Hostias substraídas

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Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero, ¡si he llegado a esta hora para esto! (Jn. 12, 27).

Los Milagros Eucarísticos son intervenciones prodigiosas que Dios hace para reafirmar la fe en la presencia real del Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía.

Por la encarnación Dios se humilla hasta el hombre, por la Eucaristía el hombre se eleva hasta Dios.


Milagro Eucarístico de Torino - 1453

En Alta Val Susa, en Exilles, las tropas de Renato d'Angiò se enfrentaron con las milicias del duque Ludovico de Saboya. Los soldados saquearon todos los alrededores y algunos entraron en la iglesia. Uno de ellos, forcejeó la pequeña puerta del tabernáculo y robó la custodia con la Hostia consagrada. La metió en un saco y cargó al mulo con lo robado. Con el botín, se dirigió a la ciudad de Turín. Llegando a la plaza mayor, cerca a la iglesia de San Silvestre, en ese entonces del Espíritu Santo, sobre el lugar donde luego se erigió la iglesia del Corpus Domini, el mulo tropezó y calló. Entonces, ante el estupor de la gente, se abrió el saco y dejó pasar la custodia con la Hostia consagrada que se elevaron hasta superar la altura de las casas. Entre los presentes, estaba Don Bartolomé Coccolo, quien corrió para dar la noticia al Obispo Ludovico de los marqueses de Romagnano.

El Obispo, acompañado por un gran cortejo, entre el pueblo y el clero, se dirigió a la plaza y puesto en actitud de adoración, oró con las palabras de los discípulos de Emaús: "Quédate con nosotros, Señor". Entonces, se verificó un nuevo prodigio: la custodia cayó al suelo, dejando libre y esplendente, como un sol, la Hostia consagrada. El Obispo alzó hacia la Hostia un cáliz que tenía entre sus manos y lentamente ésta comenzó a descender, posándose dentro del cáliz.

La devoción del Milagro Eucarístico de 1453 se expandió inmediatamente en la ciudad, la cual promovió como primera cosa la construcción de tabernáculo sobre el lugar del Prodigio. Poco después, fue sustituida por la iglesia dedicada al Corpus Domini. Pero la expresión más significativa está en las fiestas organizadas en ocasión de los centenarios y de los 50 años (del 1653, 1703, 1753, 1853, y en parte, 1803)

Muchos son los documentos que describen el Milagro: los más antiguos son los tres Actos Capitulares de 1454, 1455, 1456 y algunos escritos contemporáneos al Milagro de la Municipalidad de Turín. En 1853, el Beato Papa Pío IX celebró solemnemente el cuarto centenario del Milagro; ceremonia a la que participaron San Juan Bosco y Don Rua. Pío IX aprobó en esta ocasión el Oficio y la Misa propios de este Milagro para la arquidiócesis de Turín. En 1928, Pío XI elevó la Iglesia del Corpus Domini a la dignidad de Basílica Menor.

La Hostia del Milagro fue conservada hasta el siglo XVI, cuando la Santa Sede ordenó que fuese consumada "para así no obligar a Dios a hacer un eterno Milagro en el mantener siempre incorruptas, como siempre se han mantenido, aquellas especies eucarísticas".

En la Basílica del Corpus Domini de Turín, se encuentra una reja de fierro que protege el lugar donde ocurrió el Milagro Eucarístico del año 1453. Una inscripción en el piso interno del enrejado describe el Prodigio:
Aquí cayó postrado el mulo que transportaba el Cuerpo divino - aquí la Sagrada Hostia se liberó del saco que la tenía presa, se elevó por sí misma en alto - aquí, clemente, descendió sobre las manos suplicantes de los habitantes de Turín - aquí, pues, está el lugar santificado por el Prodigio - recordándolo, orando en genuflexión te sea para veneración y te inspire temor (6 de junio de 1453).


Milagro Eucarístico de Siena - 1730

En la Basílica de San Francisco, en Siena, se conservan intactas desde hace 278 años, 223 hostias. El Arzobispo Tiberio Borghese hizo guardar por diez años algunas hostias no consagradas en una caja de lata sellada. La Comisión científica asignada para abrir la caja, encontró gusanos y fragmentos podridos.

