San Agustín

lucha

Libres

¿Dónde huiremos si somos esclavos del pecado?. Donde vayamos, no podemos escapar de nosotros mismos.

La mala conciencia no puede huir de sí misma; de hecho, no se ha separado, porque el pecado que hemos cometido nos persigue. Hemos cometido un pecado para procurarnos un placer corporal: el placer pasa pero el pecado permanece: ha pasado lo que procuraba gusto y ha quedado el remordimiento.

Libres del pecado

Triste esclavitud. Acudamos todos al Señor. Contra el pecado, invoquemos la intervención de Dios liberador.

Sólo el Señor nos puede liberar de esta esclavitud: El que no la conoció, nos libera, porque Él es el único que ha venido en carne mortal sin pecado... porque puede libera del pecado.

Esta es nuestra Esperanza, oh hermanos: nos libera El que es libre, y, liberándonos nos hace sus amigos. Éramos esclavos de la codicia y, liberados, nos hacemos libremente esclavos de la caridad. Nuestra voluntad es buena si es libre. Seremos libre del pecado y esclavos de la justicia.

Es inevitable que el pecado perdure en nuestros miembros. ¿Viene la ira?. No le permitamos maldecir. No le prestemos a la ira la mano o el pie para herir, privémosla del poder, para desarmarla e impedir que luche contra nosotros: cuando no haya armas, dejará de existir. Permanezcamos fieles al servicio del Señor. No sigamos nuestras concupiscencias, porque haciéndolo las reforzamos y si las reforzamos, ¿cómo podremos vencerlas?¿cómo podremos vencer a nuestros enemigos, si los alimentamos con nuestras propias fuerzas?.

La primera libertad consiste en estar libres de culpa. Estando, exentos, hermanos míos, y atentos para comprender en qué consiste y en que consistirá en el futuro, esta libertad. Por justos que seamos, aunque admitamos que merecemos el nombre de justos, no estamos aun sin pecado. Es verdad que de muchos se ha dicho que eran justos e irreprensibles, pero en el sentido de que no podía culpárseles de nada; y no parecía justo, tratándose de hombres, reprender a los inocentes. Pero Dios no condena algunos pecados, justificando y alabando a otros; no aprueba a nadie y los detesta todos. Del mismo modo que un médico odia la enfermedad y hace todo lo posible para eliminarla y liberar al enfermo, así Dios, con su gracia, obra en nosotros para extinguir el pecado y liberar al hombre. Pero, cuando nos preguntemos, ¿el pecado será eliminado?. Si es limitado, ¿porqué no es eliminado?. Es limitado en la vida de los que están el camino y en aquellos que han alcanzado la perfección. Cuando comenzamos a no tener pecados graves- y ningún cristiano debe tenerlos- empezamos a levantar la cabeza hacia la libertad, pero este no es el inicio de la libertad: no el de la libertad perfecta.

Libre de las pasiones

Algunos se preguntarán, ¿porqué la libertad no es perfecta? Porque "siento en mis miembros otra ley en conflicto con la ley de mi razón"; por eso, "no hago lo que quiero, sino lo que destesto" (Rom 7,23). Liberrad parcial, parcial esclavitud: no todavía completa, no aun pura, no todavía plena es la libertad, porque aun no estamos en la eternidad. En parte conservamos la debilidad, en parte hemos alcanzado la libertad. En el bautismo todos nuestros pecados han sido destruidos, pero ¿quizás ha desaparecido la iniquidad'. Si hubiese desaparecido, se viviría en la tierra sin pecado. ¿Quién puede afirmar que no existe la soberbia mas que el que no merece la misericordia del liberador, el que se deja engañar a sí mismo y en el cual no existe la verdad?. Ha permanecido en nosotros la debilidad; en la medida en que servimos a Dios somos libres, mientras que somos esclavos no seguimos su ley. El Apóstol confirma lo que estamos diciendo: "Según el hombre interior, yo me deleito en la ley de Dios".
(Rm 7,22).

Somos libres cuando nosdeleitamos en la ley de Dios: es la libertad la que nos procura este deleite. Cuando encontremos en Dios nuestra delicia, seremos libres. No temamos al castigo, amemos la justica. De la parte en que la justicia es incompleta es de la que Pablo se siente esclavo, mientras que se deleita en la ley de Dios, no se siente esclavo sino amigo de la ley; y siendo amigo es libre. ¿Qué debemos hacer en la debilidad que queda en nosotros?. Nos dirigimos Al que dice: "Si el Hijo os libera, seréis verdaderamente libres". A Él se dirige el mismo apóstol, exclamando: "Infeliz de mí, ¿quién me liberará de este cuerpo de muerte?. La gracia de Jesucristo nuestro Señor".

El alma vive evitando las cosas que la matan. Abstengámonos de la feroz e inhumana soberbia, de la inactiva voluptosidad, de la lujuria, del nombre de la engañosa ciencia y las fieras, las bestias y las serpientes se amansarán: son expresiones alegóricas de los sentimientos del alma. La libre voluntad será más libre en cuanto sea sana, y será tanto más sana cuanto más esté sometida a la misericordia y a la gracia divina.

Cristo ha resucitado, Él nos ha liberado de los deseos carnales, nos ha librado de las perversas concupiscencias, nos ha levantado de lo superfluo con que habíamos nacido y de cuanto malo hemos adquirido viviendo en el mal.

La verdadera libertad se identifica con la misma sanidad, y la libertad no se habría perdido si la voluntad hubiese permanecido buena, pero, puesto que la voluntad pecó, el pecado permanece dentro de nosotros, hasta que se cure toda la enfermedad y se reciba tanta libertad como en la curación haya, inmutable la voluntad de vivir felizmente, unida a la necesidad voluntaria y feliz de vivir también santamente y de no pecar más.

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