Santuario de Nuestra Señora de Oropa

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La Virgen Negra

María, nuestros tiempos desconcertantes tienen necesidad de tu maternidad.
Juan Pablo II - Oropa, 16 VII 1989

En el estupendo valle de Oropa, a 1.200 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el majestuoso Santuario de Oropa, dedicado a la Virgen María, Madre de Jesús, Nuestra Señora de Oropa. Un culto mariano que se pierde en la noche de los tiempos.

Para no perecer, los "Celtas - Ligures" llegaron a Oropa en los siglos III - II A.C. empujados por las legiones romanas. En este lugar encontraron fuentes, torrentes, grandes masas adeptas al culto religioso de las "Matres", divinidades femeninas sujetas a proteger los campos, las familias, etc. Oropa, así mismo, con su valle, es un clásico círculo de piedras celtas, donde la "barma", es decir, la caverna formada por masas errantes constituyeron una construcción prehistórica.

En esta gruta formada por masas errantes y sagrada para las matronas celtas, del IV siglo D.C., San Eusebio introduce el culto de María, llevándoles una estatua de leño de la Virgen negra con el Niño en brazos. La tradición dice que el Santo trajo consigo a Oropa una estatua de leño de la Virgen, encontrada en Jerusalén y tallada por San Lucas.

Desde entonces la Virgen María extendió su manto para proteger a todos sus hijos en un creciente número de milagros, prodigios, conversiones y gracias de orden sobrenatural. Esta es la abundancia de maravillas que desencadenó la gratitud de los fieles que edificaron en los siglos sucesivos, un culto interrumpido, un espléndido Santuario. Una maravilla que fue reconocida por la UNESCO como "Patrimonio Mundial de la Humanidad".

Su protección amorosa se extendió sobre los fieles, defendió del acecho muchas ciudades, ha protegido poblaciones de tres pestes, cuyo contagio era similar a los flagelos de Dios. Restituyó la vista a los ciegos, hizo caminar a los cojos, oír a los sordos delante de más de 50.000 personas. Concedió a manos llenas todo tipo de sanación, de alivio. Dispensó sus gracias sobre una humanidad que sufría, que corría de todas partes para ir a su encuentro y suplicarle.

Frecuentemente, la humanidad sufriente recorría a pie el tramo de un largo camino de 10 Km., que desde Biella sube hasta el Santuario, con muletas, descalzos, elevando oraciones y cantos marianos. Todos los actos de penitencia que predisponían a la Virgen a dar a manos llenas. Cada vez que las muletas no eran más necesarias por la gracia obtenida, permanecían en el Santuario como testimonio silencioso.

El santuario acogía con un abrazo amoroso a estos peregrinos y los hospedaba gratuitamente por tres o cuatros noches en cuartos dedicados al hospedaje, lugares ubicados en el interior del Santuario. A los más pobres se les ofrecía gratuitamente la comida.

El milagro por excelencia, el "prodigio de prodigios" se verificó dos veces sobre personas a quienes les había sido cortada la lengua. Pues bien, en ellos, por la devoción a la Virgen, les creció admirable e instantáneamente la lengua. Dos milagros reconocidos jurídicamente por la Autoridad Eclesiástica después de un proceso formal instituido por el Obispo al cual fueron convocados y entrevistados doctores, teólogos, sacerdotes y muchos testigos oculares.
Por analogía, estos prodigios desconcertantes, pero sólidamente probados por la historia, pueden ser comparados al milagro hecho por intercesión de Nuestra Señora del Pilar - Virgen de Zaragoza - a un joven campesino que de golpe le fue restituida la pierna, amputada dos años atrás.

Escribe con este propósito "Vittorio Messori" en su volumen "El Milagro - Investigaciones sobre el prodigio mariano más desconcertante": La primera reacción de incredulidad por parte del católico pudiera ser, no tan sólo comprensible, sino de algún modo lógica; y no sólo por parte de los ateos, agnósticos, incrédulos, deístas o cualquier otro, sino también para un cristiano, para un católico mismo. Lo demasiado es demasiado: hasta el milagro que parecería no tener límites.

Un ciego que recupera la vista; un mudo, la palabra; un loco, la razón; un sordo, el oído... ¿Quién puede decir que no existió un error en el diagnóstico? El crecimiento de una pierna cortada o, como en nuestro caso, una lengua cortada, es otra cosa.

Este evento de evidencia abrumadora inicia rumores en Europa por la sentencia del proceso de Zaragoza que tuvo lugar el 27 de abril de 1641 fue: "... por lo que afirmamos y declaramos que a Miguel le fue restituida la pierna que le había sido amputada hace dos años y cinco meses atrás; y que no fue un hecho natural, sino que fue obra admirable y milagrosa obtenida por intercesión de la Virgen del Pilar".

Como veremos en las páginas siguientes, también en Oropa el proceso de investigación no deja espacio a las dudas.

A propósito de Oropa, el Papa Juan Pablo II en una famosa homilía dice: ¡Cuántas personas han encontrado tras los muros de este Santuario el gozo y la paz del encuentro con Dios! En los ojos de la Madre han leído la palabra decisiva que disolvió las nieblas de la duda y dio el complemento de energía necesario a las voluntades vacilantes. Aquí, a los pies de la Madre, han encontrado la fuerza de renunciar a las sugestiones del mal para adherirse sin reservas a las indicaciones exigentes, pero al mismo tiempo liberadoras, del Evangelio.

Es posible conocer los milagros, las gracias, las sanaciones, los prodigios concedidos por la Bondad de la Virgen María; y, sin embargo, la historia del gran Obispo Eusebio, aquella del Santuario... (Continúa hojeando las páginas)

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