La Misericordia

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Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, la Misericordia de Dios se ha revelado como amor compasivo que acude donde haya sufrimiento y cura toda clase de males, pero también es un Dios que perdona, reconcilia y regenera al hombre.

En el Evangelio han sido revelados varios aspectos que asume la Misericordia.

En Lucas, se nos transmite la conmoción profunda del padre del hijo pródigo que cuanto que vislumbra al hijo pródigo: "Se puso en camino y vió a su padre. Cuando aun estaba lejos, su padre lo vió y, conmovido, corrió a su encuentro, se le echó al cuello y lo besó" (Lc 15,20). También Jesús sintió gran compasión: "Cuando estaba cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a la tumba au muerto, hijo único de una madre viuda; y mucha gente de la ciudad estaba con ella. Viéndola el Señor, sintió gran compasión de ella y le dijo: "No llores". Se acercó y tocó el féretro mientras los portadores se detenían. Después dijo: "Muchacho, te digo, levántate". El muerto se sentó y comenzó a hablar" (Lc 7, 12-15).

En Mateo, la búsqueda de la oveja perdida: "Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿no dejará a las noventa y nueve en el monte e irá a buscar a la que se perdió?. Yo os digo que se pondrá a buscarla: se alegrará más por ésta que por las noventa y nueve que no se perdieron. Así es la voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos: que ninguno de estos pequeños se pierda" (Mt 18,12-14).

El Samaritano: "Un hombre bajaba de Jerusalén al cielo y cayó en manos de unos bandidos, se lo quitaron todo, le golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel mismo camino y, cuando lo vió, dió un rodeo. También un levita, pasó por aquel lugar, lo vió y pasó de largo. Sin embargo, un samaritano que iba de viaje, pasando junto a él, lo vió y tuvo compasión de él. Se le acercó, le curó las heridas echándole vino y aceite; después lo cargó en su cabalgadura, lo llevó a la posada y se hizo cargo de él" (Lc 10, 30-34).

El siervo despiadado: "Entonces aquel siervo, postrado en tierra, le suplicaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagaré lo tuyo". El patrón tuvo piedad de aquel siervo, lo dejó ir y le perdonó toda la deuda. Apenas salió, aquel siervo se encontró con un compañero, que le debía cien denarios. Lo cogió por el cuello y lo estrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". Su compañero, postrado en tierra, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagaré lo que te debo".

Pero él no quiso, fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Visto aquello, los demás siervos se disgustaron mucho y fueron a referir al patrón lo ocurrido. Entonces el patrón hizo llamar a aquel hombre y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné la deuda porque me lo habias pedido. ¿No debías tú también tener piedad de tu compaero?. Indignado, el patrón lo puso en manos de los verdugos, hasta que pagase la deuda. Así también mi Padre, que está en los cielos, hará con vosostros, si no perdonáis de corazón, cada uno de vosotros, a vuestro hermano". (Mt 18, 26-35).

Cristo no sólo enseñaba el Amor Misericordioso de Dios, sino sobretodo lo personificaba y lo hizo el contenido esencial de la misión de salvación. Desde los inicios de Su actividad, refiriéndose a las palabras del profeta Isaias, dijo a los habitantes de Nazaret que había sido enviado para anunciar un mensaje feliz a los pobres, paraproclamar a los prisioneros la libertad y para dar la vista a los ciegos; para liberar a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

A la pregunta de los discípulos de Juan Bautista: "¿Eres Tú el que debe venir o debemos esperar a otro?". En aquel mismo momento Jesús curó a muchos enfermos, de enfermedades de malos espíritus y dió la vista a muchos ciegos. Después les dijo: "Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos recuperan la vista, los cojos caminan, los leprosos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y alos pobres se les anuncia la Nueva Nueva" (Lc 7, 19-22).

El Amor Misericordioso de Dios fue revelado de manera plena por Su Hijo en las horas de Su Pasión, de Su Muerte y Su Resurrección.


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