Santa Catalina Labouré

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Hermana Mística


La historia de Catalina Labouré es extraordinaria y conmovedora: hasta el punto de llegar a ser una de las santas más luminosas del catolicismo.
Se le aparece San Vicente de Paul y lo vé durante tres dias seguidos. Vé a Cristo presente en la Eucaristia, más allá de la apariencia del pan. Lo vé tambien como un Rey crucificado, desnudo de todos sus ornamentos. Vé a la Santísima Virgen que descansa sus manos sobre sus rodillas. Durante esta aparición se le encarga modelar una Medalla. Ésta será pronto conocida y venerada en todo el mundo como "la Medalla Milagrosa". Reproducida en centenares de millones de ejemplares, contribuirá a la renovación del culto mariano y a la divulgación del dogma de la Inmaculada Concepción.
Y a pesar de tales privilegios, se creía nada: siendo una discípula del pequeño camino, de hecho, nadie, excepto sus confesores, conocía la identidad de la clarividencia que continuará durante toda la vida, haciendose cargo de las enfermedades de los ancianos, conservanso el anonimato.

El 27 de Julio de 1947, día de la beatificación de catalina Labouré, monnseñor Guido Anichino declaraba, leyendo el breve pontifical que iluminaba esta existencia, juzgada por algunos poca cosa para merecer la aureola y la gloria de los altares:
  • "Como un jardín adjunto, donde crecen violetas perfumadas, humildes flores casi invisibles, pero ricas en exquisitos perfumes, la Iglesia, a veces, tras los claustros y muros silenciosos de los conventos, encuentra las almas más fieles, flores de rectitud y santidad, que alcanzan las cimas de la perfección cristiana con una vida humilde, oculta, pero laboriosa en Cristo. Entre estas almas incluimos, sin vacilación, a la venerable sierva de Dios Catalina Labouré que, tras haber desempeñado en la Compañia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, los trabajos más humildes, a pesar de sus maravillosos dones celestiales, se mantuvo voluntariamente escondida en Dios y olvidada por todos.

    Por todos los que, numerosos, diariamente se dirigen hacia Rue du Bac, al n. 140, en la capilla abierta, como ella había querido, vengo a los pies dela latar a buscar, gracias, promesas siempre dispensadas con abundancia. Catalina permaneció así como está representada en el mosaico de la nave, arrodillada, chica confiada y luminosa, en el seno de la madre de Dios. A los ojos de los pequeños y humildes, los que verdaderamente cuentan ante Dios, catalina parece, ante todo, la mensajera de la medalla, ella, sin la cual tantas protecciones y tantos milagros no habrían sido posibles..

    Aun, glorificando la violeta nacida del exquisito perfume, el jardín adjunto conocido sólo por Dios, la Iglesia ha honrado, como Catalina siempre había esperado, no la privilegiada de 1830, sino la hermana fiel a la vocación que había elegido, hasta en las pequeñas cosas, siempre al servicio de Cristo presenten en los pobres que sufren. No las maravillas gratuitamente concedidas, sin mérito personal, pero los años de trabajo laborioso, escondid y los dolores generosamente ofrecidos en la comunión del Hijo. Y todo lo que era justo y bueno".

Catalina Labouré era una hermana humilde, sencilla y angelical. No encontró dificultad alguna en vivir una vida de sacrificio en la oración y en la mortificación. Estaba dispuesta a sufrir para convertirse en la Esposa y Virgen de Jesús: que era su ideal de amor sublime e infinito.

Algunos recuerdos que Sor Catalina, bajo su aspecto lento y silencioso, emana de ella una luz profunda. No saben a qué atribuir la paz que se apodera de ella, pero no se equivocan cuando, en agonía, es a ella a la que acuden con grandes voces. Comprende que, en plena noche, deben despertarla para asistir a un moribundo que afirma no poder morir en paz si ella no le coge de la mano. Catalina se levanta, siempre, y queda, hasta horas, incluso, en la cabecera del moribundo.

Puso como modelo y principio de sus acciones a María. Intensificó de tal modo su filial devoción a la Virgen hasta pensar como Ella en el modo de cumplir con sus obligaciones, de hecho dejo escrito: "Tomaré a María como modelo para cumplir con mis deberes, y pensaré como Ella hubiese hecho lo que yo debo hacer".

Catalina, ciertamente, no tiene la sabiduría de un doctor de la Iglesia. No enseña una doctrina de vida cristiana ni de santificación, pero aplica técnicas experimentadas. Para cada cosa se ha dirigido a las enseñanzas de Nuestra Señora, buscando complacerla y, sobretodo, imitarla. Y el camino de la santidad diaria, que no se nutre de heroismo público ni de acciones clamorosas y por esta razón está al alcance de todos.

Heróicamente silenciosa, confundida entre la masa, subestimada por las superioras y por las compañeras que no ven en ella sino una hermana seria, devota, común, víctima de pequeñas miserias y grandes dolores soportados sin quejarse jamás.

Desde su infancia nunca supo lo que es un minuto de diversión y así continuaba. Fuera, arrancando las malas hierbas, cavando y sembrando cuando el tiempo lo permitía, cuando no, de rodillas a fregar el suelo de madera del orfanato. Algunos dias el reuma la atormentaba y se le agravaba. Otros, le parecía no conseguir levantar sus piernas, tan fuerte era el dolor de espalda. Pero continuaba hacia adelante con un gran olvido de su debilidad física y la seguridad de que querer es poder.

Jamás se lamentó de sus superiores, ni siquiera si eran detestables, porque Dios lo ha querido. Necesita inclinarse hacia su voluntad. Comportamiento duro y valiente que Catalina continuó observando. El drama de sor Catalina será siempre no hacer menos que la perfección.
Las tristezas, las injusticias, las desilusiones se acumulkarán entorno a ella. Será impugnada como no lo había sido nunca. Será incomprendida, pero la consolará el hecho de haber sufrido lo mismo que el Señor.

La madre superiora, puesta al corriente del secreto de sor Labouré, no sólo no la rodeará del respeto y afecto que merecía, sino que la maltrató y la persiguió con una furia que ella misma reconocerá de inmediato no haber sabido controlar.
Consciente de pasar los límites, sorprendida más veces de regañar con injustificada severidad A Catalina, de rodillas, por errores que no había cometido, les decía a las demás hermanas que intentaban intervenir: "Le ruego, hermana, me deje hacer".

Si estas breves notas introductorias te han fascinado y quieres profundizar en la figura de esta gran Santa y en la extraordinaria historia de la medalla milagrosa, continúa hojeando las siguientes páginas.

Algunas informaciones han sido extraidas del libro "Vita nascosta di Caterina Labouré" de Anne Bernet. Ed. San Paolo.


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