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Todo hombre que piense se hace la pregunta sobre su propia existencia, sobre su destino; al menos, sobre si existe la eternidad, obien, "¿existe Dios?". No son preguntas nímias en cuanto que afectan a nuestro futuro. La razón no puede ayudarnos ni puede ir más allá de la comprensión. ¿Hay posibilidad de que Dios exista? Existen la mitad de probabilidades y justo ahí nos jugamos la eternidad. Debo considerar sobre la existencia de Dios y si Él existe, entonces lo gano todo: la felicidad eterna, pero si no existe, no pierdo nada y me pongo de parte de los que han dudado de Su existencia. Si fueses un jugador profesional, ¿qué apostarías?. De un lado podrías ganar la eternidad, de la otra no pierdes nada. Ser cristiano significa, en definitiva, ser justos y honrados. ¿Entonces?.

La apuesta de Pascal
Hablemos ahora según las luces naturales.
Si hay un Dios, infinitamente incomprensible, que no tiene partes ní límites, ¿porqué no tiene un encuentro con nosotros?. Somos incapaces de conocer lo que es, ni si existe. Estando así las cosas, ¿quién se atreverá a resolver el problema?. Nosotros no, pues no podemos ponderar su inconmensurabilidad. ¿Quién culpará entonces a los cristianos de no poder dar razones de su fe, ellos que profesan una religión de la que no se puede dar razón?. Exponiéndola al mundo, declaran que es una estupidez, y los demás se lamentan de que no den pruebas. Si la probasen, las mancharían de palabra, pues aunque mostrasen tales pruebas, no cambiarían de criterio. "De acuerdo, pero si bien eso les sirve de excusa para presentarlas, no les absuelven de presentarlas sin razón, ni excusan, sin embargo, a los que la acogen". Examinemos este punto y digamos: "¿Dios existe, o no?" "¿Hacia donde nos inclinaremos?". Aquí la razón no puede determinar nada, pues en medio hay un caos infinito. En el extremo de tal distancia infinita se juega un juego a cara o cruz. ¿Por cual de los dos te inclinas?. Según la razón, no puedes decidirte por nunguna; ni siquiera puedes excluirlas. No acuséis de error al que haya elegido, puesto que del tema nada se sabe.

"Nosotros ya hemos cumplido con haber hecho la elección, porque quién elige a cara o cruz puede incurrir en el mismo error. Lo único válido es no elegir en absoluto". Sí, pero necesito elegir, pues no es una cuestión de voluntad, sino que estamos obligados. Entonces, ¿qué elegir?. Puesto que es obligatorio escoger, examinamos lo que nos conviene. Tenéis dos cosas que perder, lo verdadero y lo bueno, y dos cosas para apostar en el juego: vuestra razón y vuestra voluntad, vuestro conocimiento y vuestra santidad, sin embargo, la naturaleza humana huye del error y de la infelicidad. Vuestra razón no sufre mayor ofensa que una elección en lugar de otra, puesto que se necesita obligatoriamente escoger. Este punto está ya decidido. ¿Y vuestra santidad?. Pensemos en la ganancia o en la pérdida, en el caso de apostar por la existencia de Dios. Valoremos estos dos casos: si vencéis lo ganáis todo, si perdéis, no perdéis nada. Apostad sin dudar, Él existe: "Admirable, se necesita escoger, pues arriesgamos mucho".

Veamos cómo hay igual probabilidad de ganar que de perder. Si ganáseis dos vidas contra una, apostaríais, pero si hubiese tres, deberíais jugar - es obligatorio hacerlo - y puesto que estáis obligados, sería imprudente no arriegar vuestra vida con igual probabilidad de ganar que de perder. êro aquí hay una vida eterna y la santidad. Entonces, así las cosas, aunque hubiese infinitos casos, uno sólo a vuestro favor, siempre tendríais razón para apostar una para obtener dos, y actuaríais sin criterio si, estando obligados a jugar, rechazáseis arriegar una vida contra tres, en un juego, sobre una infinidad de probabilidades, aunque fuese una sola, si fuese una vida infinitamente santa para ganar: una probabilidad de vender contra un número finito de posibilidades de pérdida, y lo que arriesgáis es algo finito. Esto trunca toda inseguridad, siempre que exista lo infinito, y no sea una infinidad de probabilidades a perder contra las de ganar: necesita dar todo. Y así, cuando se está obligado a ganar, necesita renunciar a las razones para salvar la propia vida, en lugar de arriesgarla para ganar lo infinito, que como pronto a venir, la pérdida es nada.

