El Seductor

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Insidias del Maligno

¿Existe salida?. Lo preguntan todos los que, una vez entrados en el ámbito de los espíritumalignos, están bajo el dominio de las fuerzas negativas diabólicas.

Son personas que no ven solución a su problema. Como si estuviesen dominados por una fuerza poderosa a la que no pueden oponerse ni liberarse.

CÓMO LIBRARSE DE LAS INSIDIAS DEL MALIGNO

Vagando buscan ayuda y una puerta de salida y gritan por la liberación. El Demonio es más fuerte que el hombre. Cuando el hombre se le acerca o entra en su territorio se siente impotente. No tiene ninguna posibilidad de combatir el mal con sus propias fuerzas. Dios es infinitamente más fuerte que Satanás y la única puerta de salida del cerco embrujado por el mal. Sólo lo puede vencer la Fuerza Divina que tiene el poder de desbaratar sus intrigas y argucias.

Evita abrir las ventanas que puedan facilitar al diablo la entrada en nuestras vidas, molestándonos, con la infección, la opresión o la posesión. Las ventanas pueden ser la adhesión a sectas y ritos satánicos, misas negras, sesiones espiritistas, visitas a magos, brujas, quiromantes, hechiceros, mediums, clarividentes, catomantes o personas que dicen tener espírtus guía, prácticas exotéricas o la escucha de rock satánico.

Vivamos en constante Gracia. La Gracia es la defensa definitiva contra todas las acciones del diablo. Vivir en Gracia conlleva una amistad profunda con Dios. Tal amistad se hace obediencia amorosa a su voluntad, se alimenta de su Palabra, se nutre de la Eucaristía, se restaura con el sacramento de la Reconciliación y recibe ulterior apoyo de los demás sacramentos y de la oración personal, entonces ella es como una cura preventiva.

La vigilancia deberá ser ejercida en contra de la tentación, con la que el demonio quiere empujarnos a pecar.

Cuando el hombre, con un acto libre y personal, comete pecados, se pone en poder del diablo, se apodera de él en lo más íntimo y precioso que tiene. Con la tentación el diablo no se limita a inducir al hombre a pecar. Su táctica de siempre consiste en no revelarse, para que el mal, por el injertado, pueda convertirse en pecado estructural y no dejarse identificar como pecado "personal".

El arma más pelñigrosa en las manos del diabloo no es tanto laposesión, opresión o infección, sino la tentación, con la que él induce al hombre al pecado mortal. El pecado, respecto a una posesión diabólica, es como un infarto comparado con un forúnculo. Un buen médico curaría, ante todo, el infarto y sólo después, se osuparía de los demás. El diablo realiza cualquier actividad diaria, constituida por la tentación, mediante la cual empuja al pecado. Nadie escapa a sus asaltos.

La posesión, la opresión y la infección, a veces son permitidas por Dios en personas incluso santas, para involucrarlas en la obra de salvación universal junto con el propio Hijo. A veces, sin embargo, son consecuencia de alguna culpa que abre la ventana a una acción extraordinaria del diablo, porque no puede hacer todo el mal que quisiera. Su acción está continuamente obstaculizada por la Divina Providencia. Puede emplear sólo una pequeña parte de su fuerza.

¿Qué debe hacer la persona que se encuentra dentro del círculo del Maligno y no puede salir?. Debe buscar un sacerdote experto que le ayude a liberarse de las cadenas con la ayuda de Dios. "Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos, de dos en dos, y les dió poder sobre los espíritus inmundos" (Mc 6,7) Y ellos "predicaban la conversión a la gente, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Mc 6, 12-13).

El Papa Juan XXlll resaltaba la figura de San Juan Vianney, el cura de Ars, que salvó a muchísimas peronas de las garras diabólicas, aunque no era exorcista. Todo sacerdote tiene muchísimos medios que deben utilizar para liberar a las almas de las trampas del Demonio.

La fe, la confianza en Jesús que ha vencido a Satanás, destruyendo su imperio: Jesucristo es el mismo ayer y hoy. Las fuerzas enemigas escapan ante su cruz. Con la fuerza de su nombre, si tenemos fe,alejaremos cualquier influjo y presencia diabólica. Tenemos a la Virgen María, ella que ha vencido al diablo está dispuesta a vigilar, proteger y sostener la batalla en la Tierra contra cualquier fuerza satánica. Tenemos la permanente ayuda y la intercesión de los ángeles y de los santos.