El hecho va contra la ley física y biológica. El científico Enrico Medi, afirmó: "Esta intervención directa de Dios es el Milagro [...], en el sentido estricto de la palabra, realizado y mantenido así, por siglos milagrosamente para dar testimonio de la realidad de Cristo en la Eucaristía".

Entre los documentos más importantes que describen el Prodigio existe una memoria escrita por un cierto Macchi en el año 1730, en el que cuenta que el 14 de agosto de 1730, algunos ladrones lograron entrar en la iglesia de San Francisco, en Siena, para extraer la píxide con 351 Partículas consagradas. Luego de tres días, el 17 de agosto, fueron encontradas intactas las 351 Hostias en la cajita de limosnas del Santuario de Santa María en Provegnano, en medio del polvo. Todo el pueblo se reunió para festejar el hallazgo de las santas Hostias, las cuales fueron restituidas inmediatamente en medio de una solemne procesión a la iglesia de San Francisco. A pesar del paso de los años, las Partículas no sufrieron ninguna alteración. En varias ocasiones, ilustres personajes examinaron las Hostias con varios instrumentos y las conclusiones fueron siempre las mismas: "Las sagradas Partículas se encuentran aún frescas, intactas, físicamente incorruptas, químicamente puras y no presentan ningún principio de corrupción".

En 1914, el Papa San Pío X autorizó la realización de un examen en el que participaron numerosos profesores de bromatología, higiene, química y farmacéutica. Entre estos se encontraba el famoso profesor Siro Grimaldi. La conclusión final del informe decía:
Las Santas Partículas de Siena son un clásico ejemplo de la perfecta conservación de partículas de pan ázimo consagradas en el año 1730, y constituyen un fenómeno singular, palpitante de actualidad que invierte las leyes naturales de la conservación de la materia orgánica. [...] Es extraño, sorprendente, es anormal: las leyes de la naturaleza se han invertido, el vidrio se ha convertido en la sede de hongos, el pan ázimo, en cambio, ha sido más refractario que el cristal. [...] Es un hecho único, consagrado a los anales de la ciencia".

En 1922 se realizaron otros análisis, en ocasión del traslado de las Partículas a un cilindro de puro cristal de roca; y luego, en 1950 y en 1951. El Papa Juan Pablo II, durante la visita pastoral a la ciudad de Siena, el 14 de septiembre de 1980, se expresó así, estando delante de las Hostias prodigiosas: "¡Es la Presencia!"

El Milagro permanente de las Santísimas Partículas se custodia en la capilla Piccolomini en los meses de verano y, en la capilla Martinozzi, en los meses invernales. Son muchas las iniciativas de parte de los ciudadanos de Siena en honor a las Santas Hostias: el homenaje de los barrios, el obsequio de los niños de la primera Comunión, las procesiones solemnes en la fiesta del Corpus Domini, el septenario Eucarístico del fin del mes de septiembre, la jornada de adoración eucarística cada 17 del mes en recuerdo del hallazgo sucedido el 17 de agosto de 1730.


Milagro Eucarístico di Onil - España, 1824

El 5 de noviembre de 1824, la custodia con el Santísimo Sacramento y otros objetos sagrados fueron robados de la iglesia de Onil por un hombre llamado Nicolás Bernabeu, que de niño había sido monaguillo en esa misma iglesia. La noticia del robo sacrílego se difundió rápidamente por toda la región. Por esto mismo, cuando Nicolás quiso revender los objetos robados en Alicante, un negociante sospechó del robo y avisó a las autoridades.

Nicolás Bernabeu fue arrestado pero se negó a revelar donde había escondido la custodia con el Santísimo. Los fieles y las autoridades civiles buscaron durante días la custodia por todos lados hasta que en un pueblo vecino llamado Tibi, donde el ladrón se había establecido, la señora Teresa Carbonel encontró un 28 de noviembre de 1824 la custodia robada en una zona llamada "la Pedrera". Inmediatamente la mujer llevó a Onil la Reliquia, que fue acogida con grandes festejos.

