Milagros

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San Francisco

En el proceso de canonización han sido aportados y reconocidos por las Autoridades Eclesiásticas más de cuarenta milagros. He aquí algunos.

Milagros de San Francisco

Una mujer particularmente devota de San Francisco murió en la ciudad de Montemarano. En la vigília fúnebre se reunieron muchas personas para orar: de repente el cadáver resucitó y preguntó al sacerdote presente si podía confesar. Terminada la confesión, le confió al sacerdote: "Estaba a la espera de ser condenada a una dura pena, pero San Francisco ha pedido y obtenido para mí la gracia de volver a la vida para arrepentirme y confesar todas mis culpas". Después la mujer se durmió en el Señor.

En Capua, un hombre se ahogó en el Volturno. Otro hombre, tras haberle socorrido. lo arrastró hasta la orilla ya cadáver. Los presentes acudieron constatando la muerte del muchacho e invocando la intercesión de San Francisco. El frayle no se rindió y el muchacho, en efecto, se levantó como si nada hubiese ocurrido, entre la alegría y el estupor de los presentes.

En Sessa Araunca una casa se derrumbó matando a una joven que había en su interior. Los socorristas lo sacaron de entre los escombros y lo depositaron en una camilla. La madre, fiada de Dios, y en los méritos de San Francisco, se puso a rezar. A la una de la mañana la joven despertó completamente sana. El prodigio hizo exultar de alegría a los presentes.

En Pomarico vivían dos cónyuges que amaban tiernamente a su hija. Un dia su pequeña súbitamente murió. la madre rota por el dolor oró y suplicó con fervorosas plegarias a San Francisco el santo se le apareció asegurándolo el destino de la amada hijita. Poco después la pequeña se despertó entre la maravilla de los presentes y se levantó como si nada hubiese ocurrido.

En Tebe vivía una mujer devota de San Francisco y ciega de nacimiento. En la víspera de la fiesta del santo, había ayunado en su honor. Al día siguiente fue conducida a la Iglesia de los Frailes para asistir a la Santa Misa y, durante la elevación del Cuerpo de Cristo, sus ojos recuperaron la luz repentinamente. De inmediato prorrumpió en gritos de júbilo, a los que se unieron muchos presentes. San Francisco le había alcanzado la gracia de la curación.

En Ragusa, mientras un joven trabajaba junto a una prensa, porque era tiempo de vendimia, montón de madera puesta allí cerca, le cae sobre la cabeza y lo mata. El padre acudió de inmediato y suplicaba a San Francisco para que le devolviese al hijo. El milagro ocurrió, el joven resucitó completamente sano. Otra vez jesucristo escuchó la intercesión de San Francisco.

En Gargano, un hombre intentó acudir a las ramas de unaa vid, golpeó con la hoz violentamente contárdole un ojo. El ojo cicatrizó al instante de modo perfecto, tanto, que ni siquiera le quedó señal de la lesión.

En la Iglesia de San Francisco de Asís, mientras predicaba el Obispo de Ostia, una gran piedra, dejada negligentemente en el púlpito marmóreo, cae en la cabeza de una mujer sentada bajo el púlpito. Los presentes, tras haber visto la cabeza rota de la mujer, la cubrieron con un manto porque la creían muerta. Grande fue el estupor de los presentes cuando, acabada la homilía, la vieron levantarse en perfecto estado. La señora contó haberse encomendado a San Francisco de Asís y que estaba segura de que el prodigio ocurrió por mérito e intercesión de tan glorioso santo.

En la ciudad de Asís, a un hombre acusado falsamente de robo, le fueron arrancados los ojos. El pobrecito, tan horriblemente mutilado, se hizo llevar hasta el altar de San Francisco donde, llorando por su inocencia, imploró la ayuda del santo. Francisco no permaneció insensible a las súplicas del hombre y le obtuvo la gracia de Jesús. Tras tres dias ciego, milagrosamente le salieron unos ojos nuevos, aunque más pequeños, con ellos recuperó la vista.

En Castello de Cori, en la diócesis de Ostia, un hombre estaba desesperado por un tumor que le había hecho perder el uso de la pierna. Se encomendó al pobrecillo de Asís para obtener ayuda y no quedó desilusionado. Se le apareció Francisco en compañía de otro fraile: con un bastoncino en forma de Tau le tocó la parte enfema de la pierna: repentina e increiblemente adquirió el uso de la articulación, y quedó tan perfectamente curado que podía caminar con total libertad. En recuerdo del prodigio quedó impreso, en la parte tocada por San Francisco, el símbolo del Tau.

En Vincalvi, vivía un clérigo de nombre Mateo: Un día Materio ingerió accidentalmente un poderoso veneno que actuó de inmediato, paralizándole los miembros y trabándole la lengua. Mateo exhortó a Jesús a que lo salvara por la vida y los méritos de San Francisco. De repente consiguió pronunciar el nombre del Santo con sus labios y vomitó el veneno ingerido. Así recuperó plenamente la salud.

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