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"Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná del desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo come no muera" (Juan 6:48).

Milagros Eucarísticos ocurridos como resultado de actos malvados: hostias robadas y fritas en el aceite, hostias perforadas con punzón, golpeadas con cuchillo, echadas al el fuego, pulverizadas se han transformado en carne, han sangrado, volaron por el aire. Dios ha querido a través del prodigio a testimoniar que la HOSTIA consagrada es realmente "El pan de vida."

Dios no se rinde, ni siquiera delante de la maldad del hombre, a sus perversas infamias, sino que hasta al final quiere intentar hasta lo imposible para atraer nuestros corazones y dirigirlos hacia el camino del verdadero bien, o sea, hacia nuestra felicidad.


Milagro Eucarístico de Trani, 1625

En Trani, provincia de la Puglia - Italia, aún hoy se conserva en la Catedral de María Santísima Asunta la Reliquia de este Milagro Eucarístico sucedido alrededor del año mil.

Son muchos los documentos que hablan de este Prodigio, entre ellos existen algunos monogramas eucarísticos reproducidos en las viejas calles de la ciudad. El fraile Bartolomé Campi, describe en su obra "El Enamorado de Jesucristo" (1625), un cuidadoso informe de cómo se desarrollaron los hechos:
Fingiendo ser cristiana, la mujer comulgó como las otras ... Habiendo recibido la Partícula, se la quitó de la boca y la puso en un pañuelo. Regresando a su casa, quiso comprobar si era pan o no. Entonces, puso aquella bendita Partícula en una sartén llena de aceite para así freírla ... Cuando la Hostia entró en contacto con el aceite hirviente, la Partícula se convirtió milagrosamente en carne sangrante. La hemorragia de sangre, llamémosla así, no se detuvo inmediatamente, sino que se derramaba fuera de la sartén inundando por todos lados aquella maldita y detestable casa. Sobrecogida por el terror, la mujer comenzó a gritar ... entonces, las vecinas corrieron a la casa para ver cuál era el motivo de los sollozos de la mujer...

El Arzobispo, fue informado inmediatamente de lo sucedido. Ordenó que se recuperase la Hostia con gran reverencia para devolverla a la iglesia. El mismo abad cisterciense, Ferdinando Ugelli (1670), en su conocidísima obra enciclopédica "Italia sagrada", escribe una nota en su séptimo volumen: En Trani se venera la sagrada Hostia, que en señal de desprecio a nuestra fe fue puesta en aceite hirviente ..., en la cual, desvelado el pan ázimo, apareció la verdadera Carne y la verdadera Sangre de Cristo, que se derramó hasta el suelo. Una confirmación indirecta del hecho lo encontramos también en una afirmación dicha por San Pío de Pietrelcina: Trani tiene gran suerte porque por dos veces la Sangre de Cristo ha mojado su tierra. La referencia está dirigida al milagro eucarístico que hemos mencionado y al milagro del Crucifijo de Colonna, de cuya nariz desfigurada brotó un abundante flujo de Sangre.

En 1706 la casa de aquella mujer fue transformada en capilla gracias a una generosa donación del noble Ottaviano Campitelli. La Reliquia de la Hostia fue depositada en 1616 en un antiguo relicario de plata donado por Fabrizio de Cunio. La Santa Reliquia ha sido analizada en diversas épocas; la última vez, data del año 1924, realizada en ocasión al Congreso Eucarístico interdiocesano convocado por Monseñor Giuseppe María Leo.


Milagro Eucarístico de Pozman - Polonia, 1399

En 1399, en la ciudad de Poznan, un grupo de amigos que odiaban la fe cristiana convencieron a una doméstica para extraer de la iglesia de los Dominicos (hoy de los Jesuitas) tres Hostias consagradas. La mujer, alentada por una sustanciosa recompensa, logró robarlas. Al entregarlas en manos de los malhechores bajaron al subterráneo de una casa, las depositaron sobre una mesa y comenzaron a profanarlas golpeándolas con un punzón. De pronto, comenzó a destilar copiosamente Sangre que llegó a salpicar en el rostro de una chica del grupo, que siendo ciega recuperó inmediatamente la vista. Los profanadores, sobrecogidos de terror y de la angustia, intentaron destruir en vano las Hostias porque éstas permanecían siempre intactas. Entonces, decidieron llevarlas a las afueras de la ciudad y arrojarlas en los pantanos que estaban cerca al río Warta. Mientras tanto, un joven pastor que se encontraba en las cercanías, vio tres Hostias luminosas que se elevaban en el aire. Dominando la emoción, regresó a su casa para contarle todo a su padre y a las autoridades locales.

