El Seductor

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Tentaciones

Nuestra historia ha tenido finalmente una respuesta por parte de Dios, que ha enviado a su Hijo, el Verbo, que se ha hecho carne y ha venido a acampar en medio de nosotros. Así estamos seguros de ser rescatados de la historia que ha sido siempre obra de Satanás.

ATENTOS A LAS TENTACIONES

¿Cual es la puerta que el diablo puede usar para entrar en nuestra historia?. Es nuestro corazón. Estemos atentos sobretodo, a lo que son los signos de nuestra inteligencia desviada y de nuestra incapacidad de entender la mentira cuando ocupe el lugar de la verdad. Los signos son las relaciones que revelan cuuando somos guados y dominados por la presencia de Satanás.

No infravaloremos las cosas que, con frecuencia, dejamos pasar: a menudo no vemos a un hombre soberbio, insultante, maledicente, envidioso. Incluso si estas cosas no son muy consideradas, es aquí desde donde debemos partir, para notar el cambio.

Tras haber hablado a los Romanos de esta venida de Jesús, San Pablo escribe a los Gálatas, que es la respuesta a la humanidad que pide la liberación: "He aquí Jesús, ahora resucitado, pero vosotros habéis recibido el Espíritu de Jesús: en vosotros actúa su Espíritu...entonces debéis dar signos mediante vuestra historia, que es la realidad".

El Espíritu de Jesús no es un soplo suave que pasa en vuestro corazón y vosotros decís: qué bien tener dentro al Espíritu de Jesús, y todo queda ahí. No. El Espíritu de jesús debe transformarse en historia.

Dice Pablo a los Gálatas: "caminad según Jesús, no satisfagáis al espíritu de la carne, porque la carne tiene deseos contrarios al espíritu, porque estas cosas se oponen las unas a las otras: no hagáis lo que queráis, pues sóis guiados. Si os dejáis guiar por el Espíritu, no seáis esclavos de la carne, por otra parte, las obras de la carne son bien conocidas: idolatría, fornicación, libertinaje, enemistades, discordias, celos, disensiones, divisiones, facciones, envidias, embriaguez, orjías y cosas semejantes".

La carne genera estas cosas y nosotros estamos dominados por este espíritu inferior, esto es, por el yo, que está guiado por el demonio.

Estamos llamados a luchar contra el demonio que realmente nos prueba y nos pone en condiciones de deber luchar en nuestro interior. La lucha no es pecado, es el crisol que nos fortalece en nuestra adhessón a Jesús. La lucha es un privilegio, porque quiere decir que en nosotros está la voluntad de estar de parte del Señor.

La verdadera lucha contra el demonio nos pone dentro la fuerzaa, el gozo para que sintamos en nuestro interior el Espíritu del Señor y nosotros creamos y luchemos, pero estamos contentos porque estamos seguros de la presencia de Jesús en nosotros y, en el corazón, sentimos la libertad.

Estas tentaciones que Jesús recibe, son falsas imágenes del hombre que, en todo tiempo, insidian el conocimiento, disfrazándose de propuestas convenientes y eficaces, incluso desde buenas propuestas, pues su núcleo consiste siempre en instrumentalizar a Dios para los propios fines, dando más importancia al propio éxito o a los bienes materiales.

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