San Francisco - Milagros

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Milagros

Francisco llegó a la ciudad de Toscanella y fue hospedado por un caballero que tenía un hijo cojo. Después de las suplicas insistencias de estos y gracias a la hospitalidad ofrecida, Francisco curo al joven para el gozo de los presentes.

Un paralítico llamado Pietro vivía en la ciudad de Nardi. Un día supo de la llegada de Francisco a esta ciudad para predicar, hizo llegar al Obispo diocesano la súplica para que le enviase al Pobrecillo de Asís. Francisco aceptó. Se acercó hasta Pietro y con una simple señal de la cruz curó al paralítico.

Una mujer, en la misma ciudad de Nardi, recuperó la vista justo en el momento en que Francisco hizo la señal de la cruz.

Una mujer con las manos encogidas hasta el punto de no poderlas utilizar, supo de la llegada del santo a Gubbio, su ciudad, lo exhortó para recuperar el uso de las manos. Francisco escuchó su plegaria y la curó.

San Francisco sintió pena por un fraile golpeado por la epilepsia, se acercó a el, y después de haberlo bendecido, lo curó.

Una mujer poseída vivía en la ciudad de Castello, Francisco pasando por aquel lugar, expulsó al demonio y liberó a la mujer del mal.

En el proceso de canonización del santo, les llegó, y así fue reconocido por las autoridades eclesiásticas, más de cuarenta milagros. He aquí algunos:
  • Una mujer, particularmente devota de San Francisco, murió en la ciudad de Montemarano. En la vigilia fúnebre se reunieron muchas personas para rezar, improvisadamente el cadáver se levanta y solicita al sacerdote que estaba allí, el poder confesar. Terminada la confesión, le confía al sacerdote: "Estaba a la espera de ser condenada a una dura pena, pero San Francisco, ha pedido y obtenido para mí, la gracia de volver a la vida, para arrepentirme y confesar todas mis culpas". Después la mujer se encomendó al Señor.

  • En Pomarico vivían dos cónyuges que amaban tiernamente a su hijita. Un día su pequeña improvisadamente murió. La madre abatida por el dolor, oró y suplicó con ardientes súplicas a San Francisco, el santo se le aparece asegurándole la suerte de su amada hijita. Poco después la nenita despertó entre la maravilla de los presentes, y se levantó como si nada hubiera pasado.

  • En Capua, un chico se ahogó en el Volturno, un hombre, tras socorrerlo, lo arrastró a la orilla ya cadáver. Los presentes constatando la muerte del muchacho, invocaron la intercesión de San Francisco. El fraile no los desilusionó, el chico, en efecto, se levantó como si nada hubiese ocurrido entre la alegría y el estupor de los testigos.

  • En Sessa Aurunca, una casa se derrumbó aplastando a una joven. Los socorristas la sacaron de entre los escombros y la pusieron con cuidado en una litera. La madre, confiando en Dios, y en los méritos de San Francisco, se puso a rezar. A la una de la madrugada la joven despertó perfectamente sana. El prodigio hizo exaltar de alegría a los presentes.

  • En Ragusa, mientras un joven estaba trabajando cerca de una prensa, porque era tiempo de vendimia, un montón de leña puesta allí al lado, le cayó en la cabeza y lo mató. El padre acudió rápidamente, le suplicó a San Francisco para que le devolviese al hijo. El milagro ocurrió, el joven resucitó perfectamente sano. Jesús, una vez más, escuchó la intercesión de San Francisco.

  • En Tebe, vivía una mujer devota de San Francisco. Era ciega de nacimiento. En la vigilia de la fiesta del santo, había ayunado en su honor. Al día siguiente fue conducida a la Iglesia de los Frailes para asistir a la Santa Misa, durante el acto de elevación del Cuerpo de Cristo, sus ojos de repente adquirieron luz. Súbito por la alegría, irrumpe gritando por el júbilo, al que se unieron muchos fieles. San Francisco había obtenido la gracia de la curación.

  • En Gargano, un hombre intentó acudir a los sarmientos de viña, golpeándose con la rama violentamente, se rajó un ojo. El pobre hombre apeló con fe a San Francisco y este no le desilusionó. El ojo cicatrizó al instante, de modo tan perfecto que no le quedó señal de la lesión.

  • A un hombre, de la ciudad de Asís, por un presunto hurto le fueron arrancados los ojos. El pobrecillo, tan horriblemente mutilado, se hizo llevar hasta el altar de San Francisco donde, llorando por su inocencia, imploró la ayuda del santo. Francisco no permaneció impasible a las súplicas del hombre y obtuvo de Jesús la gracia. Tras tres días, al ciego le salieron nuevos ojos; más pequeños pero con la misma vista.

  • En la Iglesia de San Francisco de Asís, mientras predicaba el Obispo de Ostia una gran piedra, dejada incautamente sobre el púlpito marmóreo, cae sobre la cabeza de una mujer que estaba sentada bajo el púlpito. Los presentes, tras ver la cabeza aplastada de la mujer, la cubrieron con una capa por que la creían muerta. Grande fue el estupor de todos cuando acabado el sermón, la vieron levantarse totalmente sana. La mujer contó que se había encomendado a San Francisco y estaba segura de que el prodigio era por méritos de este glorioso santo.

  • En Vicalvi, vivía un ciego llamado Mateo. Un día por accidente ingirió un potente veneno que actuó inmediatamente, endureciéndole los miembros y bloqueándole el habla. Mateo exhortó a Jesús para que, por los méritos de San Francisco, le salvase la vida. De repente, logró pronunciar el nombre del santo y vomitó el veneno ingerido. Así recuperó plenamente la salud.

  • En Castello di Cori, situado en la diócesis de Ostia, un hombre estaba desesperado por que tenía un tumor en la pierna. Apeló al pobrecillo de Asís para obtener socorro y no quedó desilusionado. Le aparece Francisco en compañía de otro fraile y con un bastón le tocó la parte enferma de la pierna. Súbito, y de forma increíble, recuperó el uso del miembro, de manera tan perfecta que podía caminar libremente. En recuerdo del prodigio, quedó impresa, en la parte tocada por San Francisco, el símbolo del Tau.
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