La enfermedad

Enfermedad

Santo Tomás de Aquino

El alma unida al cuerpo puede sufrir de dos modos: por pasión corporal y por pasión animal o psíquica. Por pasión corporal padece cuando el cuerpo sufre una lesión.

Siendo el alma la forma del cuerpo, ambos tienen un solo ser, por lo que si algún daño le afecta, el cuerpo resiente indirectamente incluso al alma, por el ser que tiene en común con el cuerpo.

Cuerpo y alma

Santo Tomás distingue las enfermedades del cuerpo de las del alma: en ésta última identifica dos tipos de desorden, uno contra la razón y otro contra la naturaleza.

En cualquier ser la perversión se verifica cuando está comprometida la templanza propia: así en el hombre la enfermedad de su cuerpo está provocada por una alteración de la necesaria rmonía de los humores de este hombre. De la misma manera la perversión del apetito, que, a veces, desbarata la razón, consiste en la descompensación de las afecciones humanas. Se trata de una descompensación que se puede comprobar por dos motivos en cuanto que la armonía no se encuentra en lo indivisible, sino que tiene una cierta amplitud de valores, como se vé en la armonía de los humores del cuerpo; pues la naturaleza permanece íntegra sea que el calor sea mayor del debido, sea que se registren una bajada de temperaturas: armonía de la vida humana que se conservan según las distintas calidades de las afecciones.

En un primer modo, tal compensación puede verificarse en tal equilibrio sin sobrepasar los límites de la vida humana, y entonces se llamará directamente incontinencia o vicio humano, así como una enfermedad del curpo humano en el que queda salva la naturaleza humana, llegando a ser similar a las afecciones de una bestia: por ejemplo de un león, de un oso o de un cerdo. A tal actitud se da el apelativo de "bestialidad".

Entiendo por disposiciones bestiales, por ejemplo, la de las mujeres que, dicen, destripaban a las mujeres encintas y devoraban los fetos, o de las que prueban el placer, dicen, ciertos salvajes de las costas de Ponto, algunos de los cuales comen carne cruda, otros, además, se intercambian los hijos para comer abundantemente, o lo que narran de Faláride. Estos son comportamientos bestiales; pero seguro que están provocados por enfermedad o locura para algunos,, como el que ofreció a su madre en sacrificio y la devoró, o el esclavo que se comió el higado de un compañero.

Santo Tomás que, a veces, llama aestos desórdenes indistintamente "bestiales", designa de modo especial los des`rdenes con causa de tipo corpontamental pertenece al alma, o bien, al conocimiento o afectividades interiores, es decir: de los sentidos internos y de las pasiones que le siguen. Un desorden de la vida sensitivo interior y de la afectividad con génesis en el alma, en cuanto que es causado por las malas costumbres.

Santo Tomás se refiere luego a las tendencias contra natura que tienen evidentemente un carácter más morboso y perverso, pero se podría preguntar si la misma calificación puede ser atribuida, al menos analógicamente, a todas las disposiciones, al vicio, que residen en la parte sensitiva del alma con los consecuentes desórdenes cognitivos, son las tendencias que alejan al hombre de su disposición natural. Estos son vicios "patológicos", son "pasiones" en sentido propio, en cuanto de alguna forma, poniendo al sujeto fuera del orden de su naturaleza.

Los vicios contra natura son contrarios, no sólo a la razón, que es la diferencia específica del hombre, sino incluso a lo que constituye su género, la animalidad. Con aegritudo animalis no está solo significando una enfermedad del alma, sino más exactamente, una enfermedad de la dimensión del alma humana.

En la Suma Teologica, Santo Tomás habla de una (locura del alma o negación de sanidad). La sanidad corporal es destruida por el hecho de que el cuerpo pierde la complexión debida a la especie humana, así la locura espiritual depende del hecho de que el alma humana pierde las disposiciones propias de la especie humana. Y lo que puede ocurrir en consideración a la razón, por ejemplo cuando uno pierde el uso, en relación a la fuerza apetitiva.

El vicio humano es una inclinación de la afectividad contra la recta razón, en los vicios bestiales o patológicos se da una doble razón de desorden: una del modo del apetito (contra la recta razón) y en esto es igual al vicio humano: la otra, en la materia misma, que no corresponde a la proporcionada naturalmente al apetito del hombre, motivo por el cual se llama contra natura.

Santo Tomás, sobre los génerows de vicios: La maldad puede interesar a los vicios que se contraponen a todas las virtudes: la necedad que se contrapone a la prudencia, la cobardía que se contrapone a la fortaleza, la intemperancia que se contrapone a la templanza, la crueldad que se contrapone a la mansedumbre: contra los vicios individuales se verifican por las disposiciones que son bestiales a causa de la distorsión de la naturaleza, y otras, sin embargo, que son morbosas a causa dela enfermedad ya física, animal causada por una mala costumbre.

El vicio de la crueldad, contrario a la virtud de la clemencia, Santo Tomás explica la diferencia de este sadismo con la irascibilidad y la crueldad: a la mansedumbre, que relaciona directamente a la ira, a todo rigor se contrapone el vicio de la irascibilidad, que implica un exceso de ira. Sin embargo, la crueldad implica un exceso en la punición. Si estas actitudes están causadas por una Prava consuetudo, es decir: son dominables por la razón y están fuera de la competencia del médico. Estas tendencias antinaturales, se pueden aprender a controlar o se puede sucumbir a ellas. E incluso estar completamente dominados por estas pasiones, y no sólo poseerlas.

Los vicios humanos son, de todos modos,disposiciones contra la razónn y contra la sensibilidad, que pueden luego ser consentidas de modo consciente conviertiéndose en hábitos viciosos. Estas tendencias no podrán estar derrotadas si no interviene la razón y una fuerte voluntad y todavía más, es indispensable pedir la intervención de Dios con afligidas súplicas. Sólo Él podrá hacer mover, desde dentro, de modo misterioso, Su Gracia, para poder arrancar las maléficas raíces de los vicios fuentes de todo mal.

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