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Diálogo que es relación

Siempre tenemos necesidad de tomar aire, de respirar profunda e intensamente y de empezar de nuevo. El diálogo con Dios no se consigue en un día ni se completa en un año. Es un diálogo que se comprende y perfecciona cada día en espera de la venida final y personal del Señor.

Necesitamos optar siempre por una elección decisiva de permanecer en diálogo con Dios. Es humano que los entusiasmos se alternen con la valentía, la insatisfacción y por los abatimientos determminados por una serie de causas, principalmente por la insatisfacción del propio esfuerzo personal, por las incógnitas del futuro, por la dureza del camino emprendido, por los obstáculos cotidianos y por los sucesivos fracasos experimentados.

Al entusiasmo, casi inconsciente, le sucede por costumbre el momento de la ponderación que lleva a una mayor tenacidad en seguir el programa señalado o a un repensamiento y, entonces, a un cambio de posiciones más cómodas o conciliadoras. No somos soñadores ni nos hacemos ilusiones. Sabemos que es hermoso escalar la cima, pero que comporta muchos riesgos.

Sabemos que es fructífero explotar una mina, pero conlleva muchos peligros. Y todo lo que es valioso cuesta mucho más. Somos perfectamente conscientes de la dureza del ideal que nos fascina: parecernos a Jesús chocará siempre con nuestra naturaleza rebelde, nuestra carne débil, nuestro espíritu enfermo, nuestra inteligencia nublada, nuestra flaca voluntad, nuestro egoismo e intereses materiales. Para parecernos a Jesús necesitamos "elegirLe" continuamente. No hacerlo comporta nuestra condena.

Para esta configuración se necesita recorrer un camino "estrecho y angosto": un sendero que rechazan los violentos porque conlleva un costo excesivo, incondicional, constante de todas nuestras energias para "intentar" aferrarse a Jesús como Él se aferró a nosotros con anterioridad. Cada cual, en cada instante de su vida, se encuentra ante una elección que afrontar: el camino de Jesús o el nuestro.

Si tenemos como objetivo la perspectiva final de la configuración con Jesús, no hay posibilidad de elección, como no lo sería querer ser matemático, filósofo o músico. nadie ha llegado a ser músico dedicándose a las matemáticas con carácter exclusivo. Cuando la elección entre dos cosas, una mejor que la otra, la elección de la mejor es obligatoria. Y nosotros, al menos en teoría, elegimos la mejor. En teoría, porque con bastante frecuencia, en la práctica, optamos por la peor si ésta es más cómoda.

Jesús es lo mejor, pero si eliges lo mejor, tras haber amado el ideal, se aman los medios adecuados para alcanzar el ideal mismo. Y los medios para optar y conseguir la semenza con Jesús son:
  1. La tenza voluntad.
  2. humildad se sentimientos.
  3. acaridad fervorosa.
Elegimos, sin embargo, lo peor cuando negociamos con Jesús nuestra sed de gloria, de éxito, afecto, comprensión, comodidad, buena vida. Esta opción es muy común y ruidosa. Desaparecerá con nosotros mismos.

Jesús también tuvo que hacer una elección tras la auto-anulación a nivel humano, optó por "agradar siempre al Padre". Eligió lo más difícil: hacerse hombre y morir por nosotros. Nuestra opción debe ser tenaz, concreta, amorosa, porque cada instante o momento de nuestra elección debe ser vivido intensamente, hasta el espasmo, en un profundo apremio de amor como quien quiere correr de plusmarquista.

Una opción tenaz. Es ésta nuestra mayor deficiencia. Nosotros elegimos a Jesús sólo por instantes o momentos: breve tiempo. En aquellos momentos Él actúa sólo instantes en nosotros atrayéndonos fuertemente hacia Sí. Luego basta "nada" para alejarnos de Él, para replegarnos en nosotros mismos y discutirlo todo, desde nuestra vida hasta nuestras acciones, grandes o pequeñas. Es una elección tenaz, constante, casi testaruda, típica de quien, tras una sonora derrota no se riende, sino que se levanta a combatir con mayor esfuerzo meditando en su corazón la venganza contra el enemigo que lo tiene abrumado.

Quien elige a Jesús no puede ser un cómodo. Quien elige a Jesús debe tener el valor de decir "basta" al propio malestar, a los caprichos para arremangarse y ponerse a trabajar, dando, si es preciso, golpes a los propios vicios que están siempre listos para renacer. Necesita tener el ánimo fuerte como el granito y blando como la cera que se derrite con el primer calor.

Una elección concreta, para que el Señor no diga "este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí". Una opción concreta que, más que detenerse a preguntarse lo que debe hacer, obre en el silencio, en la paz, en la humildad, en la alegría, con delicadeza, con puntualidad y precisión. Una elección concreta que lleva a la santificación del momento presente que se está viviendo sin vanagloriarse en sueños de un mañana mejor. Santificar el presente para que sea el instante del contínuo y fuerte grito: Te amo. Una opción de amor: Amor abrumador, impetuoso, desbordante. Amor divino.

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