San José

Giuseppe

Patriarca

La vida de San José ha estado verdaderamente marcada por las iniciativas de Dios, iniciativas misteriosas, iniciativas más allá de la posibilidad de entender.

San José se dejaba conducir porque era justo y "justo" es el hombre que vive de fe.

San José el Patriarca

Dios no le dice nada, no le da explicaciones, pero él obedece. Ha dicho siempre SÍ con la vida, no con las palabras. Frente a Dios nunca ha habido preguntas o dudas.

¡Cuán fecundo es este silencio! Dios habla y San José hace:
"No temas...", y él no teme, todos los dramas están terminados.
"Levántate", y el se levanta y emprende el camino.
"Vuelve...", y él ya está de regreso.
¡Esta obediencia inmediata de San José a todas las indicaciones del Señor, nos demuestra su bella disposición interior!

Es estupendo este ejemplo de San José que, siendo también jefe de familia, se pone simplemente a su servicio con una familiaridad basada en el abandono y la contínua entrega. San José no mide la vidad de Jesús y de la Virgen de acuerdo a sus propias exigencias, sino que pone su vida al servicio de ellos. No parte para Egipto, cuando es cómodo para él, sino cuando los interéses de Jesús lo requiere.

San José es un laico en el más profundo sentido de la palabra. Es un hombre como todos. El Verbo se encarna en una familia en la que San José es el jefe y vive en la realidad de las criaturas humanas, en la condición más universal, que es la del trabajo y de la pobreza. San José nos enseña cómo ofrecer a Cristo el servicio de una vida totalmente insertada en la realidad terrena.

Su patronato va más allá de un simple triunfo, ya que proviene de una realidad inferior. San José nos hace comprender el contenido del servicio para el Reino y nos ayuda a formar parte de la historia de la salvación. Aquellos que creen en Cristo, le obedecen y confían en él.

San José forma parte del misterio de la encarnación del Verbo por iniciativa de Dios:

  • San José es el esposo de María

  • San José será el padre adoptivo de Jesús

  • San José presidirá la familia de Nazaret, la sostendrá con su trabajo, la defenderá y la protegerá, sin protagonismo, dejando a Dios ser en él.

  • San José es el guardián de la más alta y sagrada virginidad: la de María, la inmaculada hija de Dios. ¿Y cómo lo hizo? No diciendo "Aquí estoy yo para defender a todos", sino desapareciendo. Ha custodiado la santidad de Jesús y de María desapareciendo de las miradas de todos, excepto de la de ellos.

San José ha renunciado a entender y ha aceptado creer, ha renunciado a mandar y ha aceptado obedecer. Sin embargo, creyendo, se ha dejado dirigir por el Señor y Él lo ha introducido en un modo particularmente íntimo en el misterio de la encarnación y de la salvación.

San José, este amable patrono de la vida espiritual, nos ayuda a estar siempre ante el corazón y los ojos de Dios y olvidarnos de nosotros mismos, porque en ese desaparecer a los ojos de todos y a nuestros ojos, nos perderemos en el humilde y silencioso corazón del único Dios y Señor nuestro.

Una invitación especial

Si usted quiere lograr esta alegría y adquirir las virtudes, escuchar la invitación de Jesús: "Todo lo que pidáis en la oración, recibiréis" (Mt 18:20). De hecho, sin oración, ningún camino espiritual es posible, ni se puede seguir las huellas de Jesús, nuestro Salvador.

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