El alcalde se mostró indiferente a lo que el joven narraba y creyendo que era un impostor ordenó que lo encarcelaran. El joven pastor logró liberarse misteriosamente y se presentó nuevamente al alcalde, quien finalmente, convencido de los hechos, se dirigió al lugar del Prodigio. Mientras tanto, toda la población se había reunido en torno a las tres Hostias luminosas suspendidas en el aire. Sólo el Obispo Wojciech Jastrzebiec pudo lograr, luego de fervientes ruegos al Cielo, recuperar las Partículas que descendieron a la píxide que tenía entre las manos.

El Obispo ordenó inmediatamente una procesión solemne para llevar las Hostias prodigiosas a la iglesia dedicada a Santa María Magdalena. En el lugar del Milagro fue construída una capilla de madera que se convirtió en meta de peregrinaciones. Más tarde, el rey Wladyslaw Jagiello, habiéndose enterado del Milagro, visitó Poznan para venerar las Hostias prodigiosas. Como signo de devoción, hizo edificar una iglesia dedicada al Corpus Domini en el mismo lugar donde sucedió el Prodigio. En el siglo XIX, en el lugar donde fueron profanadas las Hostias, fue construido un Santuario donde aún hoy se conserva la mesa con las huellas de la Sangre destilada de las Hostias. Cada jueves, en la iglesia del Corpus Domini en Poznan, se realiza una procesión con el Santísimo Sacramento en honor al Milagro.

En la nave central, bajo el altar en el que se custodian las reliquias de San Onufry, se encuentran tres esculturas del siglo XVIII que representan a los profanadores que intentan desembarazarse de las Hostias En el Santuario Eucarístico se conservan las riquísimas custodias regaladas por el rey Jagiello, hasta hoy utilizadas para la exposición del Santísimo Sacramento.


Milagro Eucarístico de París - Francia, 1290

Se conservan hoy en día gran cantidad de documentos que dan testimonio de los hechos que sucedieron en torno a este Milagro. Entre ellos está la obra Historia de Florencia del historiador Giovanni Villani. En el VII libro, capítulo 136, narra brevemente los aspectos principales del Milagro. En cambio, una investigación minuciosa sobre todas las fuentes fue realizada por la señora Moreu-Rendu en su obra En París, calle de los Jardines, editada en 1954 con prólogo de Mons. Touzé, obispo auxiliar de París. La autora, después de una exhaustiva investigación en base a los documentos examinados rigurosamente, se pronunció a favor de la autenticidad de los hechos. Pero entre todas las obras, la más conocida es la "Historia de la Iglesia de París", escrita por el Arzobispo francés, Monseñor Rupp. En ella habla del Milagro Eucarístico de París, precisamente en las páginas dedicadas al Episcopado de Simón Matifas de Busay, quien tuvo la sede de Saint Denis desde el año 1290 hasta 1304.

El domingo de Pascua, un 2 de abril de 1290, un hombre llamado Jonathas, quien conservaba un odio a la fe católica y no creía en la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada, siendo pagado para ello, logró apoderarse de una Partícula consagrada.
Cuando la tuvo entre sus manos, comenzó a apuñalarla, pero de pronto, brotó de ella Sangre en abundancia, hasta el punto de llenarse todo el recipiente donde la Hostia había sido depositada. En medio del pánico, Jonathas decidió arrojarla al fuego, pero la Hostia se elevó por encima de las brasas. Fuera de sí, la cogió para arrojarla al agua hirviente pero ésta, suspendida en el aire tomó la forma de un crucifijo. Finalmente, por sí sola, descendió colocándose en la olla de una parroquiana de Saint-Jean-en-Grève, quien la llevó a su párroco.
A lo largo de los siglos, la Hostia permaneció en un pequeño relicario en la iglesia de Saint-Jean. Durante la Revolución, se perdió todo rastro.

Existen varios hechos significativos: la casa de Jonathas fue confiscada y luego, llamada "La Casa de los Milagros" por el mismo rey Felipe II el Hermoso. Esto está registrado en un acto de venta en el año 1291. Diferentes indicios señalan la veracidad de esta historia: el hecho que la casa fue transformada en un oratorio gracias a la Bula de Bonifacio VIII, la denominación de "Rue du Dieu bouilli" (calle del Dios hervido) nombrada así por el pueblo de París a la calle que antes se llamaba de los "Jardines", la celebración eucarística en la capilla des Billettes del Oficio de la Reparación del segundo domingo de Adviento y de la Cuaresma.