El poder de Satanás y su acción maléfica en las personas se evidencian en el momento en el que el hombre se aleja de Dios. En un primer momento se empieza a olvidar la oración diaria, luego se deja de asistir a la misa dominical, después despreciamos la confesión regular dejándose, poco a poco, atraer por las tentaciones y las insidias. De golpe, sin darnos cuenta, nos encontramos seducidos por el Maligno, atrapados en sus redes, con la mente oscurecida y la voluntad debilitada. En estas condiciones nadie puede luchar contra el mal. Es indispensable hacer una confesión porque sólo con la ayuda de Dios, y con su luz, podemos hacer un examen detallado de la propia vida.

En este caso el hombre se encuentra delante en una encrucijada de la vida, frente a un punto en el propio camino, donde debe tomar una decisión. Si desea verdaderamente salir, liberándose del poder maléfico, debe decidida e irrevocablemente decir NO al maligno, renunciando a él, a sus seducciones, ofertas aduladoras y a cualquier tipo de ayuda que pudiera obtener mediante la acción diabólica. Debe poner toda su confianza en el Señor, confiándole la propia vida porque Él la guía y la regula.

Tras una radical renuncia al mal y una suspensión definitiva de las prácticas ocultas, pasaremos al sacramento de la Reconciliación, para que Dios, por medio de su Hijo, destruya todo pecado haciéndonos volver a la amistad consigo.

El sacerdote reza las oraciones del exorcismo del "Rito de la iniciación cristiana de los adultos", pidiendo al Señor, por la oración de la Iglesia, libere a la víctima de la influencia diabólica que entró en ella mediante las prácticas de la magia a las cuales recurrió durante la vida.

La liberación viene directamente de la mano de Jesucristo. En la oración el Señor, medida la fe del que reza y del sujeto por el que se reza, de los parientes y de los amigos que oran por la persona afectada. Tras la liberación es necesario vivir en Gracia, ser fieles a Cristo y luchar continuamente contra las trampas del Maligno, que intentará a toda costa aprisionar al hombre.

Esto es sólo el comienzo del camino, en el que no necesita detenerse puesto que: "Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, se va por lugares áridos buscando ayuda pero no la encuentra. Entonces dice: volveré a mi habitación de la que he salido. Regresado, la encuentra vacia, barrida y adornada. Entonces va, coge a siete espíritus peores que él y entra a habitarla y la nueva condición del hombre llega a ser peor que antes" (Mt 12, 43-45).

El alma no se debe dejar vacia. Después de la confesión ella es pura, pero no basta. Sabiendo que solos no podemos hacer nada contra el Maligno, debemos comenzar a orar diariamente con perseverancia. En la oración es importante invocar la protección de la Sangre de Jesús para el influjo negativo diabólico. Tenemos una gran ayuda y refugio en el Sagrado Corazón de nuestra celestail Madre María, enemiga sempiterna del Diablo. Cada vez que el esíritu Maligno comienza a insidiarnos, intentando detenernos, podemos recibir un gran apyo mediante la oración a San Miguel árcángel, príncipe de las legiones celestiales, que precipitó a Lucifery aus siervos en el abismo infernal.

Es necesario vivir la Eucaristía. La Misa es el sacrificio de Cristo por medio del cual es vencido Satanás. Recibiendo a Cristo en la comunión, acogemos a Quien ha destruido el poder diabólico. Él, cuya omnipotencia es la única protección contra los asaltos del Maligno. Frente a Él, Satanás es impotente.

El Espíritu humano, debilitado por las prácticas ocultas, se debe fortalecer gradualmente con sacrificios, privaciones y ayunos. Son medios que dan muchos frutos en el crecimiento espiritual. jesús habla claramente de las poderosas insidias diabólicas: "A esta clase de demonios no se la puede echar de modo alguno, si no es con la oración" (Mc 2,29).

La espiritualidad cistiana conoce los votos. Cuando pedimos una gracia, Él nos reprochará la cantiidad de nuestra fe. Y la fe se mide por las obras. Dios permite la prueba para ver lo que estamos dispuestos a hacer. Cualquier, incluso el más pequeño de los actos de amor y de nuestra generosa dedicación, es muy apreciado y recompensado abundamentemente por el Señor.

Dios es la fuente de toda bendición y la raíz de todo bien. En la antiguedad permitía a los pueblos, y a algunos individuos como patriarcas, sacerdotes, levitas y padres, bendecir a los demás en su nombre. Las bendiciones son los actos litúrgicos mediante los cuales, en la fe de los creyentes, desciende la bendición. Muchas veces basta sólo con una bendición para alejar las insidias diabólicas o para descubrir las obras satánicas.

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