Pasión

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Jesús cae

Ignacio recomienda para los días dedicados a la meditación de la pasión esta preparación psicológica: ... recién despertado, poniendo por delante dónde voy y a con que fin, resumiendo un poco la contemplación que quiero hacer, según el misterio que será, y esforzandome, mientras me levanto y me visto, pero triste y dolido por tanto dolor y tanto sufrir de Cristo nuestro Señor.

Viaje hacia el Gólgota

Extraído del libro: "Abriré un camino en el desierto"..
Para saber más pulse aquí.

La Pasión seguía y parecía no tener fin: después de la terrible flagelación y la condena, he aquí el viaje hacia el Gólgota. La cruz era pesada, un hombre con salud la podria llevar, pero yo estaba extenuado.
La carne martirizada emanaba dolor, dolor y sólo dolor. La corona de espinas pegada sobre la cabeza no le daba tregua. La cabeza estrechada por sus garras, las profundas espinas la martirizaban.
En aquel estado, el peso de la cruz era insostenible y a duras penas conseguía arrastrar con esfuerzos sobrehumanos mi pobre cuerpo.

Que grande multitud del pueblo cortaba mi paso, los soldados de la escolta se fatigaban en contenerla. En su mayoría, sin embargo, eran los que deseaban mi muerte y para ellos la fiesta había comenzado.
No había ningún movimiento de piedad para aquel ser ensangrentado que avanzaba titubeante; por el contrario, la mayoria buscaba golpearme con bastones y puñetazos.
El odio cegaba las mentes y el mal triunfaba en esa multitud, que ajena a los soldados avanzaba y obstaculizaba brutalmente mi camino. Para ellos era sólo una tarea a llevar a cabo en el plazo más breve posible.

Dónde estaban todos aquellos que habían recibido el beneficio por mis gracias? Alguien estaba allí con tantos otros dispuesto a culparme.
Que había hecho y cuál era mi culpa? Era hora del mal y yo fui la víctima sacrificial en quien descargar todo lo posible. Tampoco entre las bestias nunca ningún torturador ha vertido tanta crueldad, así el odio se complacia en el sufrimiento y poco importaba la inocencia.
En ese momento había quedado solo con la mente turbada por el dolor.

Extenuado fui arrollado por la pesada cruz, así dolor se añadió al dolor a lo largo de ese recorrido que parecía no terminar nunca.
Brutalmente los soldados me han hecho levantar porque debia continuar el camino. Arriba en lo alto debía ser inmolado, para que todo sea consumado.
He pagado sobre mí vuestras culpas y he donado, para aquellos que crean, la vida eterna.

Oración

Señor Jesús, el peso de la cruz te ha hecho caer por tierra. El peso de nuestro pecado, el peso de nuestra soberbia te derriba. Pero tu caída no es signo de un destino hostil, no es la pura y simple debilidad de quién es pisoteado. Quisiste venir a nuestro encuentro que, por nuestra soberbia, hechamos por tierra. La soberbia de pensar que somos capaces de producir al hombre ha hecho que estos se convirtieran en una especie de mercancía, que se compra y vende, que sean como un depósito de material para nuestros experimentos, con los cuales esperamos superar por nosotros mismos la muerte, mientras que en verdad, no hacemos más que humillar cada vez más profundamente la dignidad del hombre. Señor, ayúdanos porque hemos caído. Ayúdanos a abandonar nuestra soberbia destructiva y, aprendiendo de tu humildad, seamos realzados de nuevo.

El libro del profeta Isaías.

(Is. 53, 4-6)

Sin embargo, él se ha cargado nuestros sufrimientos, cargó nuestros dolores y nosotros lo considerabamos castigado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestros delitos, molido por nuestras iniquidades. El castigo que nos da salvación se ha abatido sobre él; por sus llagas hemos sido curados. Todos nosotros estábamos perdidos como un rebaño, cada uno de nosotros seguía su camino; el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.

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