El Seductor

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Contra Satanás

La primera tentación hecha por el demonio es: Dí que estas piedras se conviertan en pan y Jesús responde: "No sólo de pan vive el hombre, ... sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

En la tentación del pan, sale a la luz la presión que el diablo ejerce empujando al hombre a poner su atención en los bienes corporales.

Jesús combate contra Satanás

El tentador es astuto, no te empuja hacia el mal, sino hacia el falso bien, haciéndonos creer que las verdaderas realidades son las que satisfacen las necesidades primarias. De este modo, Dios llega a ser secundario: se reduce a un modo.

Cuando el deemonio lo tienta, Jesús no se deja atrapar, porque en Él hay una seguridad que, luego, transmite a sus discípulos: "Buscad primero el reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura, porque Dios sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis" y ahora nos da una prueba.

Aquí está la primera gran tentación, el cuerpo, que debería ser el lugar donde nosotros hacemos resplandecer la presencia de Dios, pero si nos afanamos sólo en cuidarlo, vestirlo, alimentarlo ... nuestro cuerpo hablará sólo de nosotros, no de Dios, y sólo de nuestra angustia contra él.

En la segunda tentación: "el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el pináculo del templo y le dijo: Si tú eres hijo de Dios, arrójate y Dios dará orden a sus ángeles y en sus manos ellos te llevarán para que no tropiece tu pie contra una piedra. Y Jesús dijo: Está escrito: no tentarás al Señor tu Dios".
¿Qué es esta tentación?. Es una tentación muy sutil, es la señal de la religiosidad que no sirve a Dios, pero sí a tí para afirmarte a tí mismo. La religiosidad llega a ser la gran tentación, porque con ella el hombre se afirma a sí mismo y no a Dios.

La religiosidad es terrible porque es el engaño más fuerte con el que el demonio nos atrae: "y el mostró todos los reinos con su gloria y le dijo: Todo esto es mío y te lo daré si me adoras. Entonces Jesús le respondió: Apártate Satanás, puesto que está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo darás culto. Entonces el diablo lo dejó".

Los reinos del mundo con su gloria, ¿qué son?. Los nuevos ídolos, las seguridades terrenales que sirven para alimentar nuestro poder. La tentación es ésta, llega a ser el dueño de tu historia, conviértete en el dueño de tu vida. Nosotros lo podemos llegar a ser cuando nosotros mismos decidimos lo que está bien y lo que está mal, pero esta decisión está basada en el hecho de que nuestra conveniencia o desventaja. Y es el poder. La palabra poder tiene la raíz en otro verbo "poseer", lo que anima al poder es el deseo de posesión y el diablo nos toca allí, porque la posesión refuerza nuestro yo. Sólo el diablo nos puede dar este poder, pero debemos redir cuentas que, en aquel momento, hemos caído de rodillas ante al demonio y lo adoramos.

El hombre está expuesto al deseo de posesión, a la gana del poder, y Jesús lucha contra esto como lo hacemos nosotros "Apártate Satanás" y finalmente la historia afecta a la palabra de Dios. Satanás se debe ir, no puede hacer más: se vé porque no puede soportar el mandato de Jesús. Esta es la lucha que Jesús debe hacer dentro de sí. Estamos acostumbrados a que su tentación dure sólo una jornada, por cómo está escrito en los Evangelios, pero, en realidad, no es así, porque los Evangelios nos dice que, en esta página, está toda la historia de Jesús mientras estuvo en la tierra.

Jesús está en continua lucha porque, siendo hombre, experimenta todo lo que nosotros experimentamos, a todos los niveles, en cada momento de su vida, igual que nosotros en la nuestra. Un combate continuo contra Satanás, pero jamás ha cedido.

