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Según las revelaciones de María Valtorta

Una centuria se dispone en dos filas dres metros una de la otra, y así sale a la plaza en la que otra centuria ha formado un cuadrado que aparta a la gente, para que no obstaculice el cortejo. En la plaza están ya hombres a caballo: una decuria de caballería con un joven oficial que la capitanéa con sus insignias.

LLevan las cruces. Las de los ladrones son más cortas: la de jesús es mucho más larga. Yo digo que el palo vertical no es menor de cuatro metros. La veo llevada ya formada. Antes de dar la cruz a Jesús le ponen en el cuello la tabla con la inscripción "Jesús Nazreno. Rey de los Judios". Y la cuerda que lo sostiene, se enreda en la corona que se mueve y araña donde no está aun magullado y penetra en nuevos sitios causando nuevo dolor y haciendo brotar neva sangre. La gente ríe por sadismo alegre, insulta, blasfema...

...tropieza en piedras y baches, y cada tropiezo es dolor, porque se mueve bruscamente la cruz que golpea en la corona, que roza la espalda llagada y agranda la llaga y acrecienta el dolor.

Los judios ya no pueden golpearlo directamente. Pero alguna piedra llega y algún bastonazo.. Las primeras llegan en las plazas llenas de gente. Los segundos, sin embargo, se llevan a cabo en las calles con escalones que suben y suben, ya uno, ya dos, ya tres; por los continuos desniveles de la ciudad. Allí, por fuerza, el cortejo disminuye y siempre hay algún voluntarioso que reta a las lanzas romanas, sólo para dar un nuevo toque maestro de tortura.

Los soldados lo defienden como pueden. Pero aun para defenderlo lo golpean porque las largas astas de las lanzas, ejercidas en tan poco espacio, lo golpean y lo hacen tropezar. Pero justo en un determinado punto los soldados hacen una maniobra impecable, y a pesar de los gritos y las amenazas, el cortejo se desvía bruscamente, por una calle que va directa hacia una pared, cuesta abajo, hacia un atajo que abrevia mucho la llegada hasta el lugar del suplicio.

Jesús avanza jadeando. Cada bache de la calle es una trampa para sus pies vacilantes y una tortura para sus espaldas llagadas, para su cabeza coronada de espinas sobre la que baja en dirección perpendicular un sol exageradamente caluroso, que cada tanto se esconde detrás de un grupo de nubes. Pero que, aunque escondido, no cesa de quemar a Jesús, que está congestionado por el cansancio, la fiebre y el calor.

Jesús jadea cada vez más. El sudor le riega el rostro junto a la sangre que le mana de las heridas de la corona de espinas. El sudor se le pega a la cara mojada y la mancha de cosas extrañas. Porque tambien hay viento ahora. De las ráfagas sincopadas a largos intervalos, recae el polvo, pues la ráfaga ha levantado remolinos que traen detritos a los ojos y a la cara.

I CAIDA
Encuentra una piedra sobresalida, y aun extenuado como está, levanta un poco el pie, tropieza y cae sobre la rodilla derecha, logrando, sin embargo,sostenerse con la mano izquierda. La gente grita de alegría... Se levanta. Continúa. Cada vez más encorvado, jadeante, congestionado y febril...

El letrero que le balancea por delante, le obstaculiza la vista, la vestidura larga tambien, ya que Él va encorvado, la teirra de frente le traba el paso. Tropieza de nuevo y cae sobre las dos rodillas hiriéndose otra vez donde ya estaba herido, y la cruz que se le escapa de la mano y cae, tras haberla cargado fuertemente sobre las espaldas; lo cual le obliga a agacharse para levantarla y a cansarse por cargarla de nuevo sobre la espalda. Mientras hace esto aparece claramente visible en el hombro derecho la llaga hecha por la rozadura de la cruz, que ha abierto las muchas llagas de los latigazos y las ha unificado en una sola que exuda suero y sangre, de modo que la túnica blanca está en aquel sitio todoa manchada.

II CAIDA
Ha gente ha enloquecido por los aplausos y la alegría de verlo caer tan mal... Longinos les incita a separarse, y los soldados, con golpes de plano dados con las dagas, piden al pobre Jesús que continúe. Se reemprende el camino con una lentitud cada vez mayor, a pesar de la petición.

III CAIDA
Y después de inmediato el dolor de la tercera caida completa. Y esta vez no es que tropiece; sino que cae por la súbita flexión de las fuerzas, por síncope. Son más fuertes los golpes sobre el rostro, y cae sobre las piedras sin sentido, permanneciendo en el polvo bajo la cruz, que se dobla encima. Los soldados intentan levantarlo. Pero, puesto que, parece muerto, van a consultarlo con el centurión. Mientras van y vienen Jesús se recobra, y lentamente, con la ayuda de dos soldados, uno de los cuales le levanta la cruz, y el otro ayuda al Condenado a ponerse de pie, se pone de nuevo en su sitio. Pero está extenuado. "Haz que no muera mas que en la cruz" grita la gente. "Si lo haces morir antes, responderás ante el Procónsul, recuérdalo. El reo debe llegar vivo al suplicio" - dicen los jefes de los escribas a los soldados...

En este camino hay personas que salen, pero que no participan en la indigna algazara de los obsesos que siguen a Jesús para gozar de sus tormentos. Mujeres la mayor parte llorosas y encubiertas, y algún grupo de hombres, muy pequeño en verdad, que más adelante desaparecerá cuando la comitiva gire al monte.

Jesús se tambalea cada vez más, y le vuelven a golpear desde una fila a otra de soldados y doblándose cada vez más hacia tierra. Piensan resolver la cosa en bien pasándolo una cuerda por la cintura y sosteniéndole por dos jefes, como si fuesen riendas. Sí. Esto lo sostiene. pero no le alivia el peso. Al contrario, la cuerda golpea en la cruz y la hace desplazar continuamente sobre la espalda y golpea la corona, que ya ha hecho en la frente de Jesús un tatuaje sangriento. Además, la soga roza la cintura donde están muchas heridas, y seguro le debe romper de nuevo, tanto, que la túnica blanca se tiñe de un rojo pálido. Para ayudarlo lo hacen sufrir aun más.

Extraido del "Il poema del Uomo-Dio" de María Valtorta. Volumen noveno, pág. 278. Centro Editoriale Valtortiano.


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