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LA SANTIDAD DE JOSÉ
José conocía perfectamente la santidad de Maria y el propósito de virginidad perpetua.
Por eso, cuando vio el embarazo de ella, no la consideró pecadora-adultera, ni la expuso a la lapidación prescrita (Levítico 20, 1-2). Él, que creía en la virtud de María, habría dejado de ser justo (Mateo 1,19 ) si la hubiera hecho lapidar.
Pero José, antes de la aparición angelical (Mateo 1, 20-23) no conoce la causa por la cual su esposa está embarazada y no sabe explicar el hecho.
Es Dios quien, por medio de un ángel, aconseja en sueños a José de abstenerse también de repudiar a su esposa y lo exhorta, en cambio, a tomarla tranquilamente consigo, porque la maternidad de Ella a nadie había de atribuirse sino a Dios mismo.
La santidad de José, o sea, la del justo que si incurre en alguna imperfección enseguida rectifica (Proverbios 24, 16 ), brilla inmediatamente con la más viva luz:
por haber obedecido inmediatamente al ángel (Mateo 1, 24);
por haber decidido inmediatamente cumplir por completo la voluntad de Dios (Mateo 1, 24)
La santidad de María refulge de especialísima luz en esta terrible circunstancia:
Para obedecer a Dios, que quería reservarse de manifestar a José el inexplicable misterio, no dijo nada a su esposo, aún sufriendo agudamente por la prolongada y ardiente angustia de su esposo y por el peligro de «que un justo faltase, él que no faltaba nunca...»
Verdaderamente, María y José, también en esta dolorosa circunstancia y prueba, aparecen como los «...dos santos más grandes que el mundo ha tenido»
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