El Evangelio nos demuestra que Jesús verdaderamente es la voz fuerte de Dios, la presencia en la tierra del Creador, tanto, que el diablo, con sólo verle, tiene miedo, lo teme. En el jardínde Edén, cuando la serpiente, el diablo oye los pasos de Dios, se va y el hombre se esconde. En Cafarnaun, aquel hombre no soporta la presencia: "Has venido a perdernos". Aquí está la frase importante. El diablo reconoce que, con Jesús, no puede vencer. Y aunque piensa obstaculizar su relación con la gente, Jesús lo derrota una vez más: "Cállate, sal de ese hombre". Y el diablo se vió obligado a irse.
Y será siempre así; Jesús encuentra a otros endemoniados, por ejemplo, aquel de la tierra de los Jerasenos y se le oye decir lo mismo: "Has venido a perdernos". Lo oirá la legión de demonios que Jesús manda a los cerdos para que se arrojen al lago.

Todos los intentos eran para que Jesús no se relacionara con la gente, porque Satanás no quiere que la muchedumbre oiga la voz de Jesús, porque es la voz de la verdad, una voz que responde a una exigencia profunda y es Jesús quien la posee y la gente lo sigue, lo va a buscar.

En la multiplicación de los panes, la gente no comía desde hacía tres dias, pero ni siquiera pensaban en ello, porque con aquella multitud no podía hacerlo.
Entonces el demonio decide usar a sus discípulos, de modo especial a los más cercanos a Él, a los doce. E intenta, por ejemplo, usarlos de este modo: "Jesús, con sus discípulos andando hacia Jerusalén y, en el camino, hablaba de su muerte ya cercana: El hijo del hombre deberá ser rechzado por los ancianos, deberá ser condenado a muerte y morirá, pero sus discípulos parecían no escuchar sus palabras. Cuando se detuvieron, preguntó Jesús: ¿de qué estábais hablando por el camino?, y los discípulos no dijeron nada, porque discutían entre ellos quien debía ser el primero". Es una sutilísima tentación. Jesús estaba hablando, pero sus discípulos estaban distraidos por esta rivalidad que les impedía escuchar la Palabra.

En aquel momento desprecian el conocimiento de Dios. Era el diablo que estaba trabajando. Y, ¿qué se jugaba?. Sobre la afirmación de sus yo, sobre quien de ellos era el primero. De este modo Satanás intentaba alejarlos del Maestro. Lograba atrapar incluso a sus discípulos, los que Él había elegido, a los que Él había dado poder de echar demonios. El diablo no mira a la cara a ninguno, y no es que ellos fueran pecadores, pero él pretendía atraparlos porque estaban muy cerca de Jesús.

La vivencia más trágica: en la última cena, en cierto momento, Jesús dice algo que desestabliza a todos: "Uno de vosotros me traicionará y, untando el bocado, lo ofrece a Judas, hijo de Simón Iscariote y, tras el bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús dice: lo que vas a hacer hazlo pronto, pero ninguno de los que estaban en la mesa comprendió porqué Jesús había dicho esto. Entonces Judas salió de inmediato". Con Judas el diablo ha ganado, pero, ¿porqué ha ganado?.
El diablo cree haber vencido porque ahora lo vé en la cruz y, para hacerlo morir de tal ignominia, el demonio ha construido una trama increible, ha usado todas las artimañas que podía usar, para que Jesús fuese hecho callar. Él no quiere oír la voz de Jesús porque revela sus trampas, sus malicias y sus trucos. Y para el demonio esto es la derrota. Entonces Jesús debe morir y es crucificado.

La estrategia del diablo ha sido muy astuta y se ha servido de lo que es más agradable: el poder religioso, la persona que, en la religiosidad, afirma tener autoridad de Dios: el sumo sacerdote. Jesús muere, pero el diablo no espera el impactante desarrollo de este acontecimiento. Después de tres dias Jesús resucita y es justo la resurrección la derrota final del demonio. Ya el diablo es vaciado de su poder, porque contra el Jesús de ahora, el diablo no puede hacer nada.
Porque la presencia de Jesús estará para siempre, la resurrección es la afirmación del "Jesús para siempre". Porque tras la resurrección viene el espléndido anuncio de Jesús: "Estaré con vosotros hasta el final del mundo" hasta la eternidad. Y, ¿dónde estará?. Estaré en vuestros corazones, Yo guiaré vuestra historia. Yo os mandaré al Espíritu: Él entrará en nuestros corazones para que podáis ser capaces de ver la Luz y entender el engaño de Satanás, y construir una historia según Dios.

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