estamos cargados del momento, entonces nuestra confirmación es todavía más fuerte, por lo cual creemos obtener más.

Para comabatir este modo de actuar, Jesús nos dice que nos neguemos a nosotros mismos. Este es un autocontrol que lleva a adoptar la acción del diablo. Si nos dominamos a nosotros mismos, decae la posibilidad de actuar con urgencia, con fuerza, porque hay tiempo suficiente para reflexionar y meditar con la calma necesaria.

Escribe San Pablo: "Dentro de mí, quiero seguir la ley del Señor, pero hay una ley más fuerte que yo, que me obliga a hacer lo que no quiero".También en nosotros existe esta lucha interior, con la que somos conscientes de la acción del diablo, para luego derrotarlo.

El juego del diablo es terrible. Solicita nuestro instinto de conservación, desencadena el ansia de defendernos sin respeto. Afirma el apóstol Santiago: "Deseáis, anheláis, no obtenéis y, como consecuencia, hacéis la guerra".

El hombre no cree que Dios pueda entrar en la historia porque su pensamiento ha sido engañado por esta fuerza diabólica, sútil, no visible,incomprensible pero incisiva, que logra arrancarle de las manos de Dios, al hombre. Y es la cosa más triste que pueda suceder.

Así el hombre se ha acostumbrado a vivir con sus fuerzas para construir su historia, entonces dice: Sé lo que hacer. La conciencia de lo que debe hacer, ¿de dónde la ha sacado?. Tiene meditado el sentido de sus acciones, o bien, ha preguntado al Señor: ¿es justo lo que estoy haciendo?, ¿es ésto lo que quieres de mí?. Esto quiere decir saber que no somos los dueños de nuestra historia sino que la sacamos del Señor.

Es importante dar el justo relieve a la Palabra, porque es la Palabra la que nos da los criterios sobre los que vivir nuestra vida y los descubrimos cuando, tras haber hecho algo de lo que estamos arrepentidos, nos preguntamos: "Pero, ¿porqué lo he hecho?.".

Ya sabemos por quien estamos inspirados y para qué, pero la respuesta segura está en la comparación con el Evangelio. El objetivo de la Palabra no es evitarnos los errores, sino "darnos Luz", para que podamos escucharla y comprenderla.

Está calqo que, dentro de nosotros, debemos aprender a escuhar la voz del Espíritu, porque es el Espíritu de Dios, de Jesús, el que nos debe guar. Su voz puede ser oída sólo en la medida en la que es anunciada la Palabra del Evangelio, porque es la que nos permite oír en nosotros aquella voz. Porque el Evangelio es el conocimiento de Jesús.

San Perdo, en el día de Pentecostés, hace el primer anuncio, cuando dice: "Aquel Jesús a quién vosotros crucificásteis, está sentado a la derecha de Dios y nosotros hemos recibido su Espíritu". Mientras hace este anuncio, ¿qué dicen los que le escuchan: "Tus palabras nos han traspasado el corazón". El Espíritu, que ha entrado, existe en la medida en la que existe el anuncio.

Oír y escuchar la Palabra, es la garantía de donde podemos derivar el criterio para comprender cuando estamos guiados por el Espíritu de Dios y cuando, sin embargo, somos tentados y rodeados por la presencia del demonio.