Milagro Eucarístico de Offida, 1273

En 1273, en Lanciano, una mujer llamada Ricciarella, con el fin de recuperar el afecto del marido, Giacomo Stasio, cometió un grave sacrilegio. Siguiendo el consejo de una hechicera, aprovechando el momento de la comunión robó una Hostia consagrada, la llevó a su casa y la puso al fuego, sobre una teja con la intención de pulverizarla para ponerla en el plato del marido. En ese momento, la Partícula se convirtió en carne que derramaba sangre. Ricciarella, aterrorizada por lo que estaba sucediendo, envolvió la teja con la Hostia bañada en sangre en un lino. Luego, la enterró bajo el estiércol del establo del marido. Cosas extrañas sucedieron en el interior del establo: cada vez que la mula de Giacomo entraba, se postraba de rodillas mirando hacia el lugar donde estaba enterrada la Hostia milagrosa. Giacomo comenzó a pensar que la esposa había realizado un maleficio a la bestia.

Durante 7 años, Ricciarella no había dejado de sufrir grandes remordimientos. Entonces, decidió confesar su horrible sacrilegio al prior del convento agustiniano de Lanciano, Giacomo Diotallevi, nativo de Offida. Las antiguas crónicas cuentan que la mujer comenzó a gritar en lágrimas al sacerdote: ¡He matado a Dios! ¡He matado a Dios! El sacerdote se dirigió a lugares y encontró intacta la envoltura junto con la Reliquia. Estas fueron luego donadas a sus conciudadanos. Con el fin de conservar la Sagrada Hostia, los habitantes de Offida mandaron a hacer un relicario en forma de Cruz.

Una antigua crónica nos narra que fray Miguel y un hermano fueron enviados a un orfebre de Venecia con este encargo. Rogaron al orfebre que bajo juramento de fidelidad, prometiera que "no revelaría a ninguno lo que él estaba por ver y colocar dentro de la cruz. Luego, el orfebre quiso tomar la píside con la Hostia milagrosa, pero de improviso le vino la fiebre. Entonces, exclamó: "¿Qué cosa me has traído, oh fraile mío?". El religioso le preguntó si se encontraba en pecado mortal. Habiendo respondido que sí, el orfebre se confesó y en el instante desapareció la fiebre. Así, sin ningún peligro, extrajo la Hostia de la píside y la depositó en el sagrado Madero de las misma cruz, sellando con un cristal, como claramente se puede observar". Los relicarios de la teja y el lino teñido de sangre, junto con la cruz que contiene la Hostia milagrosa, están expuestos en la iglesia de San Agustín en Offida. La casa de Ricciarella en Lanciano fue transformada en una pequeña capilla. En 1973 fue celebrado el VII centenario del Milagro, y cada 3 de mayo los ciudadanos de Offida festejan el aniversario del Prodigio.


Milagro Eucarístico de Mogoro, 1606

En Mogoro, Cerdeña, el lunes de Pascua del año 1604, don Salvador Spiga, párroco de la iglesia de San Bernardino, estaba celebrando la Misa. Luego de la consagración comenzó a distribuir la Comunión a los fieles.

En ese momento se acercaron dos hombres, conocidos por todos a causa de la vida disoluta que llevaban. Cuando el párroco les dio la Comunión, ambos la escupieron inmediatamente sobre la piedra del balaústre. Explicaron lo sucedido diciendo que las Hostias hervían como carbones encendidos y que les había quemado la lengua. Luego, sintiendo remordimiento por no haberse confesado antes, escaparon. Don Salvador hizo que se recogieran las sagradas Hostias y vio que en la piedra habían quedado como esculpidas las huellas de las dos Partículas. Ordenó que se lavase cuidadosamente la piedra, esperando que las huellas fuesen canceladas. Pero todo intento resultaba inútil. Numerosos historiadores, entre ellos el sacerdote Pedro Cossu y el Padre Casu, describen las pruebas de veracidad realizadas por el Obispo, Monseñor Antonio Surredo, y por sus sucesores.