El 28 de noviembre de 1943, es decir, 119 años después, Don Guillermo Hijarrubia, delegado del Arzobispo de Valencia, confirmó la autenticidad del Milagro corroborando la conservación incorrupta de la Partícula de la custodia robada.

Hasta hoy es posible admirar en la iglesia parroquial de San Santiago Apóstol de Onil la Hostia milagrosa, que se conserva intacta por casi dos siglos. Cada año se celebra la Fiesta de Nuestro Señor "Robat" para conmemorar el Prodigio Eucarístico y el hallazgo de la Hostia.


Milagro Eucarístico de Volterra - 1472

Entre las principales causas que desencadenaron la inútil guerra de las Allumiere, concluida con el saqueo de Volterra en 1472 por obra de las milicias del duque de Montefeltro, estaban sobretodo los contrastes entre las diversas clases sociales y los intereses personales de Lorenzo de Medici. Siendo absorbida al estado florentino, Volterra fue expuesta a un duro trato que provocó la emigración de muchas familias de buena posición que tuvieron que vender los propios bienes a bajo costo para no quedarse en la miseria.

Fue en este escenario histórico que en 1472, se verificó nuestro Milagro Eucarístico. En los archivos de la iglesia de San Francisco se conserva la relación escrita del Fraile Biagio Lisci, quien fue testigo directo, y por tanto, uno de los testimonios más creíbles del Prodigio. Existen también algunos actos municipales conservados en la biblioteca municipal de Volterra. Un soldado florentino entró en la iglesia Catedral, tomó numerosos objetos sagrados y luego se dirigió directamente al tabernáculo para robar la píxide que contenía Hostias consagradas. Saliendo de la iglesia, por un ímpetu de fortísimo odio hacia Jesús Eucaristía, arrojó la píxide contra una de las paredes externas de la Iglesia. De la píxide se elevaron todas las Hostias como sostenidas por una mano invisible, irradiando una intensa luz. El soldado cayó sobrecogido por el terror y arrepentido comenzó a llorar. Fueron muchos los testigos que estuvieron presentes en el momento del Prodigio.


Milagro Eucaristico de Marseille-en-Beauvais - Francia, 1533

En 1532, llegando a fines del mes de diciembre, algunos ladrones penetraron en la iglesia parroquial de Marseille, en Beauvais, logrando robar el precioso tabernáculo de plata que contenía Hostias consagradas. Poco después, fueron abandonadas debajo de una piedra. El primero de enero, el señor Jean Moucque estaba pasando por ese mismo lugar, a pesar de la fuerte nevada. Mientras caminaba, le llamó la atención una piedra que no estaba cubierta por la nieve. La levantó y con gran sorpresa, encontró las Hostias completamente íntegras. Informó inmediatamente al párroco, don Prothais; quien restituyó las Santas Partículas a la parroquia, acompañado por muchos fieles. En el lugar del hallazgo se clavó inicialmente una cruz, que más tarde fue reemplazada por una capilla, con el fin de acoger a la gran cantidad de devotos que afluían al lugar. Se llamó la Chapel des Saintes Hosties. En este lugar, el Señor obró muchas curaciones. El historiador Pierre Louvet describe alguna de ellas en su Historia de la antigüedad de la diócesis de Beauvais.

Fue sorprendente la curación del sacerdote Jacques Sauvage, paralítico y mudo. También, el testimonio del Señor d'Autreche, ciego de nacimiento, que fue totalmente curado. A pesar de todas estas gracias divinas, en 1561 el Obispo-Conde de Beauvais, Odet de Coligny, se convirtió al calvinismo y contrajo matrimonio con Elisabetta de Hauteville. Antes de abjurar ordenó que las Santas Hostias milagrosas fueran consumadas.

La Chapel des Saintes Hosties existe hasta nuestros días. Cada año, el 2 de enero, se celebra una Misa solemne en honor al Milagro de 1533.


