Verdad

Credere

Virtud

Fe - Esperanza - Caridad.

Cualquiera que sean las verdades propuestas al cristiano para creer, ¿dónde se encuentran estas verdades?. Todas las verdades están contenidas en lass revelaciones de Jesucristo.

LAS FUENTES DE LA FE

Pero, ¿dónde podemos encontrar todo lo que Jesús nos ha enseñado?. Se enucntran en las palabras escritas en los Evangelios, en los cuales Él ha elegido a sus discípulos, a los que ha dejado en herencia Sus enseñanzas y la misión de difundirlas.

«Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y que nuestras manos han tocado, esto es, el Verbo de la vida...lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Y nosotros escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea plena» (1 Jn 1, 1-4). También por este testimonio estamos seguros de que la doctrina apostólica es la doctrina de Jesús..

EL DESARROLLO DE LA FE

En estos tiempos tan caóticos, también para los católicos, hay teólogos que quieren imponer, mediante la teología, el propio juicio sobre el significado de la palabra divina, de su unívoco significado y su autoridad. Son los que pretenden asumir una posición de maestros de fe, que a ellos no compete.

Sin la fe no se es bienvenido a Dios. Para serle gratos es necesario adherirnos a su palabra y para hacerlo es indispensable tener fe. Toda la vida del cristiano debe apoyarse en la fe. San Pablo afirma: «En efecto, la justicia de Dios se revela por la fe y en la fe, según lo que está escrito: es justo vivirá por la fe».
(Rm 1,17).

Muchas veces el Señor ha expresado el enlace entre fe y salvación, entre fe y vida eterna: «el que cree en el Hijo tiene la vida eterna. Quién, sin embargo, desobedece al Hijo, no tendrá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él».
(Jn 3,36).

Jesús, en los Evangelios, exige el acto de fe; así, por ejemplo, en el ciego de nacimiento, en la resurrección de la hija de Jairo, y aun en la curación del siervo del centurión romano. La invitación de Jesús se dirige a nosotros: «Convertíos y creed en el Evangelio».
(Mc 1,15).

Jesucristo aun hoy recorre nuestros mismos senderos y nos pone delante una elección decisiva. Es Jesús que dirige su invitación a nuestra conciencia: "Sígueme". Se trata de elegir, de una elección esencial.

La fe nos desvela la verdad y nos hace libres. La fe obra un cambio de valores, en sí está encerrada la revolución traida por Jesús al mundo, la realidad auténtica que nos permite relacionarnos con lo absoluto y nos traza el criterio de nuestro actuar.

Si Jesús nos hiciese la pregunta que hizo al ciego de nacimiento: «¿Crees en el Hijo del hombre?» (Jn 9,35), ¿Qué responderías? "Sí, creo". Ese sí declararía implicitamente tu fe en Él y la disponibilidad a hacer lo que Él te pide. Y aun más, si ves en tu conducta inseguridades, debilidades y traiciones, significa que la fe que crees tener no es la que debe ser. Escribe Jaime: «Así también la fe. Si no va acompañada de obras, en sí misma, está muerta».
(Jaime 2,17).

Para vencer toda inseguridad decidiremos entre la sabiduría del mundo y la de la fe, entre la de los hombres y la de Dios. Dios se dejará encontrar por los que le buscan, de lo contrario, no habría dicho: «En verdad os digo, pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá».
(Mt 7,7)

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