Entre los documentos más importantes que confirman el Milagro, tenemos el acto público depuesto por el Notario Pedro Antonio Escano, el 25 de mayo de 1686, con el que el Rector de Mogoro estipuló un contrato para la construcción de una pequeña urna de leño dorado en la parte superior del altar mayor y, en cuya base, debería contener una cavidad para acoger la "piedra del milagro". Esta debía ser conservada dentro de una caja decorosa y colocada en modo que sea vista por los fieles. La piedra presenta aún hoy las huellas circulares de las dos Hostias.


Milagro Eucarístico Bettbrunn - Alemania, 1125

La creación del pueblo de Bettbrun y la construcción de la actual iglesia de San Salvador se debe a un Prodigio Eucarístico, verificado en 1125. En el lugar en el que hoy surge el pueblo y la iglesia existía un tiempo una pequeña granja llamada Viehbrunn porque al lado había un pozo, utilizado para que los animales bebiesen. El propietario era un hombre profundamente devoto del Santísimo Sacramento que se lamentaba de no poder asistir siempre a la Misa porque la iglesia parroquial de Tholling se encontraba a una hora y media de distancia. Movido por este celo, decidió resolver el problema robando una Hostia consagrada para llevársela a su casa. Así pues, el campesino la colocó en un orificio en la parte superior de su bastón, hecho a propósito para la Hostia. Cada día, cuando el rebaño reposaba, clavaba el bastón en la tierra, y arrodillado adoraba largas horas el Santísimo. Por varios meses el campesino tuvo consigo la Hostia, hasta que un día, distraídamente movió bruscamente el bastón porque el rebaño se había alejado demasiado y la Hostia cayó a tierra. El pastor, profundamente dolido, se inclinó para recogerla, pero toda tentativa fue inútil. No sabiendo qué hacer corrió a la parroquia de Tholling para pedir ayuda al sacerdote. Pero también fue imposible para éste; así que resolvieron llamar al Obispo de Regensburg, Hartwich, quien se dirigió al lugar, junto con todo el clero. El Obispo logró recoger la Hostia sólo cuando prometió al Señor que construiría una capilla en ese mismo lugar.

En 1125 la capilla fue concluida y la preciosa Reliquia se conservó allí mismo hasta el año 1330, cuando un incendio la destruyó completamente. La capilla fue reconstruida y en su interior fue depositada una columna que había sobrevivido al incendio.


Milagro Eucaristico de Ettiswil - Suiza, 1447

El documento más importante que describe el Milagro es el "Protocolo de Justicia", constituido el 16 de julio de 1447 por Hermann von Rüsseg, señor de Büron. En la traducción se lee: "miércoles 23 de mayo de 1447, el SS. Sacramento fue robado de la iglesia parroquial de Ettiswil. Poco después fue encontrado por una joven guardiana de cerdos, llamada Margarita Schulmeister, no lejos de la iglesia parroquial. Se encontraba cerca a una empalizada, arrojado en la tierra, en medio de las ortigas; parecía una flor resplandeciente". Después de meticulosas investigaciones, la policía arrestó a la joven Anna Vögtli de Bischoffingen, quien confesó espontáneamente el delito. "Después de haber logrado meter la mano entre las rejas de fierro me apoderé de la Hostia Magna, pero habiendo apenas pasado el cementerio, el SS. Sacramento se hizo cada vez más pesado hasta que no pude ya llevarlo. No pudiendo avanzar ni retroceder, arrojé la Hostia cerca a un seto de ortigas". La Partícula fue descubierta por la señora Margarita Schulmeister, guardiana de cerdos, quien narró que "en el momento en que llegó con los cerdos a las cercanías del lugar donde el Santísimo Sacramento había sido arrojado, las bestias no quisieron caminar más. Entonces, pedí ayuda a dos hombres que pasaban a caballo. Ellos vieron en medio de la hierba la Hostia robada, dividida en siete partes.

Seis de ellas formaban una flor semejante a una rosa y una gran luz las rodeaba". El sacerdote fue advertido y se dirigió con prontitud para poder recuperar la Hostia. Acompañado de sus fieles, recogió los seis pedazos, pero cuando quiso alcanzar el que estaba en el centro, éste se enterró en el suelo ante los ojos de todos. Esta desaparición fue interpretada como un signo y así, se decidió construir una capilla exactamente en el punto donde la Hostia había desaparecido.

Las seis partes fueron conservadas en la iglesia de Ettiswil y se convirtieron en objeto de gran veneración por parte de los habitantes del pueblo y de muchos forasteros. Allí mismo, Dios realizó numerosas curaciones. La capilla y el altar fueron consagrados el 28 de diciembre de 1448, es decir, un año y medio después del Milagro.

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