Es verdad, pero, al menos, reconocerás que vuestra incapacidad para creer viene de vuestras pasiones, a la que la razón os lleva, y aun no podéis creer. Probad a convenceros, no ya con el aumento de las pruebas de Dios, sino mediante la disminución de vuestras pasiones. Vosotros queréis ir a la fe, pero no sabéis el camino; queréis curar de la incredulidad y no pedís el remedio: comprended a los que han sido atados como vosotros y que ahora apuestan todo su bien, son personas que conocen el camino que quieren seguir y que son curados del mal del que se quieren curar: seguid el método con el que han empezado, haciéndolo todo como si creyesen, untándose la mano de agua bendita, encargando misas etc. Y todo de manera natural, eso os llevará a creer. "Eso es justo lo que temo".

¿Y porqué? ¿qué tenéis que perder?. Pero para demostraros que eso os conduce a la fe, sabed que disminuirán vuestras pasiones, que son vuestros grandes obstáculos.
Se acabó el discurso.Ahora, ¿que mal os sucederá jugando esta partida?. Seréis fieles, honestos, humildes, reconocedores, benéficos, amigos sinceros, verdaderos. A decir verdad, no volveréis a vivir en los placeres pestíferos, en la vanagloria de las falsas delicias: Pero, ¿no obtendréis otros gozos?. Os digo que en esta vida los alcanzaréis y que, con cada nuevo paso que déis en esta vida, os invadirá tanta certeza de ganar como de nada a arriesgar, que al final rendiréis cuentas de haber apostado por algo cierto e infinito, a cambio de lo cual no habréis arriesgado nada.

"Este discurso me convence, me exhalta".
Si esto os gusta y os parece válido, sabed que ha sido hecho por Uno que se ha arrodillado antes y después, para orar al Ser Infinito sin partes, al que se somete todo el ser, para que se someta también el vuestro, para vuestro bien y Su gloria: su fuerza está en esta humillación.

Si no se debiese hacer nada, salvo por Aquel que es cierto, no se debería hacer nada por la religión, pero no es verdad. Cuantas cosas se hacen por lo incierrto . los viajes por mar, las guerras...Digo, entonces, que no se debería hacer nada en absoluto, porque nada es seguro; y que en la religión hay más certeza que en la increencia, pues no veremos el día de mañana: en efecto, no es cierto que podamos ver el día de mañana, pero es posible que no lo veamos. No podemos decir lo mismo de la religión, no es seguro que sea, pero, ¿quién afirmará que es ciertamente posible que no lo sea?.

Cuando se trabaja para el mañana, para lo incierto, se actúa de modo razonable, porque se necesita trabajar para lo incierto por la regla de probabilidad, que está demostrada. San Agustín afirma que se trabaja por lo incierto, en el mar, en las guerras...y eso que no ha conocido las reglas de la probabilidad, que dicen que esto es así. Montaigne se irrita por un espíritu cojo y que "la personalización lo puede todo", pero no ha sabido el porqué.

Todo el que ha visto los efectos, pero no las causas, se encuentran, respecto de los que no han visto las causas, en la misma condición de los que sólo tienen ojos, respecto de los que tienen, además el intelecto. Los efectos surgen de la mente, este tipo de conocimiento intelectual es, respecto de los que conocen las causas, como los sentidos corporales respecto del intelecto.

Por medio de la probabilidad, debéis encargaros de buscar la verdad, porque, si váis a morir sin adorar al Verdadero Principio, estáis perdidos: "Diréis: pero si quisiese ser adorado me habría hecho saber su voluntad". Y así lo ha hecho, pero lo habéis ignorado. Buscadlo: os conviene.

Probabilidad. Distinta es la manera con la que se necesita vivir en el mundo, según estas suposiciones: 1) de poder vivir siempre. 2) si es cierto que no se vivirá mucho e inseguro sólo una hora. Ésta última hipótesis es nuestra.

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