Milagro Eucarístico di Herentals - Bélgica 1412

En 1412, un cierto Jan van Langerstede, buscó alojamiento en un albergue no lejos de la pequeña ciudad de Herentals. Este hombre se dedicaba a robar objetos sagrados a las iglesias, los cuales eran revendidos. Al día siguiente de su llegada a Herentals, se dirigió al pueblo vecino llamado Poederlee. Allí entró en la iglesia parroquial y extrajo el cáliz y la píxide que contenía cinco Partículas consagradas. En el camino de regreso hacia Herentals, pasando por un lugar conocido con el nombre de "De Hegge" (el cercado), se sintió sobrecogido por una misteriosa fuerza que le impedía seguir adelante. Entonces, intentó arrojar las Hostias en el río para librarse de ellas, pero todo fue inútil. A punto de la desesperación, vio en un campo poco distante una madriguera de conejos. Y sólo entonces, sin ninguna dificultad pudo esconderlas y regresar tranquilamente a Herentals.

Mientras tanto, el juez de la ciudad, Gilbert De Pape, había ya iniciado las pesquisas para descubrir al autor del robo de la iglesia de Poederlee. Entre los sospechosos estaba precisamente Jan, quien confesó el robo a la policía cuando se descubrió lo que llevaba en el equipaje. Sin embargo, omitió el hecho de las Partículas.

El ladrón fue condenado a la horca; pero cuando Jan estaba ya en el patíbulo, animado por el sacerdote para liberar su alma ante de morir, confesó completamente su culpa indicando el lugar exacto donde había escondido las Hostias robadas. Entonces, el juez suspendió la ejecución y ordenó a Jan que mostrase el lugar del escondite.

Seguidos por la muchedumbre, llegaron al campo y vieron las Hostias llenas de radiante luz y dispuestas en forma de cruz. Las Hostias se encontraban intactas, a pesar de estar en la intemperie. Inmediatamente fueron llevadas en procesión, algunas a Herentals y otras a Poederlee, donde permanecieron hasta el siglo XVI.

El 2 de enero de 1442, el Milagro fue declarado auténtico por el magistrado de Herentals. En el lugar del hallazgo se edificó una pequeña capilla que luego fue visitada por muchos prelados, entre ellos recordamos a Jean Malderus, Obispo de Anversa, en 1620; al Papa Benedicto XIV, en 1749.

La ampliación de la capilla, convertida luego en Santuario, fue financiada por la hija de Juan de Luxemburgo, Isabel Van Görlitz.


Milagro Eucaristico de Cracovia - Polonia, 1345

En el año de 1345, el entonces rey de Polonia, Casimiro III el Adulto, dio orden de En el año 1345 el rey de Polonia, Casimiro III el Grande, ordenó la construcción de la iglesia del Corpus Domini en honor a un Milagro Eucarístico que sucedió ese mismo año en los campos de Wawel, cerca a Cracovia.

Algunos ladrones pudieron entrar en una iglesia, no lejos de Cracovia. Luego de haber forcejeado el tabernáculo, extrajeron la píxide que contenía Hostias consagradas. Poco después se dieron cuenta que la píxide no era de oro, entonces la arrojaron a unos pantanos llenos de basura y fango. Inmediatamente surgió del pantano una luz fortísima. Los rayos de luz continuaron durante el día y la noche, por diversos días.

Todo el pueblo se dio cuenta de este extraño fenómeno y decidieron advertir del hecho al Obispo de Cracovia. El Prelado escuchó que del pantano fulguraban unos rayos que podían ser vistos a varios kilómetros a la distancia. No comprendiendo cómo pudiese ser posible este fenómeno proclamó tres días de ayuno y oración.

Al tercer día todo el pueblo se acercó en procesión, junto con el Obispo, al lugar del pantano luminoso. Se empezó la búsqueda, hasta que finalmente un hombre pudo recuperar la píxide con las Hostias totalmente íntegras. Ante la luz intensa que emanaban, todo el pueblo comenzó a alabar al Señor y a festejar el Prodigio llenos de conmoción.

Aún hoy, en la fiesta del Corpus Domini, se recuerda el Milagro en la iglesia del Corpus Domini en Cracovia.

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